– 09 septiembre, 2013
Mirta Núñez Díaz-Balart
Historiadora.
Profesora titular de Historia de la Comunicación Social, en la Universidad Complutense de
Madrid y Directora de la Cátedra de la Memoria Histórica del siglo
XX.
Directiva de AMESDE
Título:
Largo Caballero
Autor: Julio Aróstegui
Editorial:Debate, Madrid 2012
Autor: Julio Aróstegui
Editorial:Debate, Madrid 2012
Desentrañar
el último libro de un gran historiador como fue Julio Aróstegui (Granada,
1939 – Madrid, 28 de enero de 2013), cuyo fallecimiento está aún muy reciente,
es una tarea hermosa y dolorosa. La envergadura del trabajo realizado en este
libro es inmensa, casi mil páginas, con notas y bibliografía incluidas, lo que
la convierte en una de sus grandes obras, a la que dedicó treinta años. La
figura elegida para un trabajo tan exhaustivo es Francisco Largo Caballero,
líder socialista y sindicalista, que marcará la historia del movimiento obrero
español de forma indeleble.
El
lector se encontrará a través de sus páginas no sólo con su minucioso
desentrañamiento de su figura política. También cruza con él los numerosos
caminos históricos que implican la vida colectiva de acción pública de nuestro
país.
Desde
sus primeras páginas, se lee la historia del Madrid menestral de su infancia,
entre los finales de siglo XIX e inicios del XX., dentro de un urbanismo social
que ha transformado a los entonces barrios proletarios, en territorio de clases
medias madrileñas, como Chamberí o Dehesa de la Villa. A la edad de siete años,
como buen niño proletario, Francisco Largo Caballero inicia su andadura
laboral a salto de mata entre diversos oficios desde el más bajo escalafón
laboral. El aprendizaje laboral va en paralelo a “la toma de conciencia…en el
seno de la progresiva percepción de las relaciones sociales” (p.55), según las
palabras del autor de esta biografía. Con este primer conocimiento de su
persona nos encontramos con que “Largo Caballero nunca fue un obrero
ilustrado”, (p.59) una expresión más de un proletariado con un bajo nivel de
instrucción o analfabeto, muy alejado de la clase obrera de los países
industriales donde sí había progresado la universalización de la educación
básica.
Con Largo Caballero se cuentan las vértebras del movimiento obrero
en España, su evolución interna y su acción política externa
La
depauperada situación de los obreros en ese y otros ámbitos, le llevó a una
lucha sin pausa que incluía la mejora de la asistencia sanitaria. La
inauguración de la “clínica operatoria” de la Mutualidad Obrera, de la calle
Eloy Gonzalo, también en Chamberí, le enorgullecía especialmente. Si la viera
hoy dentro del sistema sanitario público pero sin recuerdo alguno de ello,
tendría ese sabor agridulce que tanto nos acompaña en la desmemoriada España de
nuestros días.
La
lucha por las reformas sociales, presente en el Instituto que toma dicho nombre
al despertar el siglo XX, abrió el telón institucional a la realidad de la vida
de los trabajadores. De su experiencia saldría el primer salto a la vida
municipal, que le incorporaría a una concejalía del Ayuntamiento de
Madrid, en 1905, como representante del distrito donde siempre había vivido.
Los lazos familiares que le acompañan en esta andadura vital señalan una
unión con un descendiente y un matrimonio con cuatro hijos.
LAS VÉRTEBRAS DEL MOVIMIENTO OBRERO ESPAÑOL
Con
Largo Caballero se cuentan las vértebras del movimiento obrero en España, su
evolución interna y su acción política externa. En uno de sus primeros
momentos, contra la guerra de Marruecos y lo que la envolvía. La aberrante
redención en metálico que dejaba la obligación de las armas sólo para los
pobres y contra los negocios “de alcurnia”, como eran los traslados marítimos
de tropa con la Compañía Transmediterránea. En esa lucha deslinda su territorio
político respecto al creciente republicanismo urbano y artesano.
