Más lecciones de Gobierno español a Cuba: detiene periodistas e indulta
torturadores
Artículos de
Opinión | Cubainformación TV | 08-12-2012 |
Texto
adaptado:
Gobierno
español sigue dando lecciones de legalidad democrática a Cuba: detiene a
periodistas e indulta a torturadores
Basado en un
texto de Javier Couso en el blog “La pupila insomne” (Cuba).- El guión
represivo del Gobierno español se va representando en pequeños actos, como
mandan los cánones de la manipulación y la propaganda.
Hace unos
meses, el Ministro del Interior anunciaba modificaciones legislativas para
prohibir la filmación de imágenes en las manifestaciones. Hace unos días, en
Sevilla, era detenida una reportera gráfica que cubría una concentración
ciudadana contra los desahucios. Y en la misma semana, el Gobierno español
otorgaba el indulto a cuatro policías condenados por torturas.
Parece que
al régimen español no le parece suficiente que la práctica totalidad de los
medios de comunicación pertenezcan a unos pocos multimillonarios que apuntalan
el sistema en sus dos vertientes de alternancia política.
El régimen
necesita tapar la grieta que supone la posibilidad de informar sobre aspectos
que impactan de una manera muy directa en la conciencia de la ciudadanía, como
es la brutalidad de los cuerpos policiales.
La
persecución de imágenes molestas persigue que esta ciudadanía siga en su sofá,
absorta en las realidades prefabricadas, en el mundo feliz de la liga de fútbol
o los programas del corazón, mecanismos perfectos para el escapismo político y
el control social.
Indulto a
torturadores, detención de periodistas para garantizar la impunidad policial,
impunidad y eliminación de testigos: así es como el Gobierno español, ahora en
su vertiente más derechista y autoritaria, sigue dando lecciones a países tan
necesitados de aprender qué es la “democracia” y la “libertad de prensa” como
Cuba.
Texto
original:
España: no
quieren testigos
Javier Couso- Blog La pupila insomne.- Continúa
la deriva autoritaria del Gobierno con un guión que se va cumpliendo poco a
poco, como mandan los cánones de la manipulación y la propaganda, a pequeñas
dosis, para que nos lo vayamos tragando.
Si hace unos
meses se lanzaba el globo sonda para legislar sobre la prohibición de tomar
imágenes en las manifestaciones, en estos días hemos asistido a un vuelta de
tuerca más: la detención de una reportera gráfica que cubría una
manifestación contra los desahucios.
No es casual
que haya sucedido en el final de una semana en la que el Consejo de Ministros
desafiaba a la judicatura catalana, otorgando un segundo indulto a los cuatro
policías condenados en firme por torturas.
No son
cuestiones vanas, estamos hablando de asuntos que afectan a pilares básicos del
ordenamiento con el que se organiza esta democracia parlamentaria salida de la
Constitución de 1978: Tortura, Impunidad y Derecho a la Información. Ni más ni
menos.
Por un lado
tenemos el mencionado doble indulto que garantiza la impunidad de unos sádicos
torturadores que maltrataron a un pobre hombre sin motivación política alguna.
De nuevo la violencia policial gratuita que nos retrotrae a los estremecedores
datos que se recogían en los informes que afectaban a nuestro país, como el
elaborado por el Relator Especial de la ONU sobre la cuestión de
la tortura, Theo van Boven, o el de AI «Sangre en la herida» . Algo que produce terror
cuando el propio Gobierno, en vez de corregir estas prácticas, garantiza la
acción de los maltratadores al ampararles en sus fechorías, situándose por
encima del Poder Judicial.
Por otro
lado, mientras se amaga con la prohibición de la toma de imágenes ciudadanas,
se dificulta el trabajo de los reporteros, con agresiones y rotura de material
de trabajo, y se traspasa la delgada línea roja con la detención de una
periodista en Sevilla.
No les
parece suficiente que la práctica totalidad de los medios pertenezcan a unas
pocas manos de acaudalados que defienden las mismas políticas neoliberales que
practican los partidos de alternancia. Necesitan tapar la grieta que supone la
posibilidad de recoger y difundir las cuestionables operaciones de unas
Unidades de Intervención Policial que actúan indiscriminada y brutalmente, como
hemos visto tantas veces en los últimos años.
De ahí su
obsesión por controlar la información. Al igual que en la guerra, en definitiva
la política por otros medios, la pérdida del control informativo y la
visualización por la mayoría de la verdadera dureza de un Régimen que necesita
cada vez más la fuerza para imponerse, puede hacer que desaparezca el consenso
acrítico e inmovilista sobre el que se asienta todo el tinglado.
Sé que a
muchos les molesta que pongamos el acento en los periodistas, tanto aquí como
en los conflictos, pero creo que su persecución es un ataque que afecta a toda
la sociedad pues lleva en su germen la intención de cegarnos.
Hay imágenes
que, amplificadas por las redes, traspasan la autocensura de los grandes medios
y llegan sin editar a una mayoría social que habita normalmente en la inopia
del fútbol o el cotilleo, desmontando con la crudeza de la realidad el más
elaborado de los discursos.
Cuando el
pueblo es reprimido, apaleado, multado y detenido, no es que sea más importante
una reportera, como no vale más un cámara muerto en Gaza que los cientos de
palestinos asesinados, pero su persecución se produce para que no sepamos, para
que no veamos, para que sigamos en el sofá absortos en las realidades
prefabricadas.
La creación
del relato por medio del binomio “información controlada-industria cultural de
masas”, consigue realidades y sueños a su medida. Solo la verdad y su difusión
pone las cosas en su sitio.
No podemos
perder la batalla de la información como no podemos perder la pelea por el
castigo a los torturadores.
Sin
relatores, sin pruebas y con torturadores impunes, perdemos la guerra.

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