Teresa Galeote |
Escritora
nuevatribuna.es | 20 Septiembre 2013 -
17:00 h.
Hablar
de Franco, de la distancia de los años que hay entre su muerte y la actualidad
es decir poco, porque todo no ha muerto con él. Hay un poso denso que el
Franquismo dejó sobre las mentalidades; sedimento que habla con frecuencia,
aunque las palabras que digan los políticos sean diferentes. Son los poderosos
de siempre; las mismas dinastías que ponen, quitan y mueven las piezas de
ajedrez a su antojo, sin que el Estado de Derecho les mueva de sus feudos.
Algunos son baluartes consolidados en el Franquismo que miran la historia con
sorna. Otros son herederos del OPUS; esa doctrina que se adueñó de la enseñanza
para educar a generaciones futuras; lo hicieron bien. Nos recuerdan que ellos
no cesan en su empeño, que España son ellos y que los demás, o se pliegan a sus
designios o serán pastos de la ira y de las mentiras; ellos siguen manejando
los resortes del poder. La Educación debe ser como ellos la entienden y la
Unidad de España como ellos la inventaron.
¿De
dónde les llega esa fortaleza? Se alimentan de la España asumida y añorada
donde no existía más que cárcel y muerte para los que no estuvieran de acuerdo
con su doctrina. Exilio, depuraciones, encarcelamientos, presos dedicados a
trabajos forzados, fusilamientos y torturas. En definitiva, supresión total de
los otros. La oligarquía financiera y la terrateniente en la cúspide del
poder junto a los militares y la alta jerarquía eclesiástica. La Iglesia
cumplía la misión legitimadora del régimen; el dictador paseaba su poder bajo
palio y a ellos se les dejaba la educación de las nuevas generaciones de
españoles. A esos educadores dirigió Franco estas palabras:
“Hay
que recristianizar a esa parte del pueblo que ha sido pervertida, envenenada
por las doctrinas de corrupción. Para hacer esta labor antes había que luchar
contra los gobiernos. Ahora podéis apoyaros en el poder para realizarla,
porque uno mismo es el ideal que nos une”.
Mientras
gran parte del pueblo se moría de hambre, se daban brindis al sol y se hacían
proclamas patrióticas. El valor de los salarios en las ciudades era la cuarta
parte de los de antes de la guerra. La desnutrición y las enfermedades eran
cotidianas en las clases populares. Y la caridad católica del Franquismo
sustituyó a la justicia.
El
año 1947, la Asamblea General de la ONU se ablanda y no ratifica la condena que
el año anterior dirigió al gobierno franquista español; EE.UU. hizo ciertas
consideraciones, pero votó a favor del régimen franquista. Las propuestas
anticomunistas unen al Tadem Franco-EE.UU.; el gobierno estadounidense habla de
la importancia estratégica de la España de Franco. Un año más tarde, Francia
abre sus fronteras al régimen y el dictador aprovecha la decisión del gobierno
francés para hacer declaraciones similares a las que realizó el gobierno
norteamericano. El 1950 la Asamblea de Naciones Unidas, deroga el acuerdo de
sanciones de 1946 con el respaldo de 38 votos a favor, 10 en contra y 12
abstenciones.
Y
así el fascismo inicial se maquilla frente al exterior, pero manteniendo los
Principios Fundamentales del Movimiento y del levantamiento nacional del 18 de
julio del 36. En las décadas 50-60 del siglo XX son millones de emigrantes los
que se alejan de esa España depauperada que no puede garantizar las necesidades
básicas de subsistencia. Y el gobierno facilita la salida para resolver dos
cuestiones; la económica y los posibles conflictos laborales. Aún así serán
años en los que las protestas estudiantiles y la de los trabajadores toman
fuerza. Por otro lado, los tecnócratas y el capital financiero copan gran
parte del poder en España, quitando protagonismo a Falange, partido del que
tomó Franco gran parte de su ideario político; así la jerarquía eclesiástica y
la oligarquía económica siguieron ostentado los resortes del poder.
El
dictador murió, pero El Movimiento Nacional no murió con él; sólo estuvo
agazapado. Los ocho años del gobierno de Aznar supuso un afianzamiento del
ideario político añorado y, por otra parte, muy afín a las ideas del
gobierno estadounidense de Bush. El ex presidente Aznar, es fiel embajador de
la metrópoli estadounidense y de las jerarquías eclesiásticas. Durante su
gobierno fomentó el sentimiento nacional-católico extremo, excluyendo de su
ideario la compresión de otras nacionalidades históricas. Pero a la vez
incurrió en la mayor contradicción; permitió dictados del Imperio
estadounidense como si fuese un fiel gobernador de provincias.
Y
de nuevo en el poder, los movimientos del Partido Popular están impregnados de
añoranzas, de sentimientos intransigentes y de mentiras. Quieren abanderar un
patriotismo exacerbado y la defensa de la Constitución; Principios que ellos
incumplen constantemente.
Fuente:
http://www.nuevatribuna.es/

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