Julio
Aróstegui se detiene en el duro enfrentamiento entre una socialdemocracia de la
que participa, que ya se había aposentado en la Segunda Internacional y la
recién nacida Tercera. La conmoción provocada por la Primera Guerra Mundial,
cuyas ondas van mucho más allá de los países beligerantes, obliga a posicionarse
a cada una de las “secciones” (países). En ello, Largo Caballero defiende la
senda de Pablo Iglesias, desechando la firma de las 21 condiciones de
Moscú.
Una
de las sorpresas y logros que nos depara esta investigación es el derribo de
uno de los tópicos más recurrentes respecto a Francisco Largo Caballero. La
calificación de el “Lenin español”, según el autor, no se corresponde con una
trayectoria ideológica de radicalismo por parte de Largo Caballero, sino de
pragmatismo: “Yo he sido siempre un hombre caracterizado en la organización
como reformista (…) Me avergonzaría de hacer declaraciones revolucionarias y
luego actuar como oportunista o arribista”(p. 156).
La calificación del “Lenin español”, según Aróstegui, no se
corresponde con una trayectoria ideológica de radicalismo por parte de Largo
Caballero, sino de pragmatismo
Sólo
así podemos entender al Largo Caballero posterior, el que interviene en primera
línea política en la República Entretanto, su acción política hacia el
interior de la organización socialista, le permite mantener un liderazgo con la
capacidad de lidiar entre las corrientes internas del partido, tanto en el
ámbito sindical como de la organización. Besteiro, Prieto y Largo Caballero (y
el Dr. Negrín, a partir de la guerra) son las tres grandes líneas políticas que
van a determinar la vida socialista hasta bien entrados los años 40. Aróstegui
lo establece taxativamente: “(…) nunca hubo en las filas socialistas y, por
tanto, tampoco en las del caballerismo, una verdadera «teoría» de la
revolución. La orientación absolutamente pragmática, la «táctica», no se
detendría ante la práctica oportunista y cuidaría siempre de la potenciación y
preservación sistemática de la «organización»” (p.160)
Las
sinuosidades de la táctica del Partido Socialista y de la UGT es lo que lleva a
la organización a una colaboración con la dictadura de Primo de Rivera, de la
que no se sacude hasta 1928. La dinámica de colaboración a cambio de mejoras
para la clase obrera sólo se rompería con cuando se inicia “el proyecto de una
Asamblea Consultiva y una nueva Constitución cercana al corporativismo
fascista”(p.205)
REPÚBLICA BURGUESA O REVOLUCIÓN SOCIAL
Un
estudio somero nos llevaría a pensar la reivindicación de la República como
algo inherente al movimiento obrero y, sin embargo, fue uno de los
objetivos más debatidos en su seno.
La
construcción de una alternativa en solitario o en conjunción con otras fuerzas
recreó constantemente los debates que determinaron el rompimiento con la
Dictadura. La consideración de que el apoyo a un cambio de régimen que trajera
la República con una democracia burguesa, era un camino para un gobierno
obrero. Luego, el camino ideológico para llegar a lo que Caballero expuso en
1933, “ser socialista es ser republicano. Porque no puede haber socialismo sin
República” (p.215), fue abrupto.
Largo Caballero asume encabezar el primer gobierno de Frente
Popular. Cuando los rebeldes estaban a las puertas de Madrid, bombardeada de
forma inmisericorde, toma una decisión (nunca en solitario, siempre en relación
con las restantes fuerzas) de cambiar el modelo de defensa: ni retorno a un
ejército regular tradicional, ni ejército de voluntarios, sino ejército popular
regular
Los
republicanos como partidos eran compañeros de viaje o competidores ante un
electorado con elementos comunes y la República, como sistema, era cuestionable
en tanto burguesa. Esta contradicción se resuelve en el discurso socialista.
