Artículos de Opinión
| Alfonso J. Palacios Echeverría* | 22-09-2013 |
Teóricamente los
medios sirven a muchos fines y desempeñan diversas funciones. Teóricamente –insisto-
el papel principal de los medios de comunicación estriba en reproducir una
visión de la realidad, en producir una ciudadanía crítica e informada. Sin
embargo, como está configurada la organización de la comunicación en nuestro
país se puede caer en la tentación de querer instrumentalizar los medios para
crear el clima de opinión que algunas minorías pretendan imponer que llegue a
los ciudadanos.
Este es un tema que
las personas deseosas de estar bien informadas deben tener muy en cuenta, pues
la sospecha, muchas veces confirmada, de la manipulación de la información por
medios de comunicación (incluyendo agencias noticiosas que alimentan a los
medios) deforma sustancialmente el mensaje, con intenciones de que los lectores
de quienes consumen los noticiarios televisivos, piensen, sientan y crean lo
que se les dice.
En la actualidad,
como menciona Fredesvinda Issa, el consumo de los medios de comunicación, sobre
todo TV, constituye un componente fijo de la vida cotidiana en la mayoría de
las sociedades. En nuestra sociedad la TV se configura como uno de los
elementos hegemónicos en la formación de opiniones y estereotipos de los
ciudadanos. A esta cultura pertenecen el trato diario con los medios y sus
contenidos, la forma de pensar y de sentir determinada por ellos, al igual que
los hábitos de leer, oír y ver, de consumo y comunicación, las modas y una
buena parte del lenguaje.
A mitad de los años
setenta, Herbert Schiller escribía The Mind Managers, una obra que se
adelantaba a su tiempo al analizar los mecanismos utilizados por los medios de
comunicación para manipular a la opinión pública. El análisis del escritor
estadounidense no puede estar más de actualidad. Treinta y tantos años después,
los procesos de concentración y transnacionalización han convertido a la
comunicación y la información en negocios seguros, por sus beneficios y por su
capacidad de influir sobre la población mundial.
Una sociedad
globalizada en términos económicos, es una sociedad uniformada en términos
culturales e informativos. No es nuevo esto que decimos. De hecho, cuando en
los ochenta se produjo el intento de establecer un Nuevo Orden Económico
Internacional, venía ineludiblemente asociado a la creación también de un Nuevo
Orden Mundial de la Información y la Comunicación. Se ponía así de manifiesto
que la hegemonía de una élite de naciones sobre el resto no era sólo una
cuestión económica, sino que estaba produciendo al mismo tiempo desigualdades
en el acceso y distribución de contenidos.
Desde entonces,
estas condiciones no han mejorado, sino que se han agudizado con la
complacencia de un sistema que se autolegitima a través de los medios de
comunicación. No es el único mecanismo utilizado. En realidad, las propias
reglas de la dinámica capitalista neoliberal ayudan a que los medios sean, en
ocasiones, el refugio en el que descansar. En otras, facilitan la comprensión
de un solo modo de ver el mundo, el único posible, que convierte en extraño al
pensamiento alternativo. En ambos casos, la definición de los mensajes se
encuentra perfectamente estructurada para plantear pocas dudas al sistema,
fomentar su supervivencia a través del consumo y relajar las mentes sobre el
cómodo diván del entretenimiento.
Por otro lado,
existe la demonización sistemática de todos aquellos medios que llamamos” de
izquierda”, contra los cuales se desarrolla una campaña sistemática de
desprestigio, de restarles credibilidad, y en algunos casos hasta de
intervención electrónica de los mismos para que no sean accesados por las
personas que desearan hacerlo.
En esta tarea,
resulta especialmente interesante el análisis de la capa superficial de los
contenidos, empeñados en demostrar valores como libertad, pluralismo e
independencia. Hablan así de la prensa como el cuarto poder, rechazan que
exista cualquier posibilidad de censura en las democracias actuales y venden el
espejismo de unas sociedades en libertad.
En la actualidad, el
panorama mediático nos muestra una maraña de empresas de la comunicación al
servicio de un mismo interés: el sistema de economía de mercado. Por eso,
aunque podamos descubrir tendencias políticas en muchos medios de comunicación,
mantenemos la tesis de que la verdadera ideología dominante en dichos medios se
alinea con las bases sobre las que se asienta el capitalismo neoliberal.
Si queremos entender
todo esto en sentido práctico, sólo tendremos que detenernos en el estudio que
la propia realidad periodística nos muestra a diario. Nos referimos, de manera
concreta, a la cantidad de noticias de las que se hacen eco los propios medios
de comunicación locales y que constituyen la mejor prueba de las complejas
relaciones que se establecen en la estructura informativa. Descubrimos así la
imposibilidad de entender los medios como empresas aisladas que asumen su
función pública como tarea prioritaria. Más allá de esto, los intereses y las
relaciones entre las grandes corporaciones del sector, y de otras industrias,
se nos revelan como elementos claves para comprender el sometimiento
informativo a la ideología neoliberal.
El poder mediático
en el mundo se encuentra así en manos de unas corporaciones con intereses
dentro y fuera de la comunicación que, además, es entendida no como servicio
público, sino como negocio generador de beneficios. Esta realidad social
contemporánea es fruto de un avance capitalista precipitado tras la Segunda
Guerra mundial, que ha supuesto un reparto informativo del mundo que se
corresponde con el político y económico. Se trata de una segunda ola en el
proceso de globalización, donde se ha impuesto una única forma de pensamiento.
