Artículos de Opinión | Juan Rivera * | 15-09-2013 | Hace
ya mucho tiempo, tanto que no recuerdo si la escuché o leí, me llegó una
reflexión del cantautor Lluis Llach. Sin intentar ser literal en su
reproducción decía: “La patria no es nada si no significa pueblo y el
pueblo no es nada si no significa personas”. En una época de nacionalismos
centralistas y periféricos excluyentes me pareció muy acertada al poner en el
epicentro a los ciudadanos, no a las banderas. Veinte años después mantiene
toda la vigencia. Ayer 11 de Septiembre, a las 17 horas 14 minutos, se produjo
un hecho político que no puede ser ninguneado: la Vía Catalana, la cadena
humana que atravesó Cataluña de Norte a Sur, a lo largo de 400 kilómetros,
consiguió la adhesión a su propuesta de centenares de miles de ciudadanos.
No haría falta repetir ahora lo que hemos expresado los
miembros del Colectivo en artículos y charlas: estamos a favor de la
autodeterminación y del derecho a decidir de los pueblos. Tampoco sería
necesario recalcar que nada favorece más a las tesis independentistas que un
ministro del Interior prohibiendo a la iniciativa llegar a Vinaroz, un grupo de
matones descerebrados gritando “ Cataluña es España” mientras empujan y agreden
a gente pacífica o una avioneta contratada por una televisión ultraderechista
recordando “ su españolidad” a quienes desean dejar de serlo.
Pero no nos importa volver a poner negro sobre blanco
nuevamente la idea expresada en otro artículo ( "¿ Es el modelo
económico-social defendido por Mas y CiU el que interesa a los trabajadores
catalanes?"): estamos asistiendo al intento de crear un modelo de
nación que tiene poco que ver con los intereses de las clases populares.
Auspiciado por un sector de la ciudadanía catalana que con
la mano izquierda alienta un nacionalismo moderado burgués mientras que con la
derecha, a través de su oligarquía empresarial dominante -¿ de donde son sino
Lara, Fainés, Rosell y compañía?-, impone a todo el Estado español los recortes
y sacrificios que consolidan su hegemonía.
Hasta el momento siguen a rajatabla la hoja de ruta que permitió
el surgimiento de los Nacionalismos europeos del XIX:
-Han dibujado un imaginario idílico: Cataluña sería
una nación prospera si estuviera sola.Han señalado las causas de los
problemas: Nos explotan, nos roban. Nosotros trabajamos para que “ellos” sigan
subsidiados, sin dar golpe
-Tienen claro el culpable, el chivo expiatorio:
España
-Y el horizonte, la Tierra Prometida: Freedom
Catalonia.Cataluña nueva nación de Europa.
Como aglutinante, el peso de la acción recae en la ANC
(Assemblea Nacional Catalana) que busca un modelo interclasista en el que se
sientan cómodos todos: sectores de Unió, la Candidatura d`Unitat Popular,
Convergencia, Esquerra Republicana, voces del PSC o Iniciativa...
Esta apuesta soberanista, a poco que se analice, tiene una
gran cojera. Pese a las palabras de personas como David Fernández ( CUP ) que
consideran la construcción nacional un punto de inicio y no un final u otras
que ven los intereses antagónicos que terminará enfrentándolos a sus hoy
compañeros de camino, si quieren que la ruta trazada les lleve a “
Europa”, la única entidad actualmente existente con esas características es
la Unión Europea.
Y en ella el diseño político, social y económico ya está
cerrado. Dentro de su seno no permite otra visión, ni siquiera proclamar buenas
intenciones sabiendo que no se cumplirán. La fórmula es única: capitalismo
salvaje – “neoliberalismo”, si se prefiere el lenguaje “
neocon”- y euro.
Por “construir la nación catalana” dejan en
segundo plano ( ¿interesa hacer músculo?) que Mas y su gobierno están a la
cabeza de “ es retellades”- recortes aunque se diga en catalán - y que si
existe una autonomía ,igual de obscena que las del PP , a la hora de conseguir
beneficios privados a costa de Lo Público, esa es Cataluña.
Con la actual correlación de fuerzas es ilusorio pensar que
de la aventura interclasista saldrá una nación que prime los intereses
populares. Máxime sabiendo que si al final surgiera una nueva nación, buena
parte de los que hoy vindican el nacionalismo español dentro del PP o
Ciutatans, terminarían defendiendo, codo con codo junto a CiU, sus intereses de
clase.
Un referéndum sobre la cuestión debe celebrarse. Sin tener
miedo a las urnas. Y de él debería surgir un modelo alternativo a la cerrazón
del centralismo y al escapismo pujolista ( padre espiritual del entramado).
La República Federal sería el nexo. Se trata de construir
Ciudadanía consciente en lugar de nuevas estructuras estatales. Las banderas,
sean rojigualdas, cuatribarradas o tricolores ( aunque esta última nos
encante), lucen mucho pero dan poco juego a la hora de comer.
Por ello, se hace más necesario que nunca levantar
otras banderas en Madrid, Cataluña o Andalucía. Las de la gentes
dignas que no permiten más ataques a la Sanidad o Educación, que priorizan
ayudar a las personas en lugar de a los bancos, las que no quieren desahucios o
condiciones laborales de esclavitud.
Lo dijimos en el artículo antes mencionado. Hoy lo
mantenemos.
En una Cataluña independiente llena de
incertidumbres,sólo se mantendría una certeza: los nietos de Mas y Rajoy
estudiarían en la misma Universidad estadounidense y juntos aprenderían el
modelo social que deben imponer como clase dominante.
Si ese es el porvenir que espera a los trabajadores
catalanes, apaga y vámonos.
(Apostilla: El inefable Jorge Díaz, ministro de Interior,
tiene bien aleccionados a sus subordinados para que repriman cualquier
manifestación a golpes y frían a multas a quienes protestan. El ensañamiento
con los miembros del SAT-SOC, pese al pacifismo de sus acciones, es un ejemplo.
Como dicen que actúan aplicando la ley, no dudamos que sobre sus allegados, sus
consanguíneos de la derecha extrema que ayer arrasaron el Centro Cultural
Blanquerna, harán caer todo el peso de la ley. El mismo que aplican sin
titubear a Bildu o similares)
* Colectivo Prometeo y FCSM

No hay comentarios:
Publicar un comentario