Entre “los trabajadores no deben hacer otra revolución que la suya” y el “es
preciso subir el primer escalón (la democracia burguesa) para llegar al
último (el gobierno del proletariado)” (217) dio como resultado una “República
de trabajadores”, tal como reza el primer artículo de la constitución
republicana de 1931, fruto de la elaboración de todas las fuerzas
antimonárquicas en el poder.
En
ese camino corto pero intenso, quedaba atrás el gran fiasco de la huelga
general del 15 de diciembre de 1930, que no desechó una sublevación militar
para derribar la monarquía. El fracaso condujo al Comité Revolucionario que
fraguaba la revolución política a la cárcel, pero aquello no fue más que una
piedra en el camino. La República del 14 de abril llegó limpia de hipotecas
militares y de cualquier derramamiento de sangre, por la vía democrática y con
un indiscutible apoyo popular.
Aróstegui
lleva con gran precisión el pulso de discusiones en los organismos internos del
sindicato y del partido, la intervención de distintas personalidades, algunas
absolutamente periclitadas para el gran público como la de Gabriel Morón, y la
relevancia de la prensa como altavoz de estas polémicas y sus inherentes
debates.
Cuando
el concepto de reforma no iba acompañado de otra explicación que no fuera un
cambio trascendental para los trabajadores, la coparticipación en el primer
gobierno de la Segunda República produce una legislación en cascada que
revoluciona la vida de los trabajadores: los Comités Paritarios entre
trabajadores y propietarios, incluso en la agricultura, las leyes sobre
Cooperativas, el Seguro de Maternidad y toda una batería de medidas en
favor de un mundo del trabajo donde el trabajador tuviese capacidad decisoria
sobre la producción, lo que se llamaba “control obrero”, volviendo a las
raíces socialistas más puras. Fue esa obra realizada desde el ministerio de
Trabajo caballerista y torpedeada en todo lo que pudo desde la derecha, la que
lleva al abandono de la coalición del primer Gobierno republicano.
En
el terreno interno, la salida o permanencia de los ministros socialistas centra
un debate que queda oscurecido con el drama de Casas Viejas, uno de los
primeros grandes artificios propagandísticos de la derecha que se fabrica desde
Prensa Española (ABC y Blanco y Negro) y que contribuye al
descrédito de la República y de Manuel Azaña, en particular. La obra publicada
por Tano Ramos, El caso Casas Viejas. Crónica de una insidia (1933-1936),
Barcelona, Tusquets, 2012, obtuvo el merecido XXIV Premio Comillas y
revoluciona las interpretaciones de lo sucedido.
La
subsiguiente crisis de Gobierno determinó la convocatoria de elecciones
legislativas ante la cual, según Aróstegui, “una preocupación fundamental fue
la de destacar que su obra (Largo) no estaba terminada (p.327). Es en este
periodo en el que se empiezan a oír las vivas al “Lenin español”. En este punto,
Aróstegui polemiza con el profesor Juan Francisco Fuentes, autor de una
magnífica biografía de Caballero que le precede (Largo Caballero, el Lenin
español, Madrid, Síntesis, 2005). El autor rechaza la utilización del
apelativo sin profundizar en lo dicho, hecho y escrito realmente por el
personaje. Para ahondar en ello, el profesor Aróstegui no deja de señalar a
Marta Bizcarrondo, como la autora de un espléndido trabajo historiográfico
sobre la estrategia socialista durante la Segunda República.
La
participación del Partido Socialista en la revolución de octubre de 1934 se
plantea como el recurso a una quimera insurreccional para impedir el avance del
fascismo hacia el poder político. En el marco internacional, a lo largo de
1933, se había definido el nuevo statu quo internacional, que determinó la
suerte de la España democrática. El triunfo electoral de Hitler modificaba la
correlación de fuerzas en el escenario europeo. Una vez más, Largo Caballero
acabaría en la Cárcel Modelo donde habría más de una reunión de la Ejecutiva de
las organizaciones socialistas. Lo ocurrido en Asturias vuelve a poner en
primera fila, la necesidad de unidad de las fuerzas obreras y burguesas dentro
de una alianza electoral, cuyo fruto se verá en la convocatoria de las elecciones
de 16 de febrero de 1936.