Ignacio Ramonet, en
su obra La Tiranía de la Comunicación , señala lo siguiente: grupos más
potentes que los Estados llevan a cabo una razia sobre el bien más precioso de
las democracias: la información. ¿Tratan de imponer su ley al mundo entero o,
por el contrario, desean abrir un nuevo espacio de libertad para el ciudadano?
Ni Ted Turner, de la CNN; ni Rupert Murdoch, de News Corporation Limited; ni
Bill Gates, de Microsoft; ni otras tantas decenas de nuevos amos del mundo, han
sometido jamás sus proyectos al sufragio universal. La democracia no se ha
hecho para ellos. (...) No tienen tiempo que perder, sus productos y sus ideas
atraviesan sin obstáculos las fronteras de un mercado globalizado. (...)
Procedentes (una vez más) de Estados Unidos, pero alegremente retomadas por los
europeos, estas nuevas prédicas sirven a los intereses del capitalismo mundial.
De esta manera, en
el terreno informativo, también hay unas empresas que dominan el mundo y que se
sitúan en la zona desarrollada del planeta. Es así como comprobamos que los
seis grandes grupos de comunicación en el mundo son norteamericanos y europeos,
y que extienden su área de influencia más allá de sus fronteras contribuyendo a
difundir un flujo informativo que conecta con sus intereses occidentales.
Asentados como una
parte más del poder económico, estos grupos cuentan además con el beneplácito y
la manga ancha de una élite política que los protege y los ampara. En
apariencia se hablará de pluralismo, pero en la práctica se desregulará el mercado
para proseguir con las concentraciones y el ritmo cada vez más salvaje en el
sector. El buen entendimiento entre los elementos políticos, económicos y
mediáticos permitirá, además, el intercambios de favores. Y detrás de ello está
el objetivo: lograr un control social que permita la implantación e
implementación de los principios rectores del neoliberalismo: concentración,
desregulación, explotación, abandono de lo social por excesiva atención a lo
económico, el control financiero mundial.
El elemento
primordial del control social, es la estrategia de la distracción consistente
en desviar la atención del público de los problemas importantes y de las
mutaciones decididas por las élites políticas y económicas, mediante la técnica
del diluvio o inundación continua de distracciones y de informaciones
insignificantes .
La estrategia de la
distracción es igualmente indispensable para impedir al público de interesarse
a conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la
psicología, la neurobiología y de la cibernética , por ejemplo. El lema sería:
"Mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos
problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener el
publico ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a
la granja con los otros animales."
Con estas
reflexiones puede ahora Usted entender por qué los canales de televisión que
mira por cable en nuestro país, por ejemplo, llevan porcentajes altísimos de
farándula, deportes y programas infantiles, y en proporciones menores,
noticias, temas religiosos, y aquellos que someten a los televidentes a una
terapia continua de aceptación de la violencia: actuaciones policiales,
asesinatos, temas esotéricos (que incluyen vampiros, zombis, muertos vivos,
extraterrestres y otras marrumancias) y cosas así.
De allí la
importancia de los medios electrónicos independientes de comunicación. Pero no
seamos ingenuos. Diversos grupos cayeron en cuenta de la influencia que dichos
medios adquirían en el mundo moderno, sobre todo después del movimiento de “los
indignados” (que luego se transformaron en los apaleados, desahuciados, sin
trabajo y otras linduras) y han desarrollado toda una estrategia que incluye,
desde crear medios electrónicos dizque independientes a través de los cuales
continuar con sus acciones desinformativas, o apoderarse de los ya existentes
mediante arreglos financieros que aseguren la existencia del medio.
Resulta triste y
desesperanzador lo mencionado, pero es la realidad. Tuvimos en nuestro país –a
pequeña escala- un ejemplo evidente de manipulación, desinformación y manejo de
la opinión pública, cuando el gobierno liberacionista de Oscar Arias utilizó
los medios locales e internacionales (CNN) para engañar al pueblo y hacerlo
votar a favor de la aprobación del TLC con los EE.UU. Hemos tenido durante este
gobierno muchas pruebas –aunque un poco más chapuceras y vulgares- del manejo
de la información por parte de la presidencia de la república: sobre lo
relacionado con concesiones, protección de corruptos, contratos para la
creación de obra o realización de servicios, ocultamiento de realidades que
lindan en lo ilegal y que definitivamente han sido anti éticas, aunque algunas
han sido evidentemente ilegales.
De allí la
importancia de que, aquellos que regularmente consultan los medios electrónicos
independientes, los verdaderamente independientes, porque algunos no lo son
tanto, realicen una campaña de convencimiento hacia otras personas para que los
ubiquen, los lean, obtengan otros puntos de vista diferentes a los “oficiales”
localmente o los “maquillados” internacionalmente. Esto es importante para que
un número creciente de personas pensantes se sumen al grupo de los que
cuestionarán en las próximas elecciones la marejada de mentiras, falsas promesas,
chantajes emocionales e intelectuales, ocultamientos de realidades, y las
campañas de creación de “imagen” de candidatos que –como todos sabemos- son
parte de la mafiocracia que nos ha gobernado en los últimos decenios.
*Alfonso J. Palacios
Echeverría es periodista y bloguero residente en Costa Rica.
Fuente: Rebelión

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