Artículos de Opinión | Xavier Caño Tamayo | 22-09-2013 |
A partir de
los años 60, en España unos cuantos aprovechados, en íntimo contubernio con la
dictadura franquista, se enriquecieron velozmente con la acelerada construcción
de miles de enormes, desangelados y feos bloques de pisos en las grandes
ciudades. Millones de viviendas mediocres para ser habitadas por millones que,
huyendo de pobreza y hambre de todas las regiones del Estado, emigraban a
Cataluña, Madrid y País Vasco, sobre todo. Décadas después, otro lodazal de
especulación y corrupción inmobiliarias se reinstaló en el reino de España. A
las construcciones masivas de edificios de viviendas de antaño se unió el ataque
contra las costas, concentraciones turístico-estivales, proliferación de campos
de golf y de puertos deportivos. Escenario fértil para la corrupción.
Según escribe
Carlos Sánchez, “no hay presidente de comunidad autónoma que no haya creado una
red clientelar a su alrededor con empresarios locales que han comido y bebido
de forma copiosa del presupuesto. Es el origen de la corrupción
político-económica en España: élites locales que han engrasado el sistema de
partidos para ganar concursos y concesiones públicas”.
Así es. Los
tribunales españoles investigan hoy 1 661 casos de corrupción política y
financiera y más de 300 políticos profesionales españoles están actualmente
imputados por presunta corrupción. Según el Barómetro Global de la Corrupción
2013 de Transparency International, el 86% de españoles considera corrupto este
país
The New York
Times publicó un extenso artículo sobre la corrupción en España, donde afirma
que los jueces españoles investigan a unos 1 000 políticos (desde concejales y
alcaldes, consejeros y altos cargos autonómicos a exministros del Gobierno). La
connivencia entre élites políticas y empresariales es cada vez mayor en España
según Pascual-Ramsay en Financial Times. Friedrich Schneider, de la Universidad
Johannes Kepler de Linz, afirma que la corrupción en España es un “1% del PIB”.
En realidad, los casos de corrupción que aparecen en los medios desde hace años
no son solo la actuación de individuos sinvergüenzas, son tramas de saqueo
económico de alcance estructural.
Pero la corrupción
no afecta solo al Reino de España. El Banco Mundial considera que la corrupción
supone del 0,5% al 2% de la riqueza nacional en los países de la OCDE, los 30
más desarrollados del mundo. Y la Comisión Europea calcula que la corrupción
cuesta a Europa 120 000 millones de euros anuales: 1,1% de su riqueza.
Curiosamente,
Transparency International, organización global contra la corrupción, olvida en
sus informes que hay corrompidos y corruptores. Denuncia a muchos corrompidos
en África, Asia y Latinoamérica, pero ignora que grandes empresas y
corporaciones de Estados Unidos y de la Unión Europea sobornan en esos países
para obtener más beneficios. No hay corrupción sin corruptores.
Y es que la
corrupción está incrustada en el corazón del sistema. Hasta hace un tiempo, por
ejemplo, en Francia las empresas podían deducir fiscalmente el pago de sobornos
de funcionarios o políticos de otros países. Y en Alemania, pagar sobornos en
el extranjero era deducible de los impuestos como gastos empresariales, hasta hace
cinco años. La presión de la ONU hizo desaparecer tal indignidad.
La lista de
grandes casos de corrupción en Estados Unidos y Europa es larga. Los broches
podrían ser un Berlusconi promulgando leyes de inmunidad para evitar sus
condenas por corrupción o que en Alemania directivos y ejecutivos de casi todas
las grandes corporaciones se hayan sentado en el banquillo de los acusados en
los últimos años. Cajas ocultas, dinero negro, sobornos, engaño organizado,
estafas, manipulaciones contables… Una veintena de corporaciones empresariales
alemanas han estado o están en el punto de mira por manipulación y fraude.
Es curioso,
porque el FMI y el Banco Mundial prometían en sus informes de los años 80 que
la privatización de lo público (que amenazaba ya a medio mundo) suprimiría la
corrupción. Pero ha sido justamente lo contrario. Marx tenía razón al escribir
que “todas las naciones capitalistas abrazan periódicamente el fraude,
pretendiendo ganar dinero sin producir”. Según Denis Robert, periodista de
investigación financiera, este sistema económico-financiero está viciado de
raíz y no hay voluntad real de eliminar la corrupción. A los hechos me remito.
Para abundar en la cuestión, podríamos echar un vistazo al oscuro mundo de los
paraísos fiscales, del fraude fiscal sistemático, del blanqueo de dinero sucio
en plan industrial… Corrupción es mucho más que lo que denuncia Transparency
International y ocupa las portadas de los periódicos. Es el sistema capitalista
el que está ya definitivamente corrompido.
Fuente: Mercurio Digital

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