LOS QUE ROMPEN LA BARAJA DE LA DEMOCRACIA
Tras
la victoria del Frente Popular, resulta sorprendente descubrir la intensa vida
partidaria en los meses previos al golpe militar. Mientras, los sediciosos
desarrollaban sus lazos bajo sordina pero de manera ininterrumpida. En estos
meses se ve la dificultad del Largo Caballero director de las masas obreras
afiliadas al socialismo, frente al hombre de Estado que tiene que dilucidar si
forma o no parte del gobierno de la Nación y si ello conllevaría la
renuncia de los objetivos sociales que la derecha consideraba una provocación.
Las
consideraciones finales llevaron a los socialistas a no participar en el
gobierno Giral, que quedó aún más debilitado en una circunstancia crítica. Sólo
la caída previsible de la capital de la Nación ante los rebeldes, llevó a una
reconsideración total de la política y – ahora sí – promover un gobierno real
de Frente Popular, que asumirá el poder el 4 de septiembre de 1936, al que se
sumarán dos meses más tarde, los ministros anarcosindicalistas. Algo que
Aróstegui considera que este “viraje de la organización anarquista hacia la
plena colaboración política, nunca fue entendido por las masas confederales”.
Largo
Caballero actúa de manera contundente ante la urgencia de la situación y asume
encabezar el primer gobierno de Frente Popular. En el terreno de la defensa,
cuando los rebeldes estaban a las puertas de Madrid, bombardeada de forma
inmisericorde bajo sus órdenes, toma una decisión (nunca en solitario, siempre
en relación con las restantes fuerzas) de cambiar el modelo de defensa: ni
retorno a un ejército regular tradicional, ni ejército de voluntarios, sino
ejército popular regular.
Estas
decisiones tan controvertidas fueron consultadas y autorizadas por la Comisión
Ejecutiva del Partido Socialista. Aróstegui acude a las “Notas Históricas”,
firmadas por Largo Caballero, para zanjar la controversia en torno a ello, en
las que subraya que “por los motivos que fuesen estuvieron conformes con todo”.
Es el Gobierno de Largo Caballero y no el del Dr. Negrín, quien inicia la
centralización de la autoridad del Estado, desmoronada por el golpe militar y
la reconstrucción de un ejército regular de nuevo cuño – quizás de fusión –
donde estaba presente la figura del comisario político.
La
primavera de 1937 y su crisis de gobierno es la que determina el último fulgor
de poder de Largo Caballero. Para Aróstegui, de ahí partió su derrota política
personal y de su corriente que quedó fuera, lenta pero inexorablemente, de
todos los bastiones de poder, salvo la Asociación Socialista Madrileña.
Aróstegui
explica la insurrección armada en la retaguardia barcelonesa ocurrido por la
minusvaloración que hizo de los asuntos de Cataluña Largo Caballero, que
consideró que “era un simple problema de orden público, cosa de la Generalidad
(…)”. En el trasfondo estaba, según el propio Azaña, los abusos e
insubordinaciones del máximo órgano de gobierno catalán. Una vez consumado el
conflicto armado, Aróstegui interpreta que Largo Caballero reacciona
tardíamente sin que pareciera entender la gravedad de la situación” (p. 583)
porque se encontraba sumergido en los preparativos de la proyectada ofensiva de
Extremadura.
LA SOLUCION REPUBLICANA, PRINCIPAL MENTORA DE NEGRÍN
Tras
lo ocurrido, existe una nueva relación entre las fuerzas políticas y sindicales
y la estrella política del Dr. Juan Negrín, sale reforzada. El que fuera su
correligionario no deja de recibir denuestos de Largo Caballero, que le
califica de “cínico consumado”. Tampoco Azaña se libra de calificativos
negativos y se refiere a él, en varias ocasiones, como “consumido por el
miedo”. La innegable “nueva situación nacional e internacional le deja al
margen. La Unión Soviética, única proveedora de armas de la República, no es la
que promueve el ascenso de Negrín. Aróstegui aporta con claridad determinante,
que es la “solución republicana” la que se convierte en principal mentora de
Negrín (p.610) con el apoyo de los comunistas, pero no únicamente por ellos.
