viernes, 13 de septiembre de 2013

ESTA ES LA ESPAÑA QUE QUIERE EL PP, DONDE RECHAZAN LOS AVANCES TECNOLÓGICOS Y EL I+D+i

UNA FAMILIA DE AS PONTES VIVIÓ SIN LUZ HASTA EL AÑO PASADO
Amelia y Adolfo vivieron en su casa 48 años sin energía eléctrica a pesar de que viven en As Pontes, donde hay una central
BEA ABELAIRAS
13 de septiembre de 2013  11:10

Amelia Vázquez tiene 68 años y vive con su marido, Adolfo Manuel Vázquez, desde que se casó a los 20. Durante 48 años suspiró por tener electricidad en su casa de la aldea de O Bidueiral, del municipio coruñés de As Pontes, un lugar en el que, paradójicamente, está una de las mayores centrales eléctricas de España.
«Pedín e pedín durante tantos anos e fai dez puxéronme un grupo electróxeno que só funcionou durante os dez minutos que durou a inauguración que viñeron facer os políticos: doeume moito, perdín a carne que metera no conxelador e nunca puiden estrear a televisión», explica Adolfo Manuel, de 73 años, y al que le gusta que le llamen como se conocía a su padre: el Sevilla.
El alcalde de As Pontes, el socialista Valentín González Formoso, reconoce que le da «vergüenza» cómo actuó la Administración con este vecino cuando le instalaron un sistema que solo funcionaba con el generador que se llevó para el acto oficial y que apenas estuvo un par de horas en O Bidueiral. Tal vez por eso el año pasado dedicó 56.000 euros del presupuesto municipal a llevar el alumbrado público a esta aldea, donde solo viven Amelia y Adolfo. Era la única manera de hacer llegar los postes de la luz hasta este lugar, limítrofe con la localidad lucense de Muras. «Me parece una decisión incuestionable, se trata de hacer justicia», explica en una casa donde se le recibe como un gran amigo. «Os outros viñeron a facer as fotos e levaron o xenerador e xa non deu máis corrente. Ao día seguinte tiven que ir a comprar unha bombona para acender o candil de gas», se queja un vecino que ha tenido una vida dura, pero que se confiesa muy feliz.
Sin puente para ir al cole
En O Bidueiral no hubo luz hasta el año pasado, pero tampoco un puente para salvar el río y acceder al sendero que conducía a la escuela de Muras en la que estudiaron sus tres hijos.«Empezaron a construír unha ponte, pero quedou á metade, así que eu tiña que atravesar o río con eles nos ombros un a un tres veces», recuerda ante su hijo mayor, Antonio, que ya no vive en casa, pero que regresa muy a menudo como sus hermanos: «Cando volvíamos pola tarde tiñamos unha corneta e avisábamos dende o monte para que nos volvera a buscar para pasar o río», rememora.
Antonio creció jugando con sus hermanos, sin televisión y no se lamenta de ello. Sin embargo, su madre reconoce que para ella era una fiesta cada vez que una familiar la invitaba a ver el Luar: «Agora xa non é tan bonito, pero antes saía cada artista...», dice esta mujer que tuvo y crio a sus tres hijos en su aldea sin electricidad, al tiempo que atendía una granja con decenas de cabezas de ganado. «Iso dí, pero agora vemos a tele ata as tantas», replica su marido.



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