Virgilio Leret: Una vida al servicio de la República*
– 29
noviembre, 2012
Pedro López
López || Profesor de la Universidad Complutense de Madrid .
Madrid.
Virgilio
Leret tuvo la mala suerte de nacer en España. Mala suerte porque su compromiso
vital le llevó a la muerte demasiado joven; y mala suerte porque, de haber
nacido en Estados Unidos, en Francia, en Alemania, en Italia o en Rusia, sería
una figura reconocida mundialmente. Dos son los motivos para su merecido
reconocimiento: sus horas finales de vida defendiendo con honor una unidad
militar del golpe de estado fascista de 1936, y el hecho de ser el inventor del
primer motor a reacción (“mototurbocompresor de reacción continua”, lo denominó
él), un avance que él no pudo desarrollar al morir tan pronto.
Ambos hechos
deberían ser motivo de orgullo para este país, dejando de lado cualquier
tentación patriotera. Sin embargo, ni cabía esperar el más mínimo
reconocimiento de la miseria moral de los vencedores de 1939, ni la democracia
ha sabido gestionar nuestro pasado como en otros países. Gobiernos “populares”
y gobiernos “socialistas” no han reivindicado ni reconocido a los héroes que
defendieron la República. Los primeros, sin atreverse a condenar el franquismo
con voz audible; los segundos, sin querer molestar a los primeros, cayendo en
el chantaje de “no reabrir heridas” y no refutando el relato franquista de los
“bandos”, de la equidistancia y del “enfrentamiento cainita” que no diferencia
a los que atacaron el gobierno legítimo llevando a cabo un plan de aniquilación
del contrario recurriendo al asesinato masivo, de los que se vieron obligados a
ir a una guerra que no querían pero que tuvieron que hacer para defender la
legalidad.
Virgilio
Leret fue ingeniero, escritor de novelas que firmó con el seudónimo de “El
Caballero del Azul” (existe un documental bajo el título “Virgilio Leret, el
caballero del azul”, dirigido por Mikel Donazar Jaunsaras) y el primer oficial
republicano asesinado por los golpistas de 1936. Ya en 1932, con el intento
fallido del golpe de estado liderado por el general Sanjurjo, Leret dio
muestras de su integridad al mantenerse firme cuando recibió un telegrama
tramposo de este general con el siguiente texto: “Según conversaciones
anteriores, mañana contamos contigo”. El texto, calculado sibilinamente
para implicarle llegado el caso, fue contestado por Leret inmediatamente
enviando al Ministerio de la Guerra y al propio remitente este telegrama: “Ante
requerimiento general Sanjurjo ofrezco con mi tropa adhesión al Gobierno
Constitucional. ¡Viva la República! El Atalayón, Melilla, 9 de Agosto de 1932.”
A continuación, Leret hizo tocar la sirena de la base militar de la que estaba
al mando, sirena que llamaba a oficiales, suboficiales y tropa para dar
cumplida información de lo que está ocurriendo. Varios oficiales no
concurrieron a esa llamada porque, se demostró más tarde, simularon no oírla, buscando
un margen de tiempo que les permitiera saber si el golpe había triunfado o no
para no jugar a carta perdedora. El comportamiento de Leret, fiel sin un ápice
de duda, hizo que fuera víctima de un expediente durante el llamado Bienio
Negro, en un ambiente de “caza de brujas”, y ya se sabe las cazas de brujas
contra quiénes van siempre. Los mismos que apoyaron el golpe de Sanjurjo y más
tarde el de Franco, expedientaron a Leret. Fueron los militares enemigos de la
democracia que más tarde acusaron de rebelión precisamente a los que
defendieron la República, los mismos militares de todos los tiempos que tienen
en su imaginación esa patria de hojalata que invocan continuamente para
traicionar a la democracia.
En 1934, al
oír por la radio que un legionario ha escrito a su superior que “mientras
exista la Legión el comunismo no entrará en España”, estando vigente un decreto
que especificaba la apoliticidad de la milicia, Leret pregunta por escrito a
sus superiores si este decreto ha sido derogado. Pero ya sabemos qué significa
“apolítico” para la derecha: que las opiniones progresistas deben censurarse,
mientras que las reaccionarias tienen barra libre.
Antes (1926)
había estado en la guerra de Marruecos y, al estar de servicio realizando
vuelos y ser responsable de dar la orden de bombardear, temiendo que cayeran
bombas sobre civiles, atrasaba la orden para evitar muertes innecesarias. Su
reflexión al respecto dice mucho de su honestidad: “Puedo ser fusilado
por negarme a una orden en tiempo de guerra, pero, por lo menos, no me someto a
esa hipocresía, esta farsa de firmar leyes y acuerdos que luego los propios
firmantes no cumplen”. Esta reflexión sirve más de ocho décadas más
tarde, cuando los gobiernos en nuestro país firman alegremente acuerdos y
tratados internacionales que no piensan respetar; así, la Convención Contra las
Desapariciones Forzadas entró en vigor el 10 de diciembre de 2010 en nuestro
país, pero está claro que, España, el segundo país del mundo en número de
desaparecidos, no tuvo nunca la menor intención de cumplirla. La derogación de
la Ley de Amnistía de 1977, una auténtica ley de punto final para los crímenes
de guerra y de lesa humanidad cometidos por el franquismo, ha sido denegada
varias veces por los “socialistas” cuando han tenido el gobierno ante las
peticiones del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Ya podemos
imaginar el caso que hará el Partido Popular al respecto.
Cómo su
mujer, Carlota O’Neill, otra figura de gran interés, salvó los planos de su
invento, cómo fue encarcelada durante seis años por ser esposa de Leret, cómo
huyó a Venezuela con sus dos hijas, Carlota y Mariela, es una odisea también
digna de conocerse. Carlota escribió hace años el libro “Una mujer en la guerra
de España”. Y tanto ella como su hija, Carlota Leret, dedicaron su vida
a reivindicar la memoria de su esposo y padre, respectivamente.
En otra
muestra más del desprecio institucional hacia la memoria histórica en nuestro
país, Virgilio Leret, solo tiene una calle en un polígono industrial de Parla
dedicado a inventores españoles. Ni siquiera en Melilla, donde entregó su vida
defendiendo la democracia, han tenido las autoridades locales este gesto más
que merecido.
Antonio Cruz
González, autor de esta biografía, es economista, pero desde hace más de dos
décadas se ha dedicado con pasión a la recuperación de la memoria histórica,
contribuyendo con la web Despage (Desaparecidos de la guerra civil y el exilio
republicano, en http://www.nodo50.org/despage/) y
colaborando con asociaciones memorialistas. También ha publicado los libros
“Las víctimas de Negrín. Reivindicación del POUM” (ed. Sepha) y “Tras las
barricadas. La Revolución de 1909. La Semana Gloriosa” (edición propia).
*
Antonio Cruz González. Ed. El Viejo Topo, 2012
Fuente: www.cronicapopular.es

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