La
derrota militar de la República dejó un escenario de tragedia griega que
incluyó a sus protagonistas de primera fila, como Largo Caballero, pero también
para todos y cada uno de los que, en alguna medida, participaron de su vida.
Largo Caballero afirmaba con estas palabras “¡qué amargo iba a ser el pan de la
emigración para alguno de nosotros”!
Entre
la masa de penitentes que huían de la represión que caía sobre los vencidos, el
29 de enero de 1939, Largo Caballero, sus tres hijas y su concuñada abandonaban
España por la frontera francesa. Poco sabían de Ricardo, hijo de la primera
unión de Largo Caballero y de Francisco, en manos del enemigo. Atrás quedaba la
sepultura de su esposa, Concha, fallecida años atrás.
Con
dificultades muy parecidas a las de tantos exiliados, el reconocimiento de la
condición de refugiados significó un rosario de penalidades e ingratitudes del
gobierno francés, del que ya nada podían esperar. Al final, se encontraba con
la división propia del socialismo español entre prietistas, besteiristas,
negrinistas y caballeristas, mientras el mundo europeo conocido moría en manos
de la invasión hitleriana.
Como
tantos, la América hispana parecía la única tabla de salvación pero ya era muy
tarde para alcanzar los barcos que hacían posible el traslado. Largo Caballero
tiene que responder judicialmente a las demandas de extradición de Franco que
alcanzaban a dos mil personas. En 1943, ya no había lugar seguro en Francia
para los refugiados españoles. La Gestapo lo detiene en territorio del gobierno
títere de Vichy y lo envía al campo de concentración de Sachsenhausen, al norte
de Berlín.
La primavera de 1937 y su crisis de gobierno es la que
determinó el último fulgor de poder de Largo Caballero. Para Aróstegui, de ahí
partió su derrota política personal y de su corriente que quedó fuera, lenta
pero inexorablemente, de todos los bastiones de poder, salvo la Asociación
Socialista Madrileña.
Tras
dos años de reclusión se encontraría entre los miles de deportados que salían a
pie de su cautiverio. Su salud se le presenta como el gran problema para
enfrentar la nueva vida. Tanto es así que debe volver al campo hasta que entren
las fuerzas de liberación. Con setenta y cinco años y un gravísimo problema de
salud que termina con la amputación de una pierna, no parece haber futuro para
él ni para la recuperación de la democracia en España, con ayuda internacional.
A
pesar de esta situación, los últimos meses de vida de Largo Caballero le
reincorporan a la vida política del exilio. Como herederos de una democracia
fenecida a manos de un ejército sedicioso, fuera de España persisten las
divisiones. El nuevo marco político tiene su nudo gordiano en el retorno a la
República y el apoyo de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial.
En ese marco, según Aróstegui, “el Gobierno republicano (en el exilio) actuaba
como freno de cualquier iniciativa que no fuese el traspaso de poder desde
Franco hacia la República”
Pero
la resolución final del dilema estaba ya fuera de las manos del exilio. Los
países aliados, que ya se habían lavado las manos durante la guerra de España
con el Comité de No Intervención, se decidían por una diplomacia de
declaraciones pero sin tocar a Francisco Franco.
Francisco
Largo Caballero, masacrado por la cirugía, muere en París el marzo de 1946, con
la única compañía familiar de su hija Carmen y el desfile de correligionarios
ante una gran personalidad “para cerrar toda una era en la historia del
movimiento obrero español”
Título:
Largo Caballero
Autor: Julio Aróstegui
Editorial:Debate, Madrid 2012
Autor: Julio Aróstegui
Editorial:Debate, Madrid 2012
Fuente: http://www.cronicapopular.es/

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