19 septiembre 2013
David Torres
En España existe una
Fundación Francisco Franco igual que en Gran Bretaña hay asociaciones de fans
de Jack el Destripador. Creía, iluso de mí, que eran gente nostálgica que se
reunía para intercambiar cromos y estampitas y educar a los chavalines de bien
en el difícil arte de ser español de pro, del mismo modo que los ripperólogos
comentan al ralentí las mejores cuchilladas de Jack. Pero ayer se me ocurrió
echar un vistazo al sitio web de la
fundación y me quedé estupefacto al comprobar que una página de
internet puede corporeizar al mismo tiempo la tinta lóbrega de una portada de
El Alcázar y las estanterías de ese bar de Despeñaperros donde la jeta lechona
del Caudillo adorna etiquetas de botellas de vino peleón. Deberían darles un
premio de diseño o algo. Hasta vendían participaciones de lotería de Navidad
estampadas con un photoshop de Paquito en que, si le sacan más cara de
bueno, ponen directamente a Cantinflas.
El caso es que desde
esta plataforma geológica no sólo se dedican a la exaltación del fascismo en su
forma más longeva y exitosa, sino que últimamente también reclaman la
intervención del Ejército para impedir un fenómeno que ellos llaman “la deriva
de España”, que debe de ser como la deriva continental pero circunscrita a los
Pirineos y al valle del Ebro. La tectónica de placas aplicada a Cataluña y
evitada a base de tricornios. No sé si se puede hacer un llamamiento más
inequívoco a un golpe de estado militar, a lo mejor sí, pero lo mismo habría
que sacar los tanques a la calle y vestir otra vez a Tejero de cogollito.
Sospecho que este
conato de levantamiento al orden constitucional, esta declaración unilateral de
guerra, va a quedarse sin respuesta de las instituciones. Hace mucho tiempo que
a los franquistas recalcitrantes nos lo tomamos a broma, como si fueran un
montón de abueletes chalados en un desván del manicomio, una molesta dermatitis
que de cuando en cuando pica un poco en lugar de un melanoma en toda regla. Por
la web pululan también órganos de
extrema derecha donde, sin ningún pudor, denominan a Europa
“Eurabia” y dicen cosas como que Hitler se quedó corto en su cruzada de
exterminio. En cualquier país serio hace ya tiempo que hubieran fumigado estas
cloacas pero, evidentemente, un país que tiene una fundación dedicada a la
memoria de un dictador genocida no es un país serio.
El
asalto a la librería Blanquerna por una banda de macacos (y su casi inmediata
puesta en libertad) no es tan preocupante como el hecho de que, por primera vez
en muchos años, una facción ultra salga del armario para declarar abiertamente
su ideología nazi y que sus líderes hablen sin complejos de la identidad racial de España. Identidad racial, ojo. La
cosa no sólo preocupa a diversas asociaciones de integración musulmana y de
amistad judía, sino incluso a diversos sectores de Falange, que ven que se
están quedando sin nicho de mercado por lilas y blandengues. No nos va a quedar
más remedio que comprar lotería del Caudillo, a ver si hay suerte y Fabra deja
algún premio.
Fuente:
www.publico.es

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