Artículos de Opinión | Esther Vivas | 14-09-2013 |
Miles de
persones salieron ayer a la calle en toda Catalunya, se calcula que un millón y
medio, en una cadena humana que unió el país de norte a sur, en un recorrido de
400 km, por carreteras, plazas, puentes, calles…, para gritar alto y fuerte:
“Independència!”. La Assamblea Nacional Catalana (ANC), los organizadores del
acto, llevaban meses preparando una acción, que ha desbordado el marco político
institucional. La gente, como se ha visto en declaraciones, fotografías, redes
sociales…, ha sentido que escribía parte de nuestra historia colectiva.
Algunos dirán
que si el peso del Gobierno catalán en la organización del evento, de si tal o
cual partido. Los vínculos de CiU y ERC con la ANC son reales y, a menudo, más
estrechos de lo que debieran. Pero esto no quita que la gran mayoría de quienes
ayer participaron en La Via Catalana cap a la Independència lo hicieron porqué
quieren decidir sobre el futuro de Catalunya, porqué la voz del pueblo catalán
ha sido callada a golpe de sentencia del Tribunal Constitucional, y muchos son
conscientes de que sin movilización social nada se va a conseguir.
Pero no sólo
el grito de “Independència” se ha dejado oír a lo largo de la cadena, miles de
personas han rodeado edificios emblemáticos como el Hospital Josep Trueta en
Girona, la escuela Progrés y el instituto La Llauna en Badalona o La Caixa en
Barcelona para exigir no sólo una “Catalunya lliure” sino una Catalunya libre,
también, de ladrones, recortes, represión y deudas ilegítimas. Independencia
sí! Pero independencia de todas las políticas que nos oprimen y nos empobrecen.
La independencia no es una fórmula mágica que todo lo soluciona, como muchos
intentan vender. Puede ser una cáscara vacía si no implica romper con las
imposiciones del capital financiero y el pago de la deuda.
No se trata de
cambiar el Sr. Mariano Rajoy por el Sr. Artur Mas ni el BBVA por La Caixa ni el
caso Gürtel por el caso de las ITV ni el Sr. Amancio Ortega por el Sr. Antoni
Brufau ni la policía nacional por los mossos de esquadra. No nos engañemos. No
se recorta menos ni se desahucia menos ni se roba menos ni se precariza menos
ni se reprime menos en catalán. La independencia tiene que ser una oportunidad
para decidir sobre todo y para echar, definitivamente, a quienes nos han robado
por encima de nuestras posibilidades. Una oportunidad para arrancar un
verdadero proceso constituyente desde abajo, para discutir qué modelo de país y
sociedad queremos. Un proceso que pueda ser utilizado, además, como palanca
fuera de Catalunya para hundir al Régimen surgido de la Transición, dando lugar
a otros procesos constituyentes en el resto del Estado.
El presidente
Mas nos dice hoy que consulta sí, ayer que consulta no y que elecciones
plebiscitarias sí, anteayer que consulta sí o sí y mañana… quién sabe qué dirá.
Llevar la independencia y el derecho a decidir hasta sus últimas consecuencias
implica desobedecer a Leyes y a Constituciones injustas. Las mismas que
combaten quienes ocupan pisos vacíos, bancos, escuelas, hospitales,
supermercados y, también, quienes se niegan a pagar los peajes. La legalidad
institucional se enfrenta a la legitimidad de la calle y a los derechos,
inalienables, de los pueblos. Legalidad que los defensores de la “Ley y el
orden” en Catalunya no están dispuestos a romper.
Hay tres
elementos clave, a mi entender, si queremos avanzar hacia una independencia
escrita por y para los de abajo. Primero, la independencia, el derecho a
decidir, una consulta para el 2014, sólo será posible con la movilización
social para mantener la presión sobre el gobierno catalán y español. La
manifestación de ayer fue, precisamente, un paso en esta dirección. Miles de
personas se hicieron oír, desbordando, parcialmente, la dinámica partidista e
institucional. Segundo, una país inclusivo, de todos, sólo será posible si
tenemos en cuenta a los silenciados, a los oprimidos, a los invisibles, a los
nadies. No se trata de construir la Catalunya de los ganadores sino la de los
perdedores, la de quienes sólo sufren recortes y reducción de derechos. La Catalunya
de los inmigrantes, de los jóvenes, de los parados, de los sin techo, de las
mujeres. La Catalunya de los que hablan catalán, pero también castellano,
árabe, urdu… El gran reto es sumar a toda esta pluralidad, diferencia, en la
Catalunya del mañana, esa República Catalana del 99%, tan soberana como amiga
de los pueblos vecinos. Y tercero, que nadie se haga ilusiones, nunca seremos
libres en manos de quien vende nuestro país al mejor postor, ya sean magnates
del juego, bancos o mercados extranjeros. La independencia y la libertad sólo
serán posibles sin yugos políticos ni económicos. De nosotros depende.
Fuente: www.tercerainformacion.es

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