Militante del PCE la
primera, periodista el segundo. Ambos sufrieron la violencia de uno de los
policías franquistas reclamados por la justicia argentina. "Me encañonó y
me dio una paliza", afirma Lobatón a Andalucesdiario.es. "Me puso una
pistola en el estómago y me repitió que cantara", cuenta Julia
Julia Hidalgo y Paco
Lobatón.
La vida de Julia
Hidalgo y Paco Lobatón comenzó en Cádiz, allá por los años 50. Ella nació en
Sanlúcar de Barrameda y él en Jerez de la Frontera. Los dos salieron de su
tierra, a principios de los 70, para estudiar Ciencias Políticas en la
Complutense de Madrid. Entonces aquella facultad, situada junto al palacio de
la Moncloa, en la carretera de La Coruña, era un hervidero de jóvenes que
luchaban contra el franquismo y por la libertad. Julia y Paco eran vigilados,
como toda la facultad, por la Brigada Política-Social (BPS), la policía política
de Franco. Los dos fueron detenidos. Y fue entonces cuando Antonio González
Pacheco, Billy el Niño, uno de los agentes franquistas reclamados
ahora por la justicia argentina, se cruzó en sus caminos.
Tanto Julia como Paco
sufrieron la violencia ejercida por este torturador de la dictadura, aunque
ambos coinciden en resaltar que otros “compañeros” aguantaron más golpes, más
insultos y más violencia que ellos.
Paco Lobatón: “Éramos estudiantes, jóvenes, pero
con plena conciencia de lo que hacíamos”
“Alguien me encañonó,
y ese policía de la Brigada Político-Social era Billy el Niño”, así comienza el
periodista Paco Lobatón a explicar para Andalucesdiario.es el momento en el que
fue detenido, en junio de 1972, “justo una semana antes de que detuvieran a
toda la estructura de Comisiones Obreras que dio origen al proceso 1001″,
afirma. Lobatón fue interceptado y detenido por la Brigada Político-Social
justo antes de entrar en una asamblea de profesores. Sus compañeros lo
habían elegido como representante para preparar el boicot de exámenes con el
que los estudiantes iban a responder a la reciente detención de veinte
compañeros. Acto seguido, fue trasladado a una dependencia que la BPS tenía en
el interior de la facultad. “Aquella habitación era una comisaria”, recuerda
Lobatón. De la facultad, que fue desalojada por lo “espectacular” de la
detención, pasó a un furgón policial, una lechera, que lo trasladó hasta la
sede de la Dirección General de Seguridad (DGS), en la céntrica Puerta del Sol
de Madrid, donde permaneció detenido e incomunicado.
Durante el trayecto,
que duró entre 15 y 20 minutos, a plena luz del día, sufrió una brutal paliza a
manos de Billy el Niño, en los asientos traseros del vehículo. El
torturador “utilizó una porra que le había regalado un grupo fascista
italiano”. Recuerda ese detalle porque Billy el Niño “se
jactaba de ello”. Además, “entre los estudiantes era conocida su
simpatía por los Guerrilleros de Cristo Rey”. También resalta que
“conocía a todos” los que militaban en el movimiento estudiantil. Al pasar por
el Parque del Oeste escuchó cómo el policía amenazó con aniquilarlo “allí
mismo”. Temió lo peor consciente de que en otras ocasiones la policía
franquista “había llegado muy lejos”. Tras el interrogatorio y permanecer
incomunicado 72 horas, Lobatón pasó un mes y medio en la cárcel de Carabanchel.
La paliza fue tal que
incluso provocó una investigación de oficio de los tribunales franquistas que
condenaron al policía a un día sin empleo y sin sueldo. “Un hito por
aquellos entonces”, explica Lobatón. ”Éramos estudiantes, jóvenes, pero
con plena conciencia de lo que hacíamos”, recuerda ahora, a sus 61 años. “Sabía
que estaba haciendo lo que tenía que hacer”.
Julia Hidalgo: “Lo señalaré hasta que tenga
fuerzas”
Tras conocer la
petición de extradición de Billy el Niño, junto a la de tres
funcionarios policiales más de la dictadura, Julia Hidalgo lloró de “alegría y
emoción” porque “por fin se empieza a hacer justicia en este país donde se hizo
una ley de punto y final”, explica a Andalucesdiario.es. A Julia le asaltaron
muchos recuerdos de su juventud. Militante del Partido Comunista de España,
PCE, y estudiante de Políticas, fue detenida tres veces antes de exiliarse al
Reino Unido.
Una de las
detenciones fue motivada por su participación en el comité de huelga de la
construcción. “Nos llevaron a la Dirección General de Seguridad, que estaba en
la Puerta del Sol, donde ahora se ubica la sede del Gobierno de Madrid”. Allí
estaban los “tremebundos calabozos”, los describe Julia, orgullosa de “no haber
cantado nunca” ante la policía franquista. “Los comunistas éramos
respetados allí porque nunca cantábamos. Lo de respetados es un decir, claro
está”, matiza con satisfacción.
Durante el
interrogatorio, “en el que siempre un policía hacía de bueno y otro de malo”,
entró Billy el Niño. Julia recuerda las palabras exactas con las
que se dirigió a ella: “No te esfuerces en mantenerte firme porque tus
compañeros ya han cantado”. Entonces, sostuvo sobre la cabeza de Julia “una
máquina de escribir de las antiguas, de esas grandes y de hierro”. Pero ella no
cantó. “Los otros dos policías, que no eran buenos pero desde luego no
eran Billy el niño, le dijeron que me dejara”, añade. Y así lo
hizo, pero volvió. “Me puso una pistola en el estómago y me repitió que
cantara, que era la única que no lo había hecho”.González Pacheco volvió a
salir. Por tercera vez regresó a la habitación, en esta ocasión con uno de los
albañiles que también fueron detenidos en la redada. “Lo sostenía de los pelos
y el chico no tocaba el suelo. No aguantaba más el muchacho”, relata Julia.
Julia Hidalgo durante un acto del Partido
Comunista.
La segunda vez que se
cruzó con Billy el Niño fue en la facultad de Políticas, el
día que la policía político de Franco detuvo al decano, el catedrático Carlos
Ollero. “Me vio y me dijo que me fuera o me detenía otra vez”, explica Julia,
que resalta que este policía, ahora en busca y captura, “tenía una gran
memoria fotográfica, se conocía a todos los miembros del Partido Comunista”.
El tercer encuentro
se produjo tras la última detención. “Fui por unos apuntes y me crucé de
casualidad con una manifestación del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y
Patriota), la policía me paró y me volvieron a detener”. Estuvo tres días en
los calabozos. Incluso Manuel Fraga, que fue ministro con Franco, llamó para
interceder por ella. “No tengo nada que agradecerle pero llamó”. Después de esa
detención Julia se exilió a Gran Bretaña con un pasaporte falso.
Ahora, 41 años
después, recuerda a Billy el Niño como “el tío más
chulo y hortera” que ha conocido: “Con esas gafas de policía americano y unos
pantalones de campana, pero excesiva, muy grande”. Pero sobre todo
destaca que “pegaba a más no poder”. Antes de terminar la conversación, Julia
hace un llamamiento: “Lo que pido es que se hable deBilly el Niño, de
cómo amenazaba, cómo pegaba…. Tiene que estar señalado y los medios de
comunicación, por favor, que cuenten quién era, lo que hizo. Que quede señalado
para siempre, yo lo haré hasta que tenga fuerzas”.


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