miércoles, 15 de mayo de 2013

UN PROGRAMA DE MÍNIMOS PARA ACTUAR EN LOS MOVIMIENTOS SOCIALES (I)



Un aniversario realista del 15M
Miércoles, 15 de mayo de 2013
Por Manuel Navarrete - Canarias-semanal.org
Coincidiendo con el segundo aniversario del 15M nuestro colaborador Manuel Navarrete realiza un lúcido balance de lo que ha significado este movimiento, haciendo hincapié en lo que hoy se podría hacer para organizar - con una perspectiva recolucionaria - la justa indignación popular. ¿"Da la impresión - afirma Navarrete - de que el 15 M, que sirvió para poner debates sobre la mesa, ha agotado su ciclo. Lo que no quiere decir que no haya que seguir participando en las asambleas barriales y populares que se han generado, aunque pronto será será demasiado tarde para aprovechar la oportunidad de convertir estos espacios en algo realmente peligroso para la oligaquía. Pero, ¿cómo hacerlo?". Para facilitar su lectura hemos dividido el trabajo en dos partes, la primera de las cuales le ofrecemos a continuación (...). 

Mayo de 2011

        En los días que siguieron al 15 M de 2011, fue curioso comprobar cómo los medios de comunicación sólo mostraban la versión de la realidad que les convenía. En las calles, es cierto, había de todo. Pero mucha gente decía cosas contundentes y claras contra la oligarquía financiera. Sin embargo, en televisión sólo mostraban a perroflautas pueriles que decían que salían a la calle "por el derecho a soñar" y cosas así.
        Cuando nos hablan de mayo del 68 sucede lo mismo. Nos muestran poéticos lemas abstractos que, al parecer, dibujaban niños pijos en la universidad. Poco más. No nos cuentan que en mayo se desató una huelga general indefinida, seguidamente masivamente por la clase trabajadora francesa y que incluyó la ocupación de numerosas fábricas e incluso el secuestro de los directivos
        Por supuesto, la extraña e ineficaz insurrección francesa, por su profundidad, no puede compararse a la española (que en cambio, paradójicamente, contaba con mayores "condiciones objetivas" cimentadas en esta drástica crisis que padecemos). Quizá sólo haya dos aspectos comparables. Uno es evidente en sí mismo: ambas fueron derrotadas. Aquí queremos proponer otro. La causa de la derrota de ambas movilizaciones fue similar, pues ambas carecían de lo mismo: un programa concreto y dotado de objetivos claros y alcanzables.
       Pero la persistencia y la profundización de la crisis española nos recuerda que en este Estado aún estamos a tiempo de rectificar nuestra táctica política. Si observamos el desánimo que empieza a instalarse en la gente de los movimientos, llegaremos a la inevitable conclusión de que la alternativa a este cambio no es precisamente halagüeña.
Mayo del 68

          Los acontecimiento de mayo del 68 en París, extendidos posteriormente a buena parte de Francia, se han mitificado tanto que se hace difícil hablar de ellos. Una cosa, de entrada, debe quedar clara: mayo del 68 no es ningún ejemplo a seguir.
      Dicho esto, mayo del 68 fue un importante estallido social, para nada caracterizado por el "pacifismo" que el movimiento hippie, falsificando la historia como es habitual en él, le ha atribuido posteriormente. En apenas un mes murieron 10 personas, entre trabajadores, estudiantes... y policías. Además, hubo disturbios asombrosamente masivos. La noche del 10 de mayo se levantaron en París 61 barricadas, que la policía tuvo que asaltar una por una. Esa noche se saldó con 800 heridos (200 de ellos policías) y 600 detenidos.
      Ante la cobardía del Partido Comunista Francés , sometido a las directrices revisionistas y posicionado en contra de los disturbios (al igual que ciertas sectas trotskistas-lambertistas), existieron grupos maoístas y anarquistas que se comprometieron firmemente con las movilizaciones, en parte surgidas como rechazo a la guerra de Vietnam.
        Y en contra de la cobardía de la CGT, a partir del 14 de mayo los trabajadores de toda Francia se pusieron en huelga, desobedeciendo a su dirección. Hablamos de la huelga general más grande de la historia de Francia, y una de las más grandes de la historia del mundo. Un sólo dato al respecto: 10 de los 15 millones de asalariados franceses secundaron el paro indefinido.
        Lógicamente, sólo esta segunda etapa creó condiciones revolucionarias. Por momentos, las masas llevaron la iniciativa, hasta el punto de que la burguesía llegó a sentir verdadero pánico. El día 24 los edificios oficiales, e incluso la sede presidencial, estuvieron desabastecidos. La policía y el ejército se negaban a seguir reprimiendo.
         Pero el movimiento carecía de programa y no se atrevió a tomar los edificios públicos. Con el paso de las semanas, todo se fue disolviendo. Se firmaron acuerdos sindicales, incrementándose notablemente el salario mínimo y las vacaciones. Poco a poco, los obreros fueron abandonando la huelga. Finalmente, De Gaulle ilegalizó a 12 colectivos revolucionarios, entre ellos los maoístas, en una enorme ola represiva y procedió a convocar elecciones, que ganó la coalición derechista.
Revueltas sin objetivos
     Hobsbawm ha señalado cómo este movimiento de masas carecía de objetivos políticos claros y concretos. No había una crisis económica determinada, un ocupante extranjero al que expulsar, una crucial decisión política que tomar... Se carecía de un objetivo unificador espontáneo, que fuera más allá de "echar al gobierno de De Gaulle". Fuera de eso todo eran abstracciones. Se estaba contra "el sistema". Era un movimiento no antipolítico, sino subpolítico, lo cual es garantía de fracaso.
        En el Estado español actual existen similitudes y diferencias con todo esto. A pesar de existir motivos objetivos radicalmente más hondos que en la Francia del 68, aquí el movimiento popular no ha llegado, ni muchísimo menos, tan lejos. Entre otras cosas, el movimiento obrero no ha podido -o querido- dar el relevo a las movilizaciones populares iniciales, pese a que muchos defendimos, desde un principio, la necesaria ligazón entre ambas esferas de movilización.
       En especial, existe una similitud de fondo: en ninguno de los dos "mayos" se ha generado una plataforma reivindicativa clara, sencilla, realista... pero que enlazara con las necesidades reales populares. Aquí hubo un primer intento, a través de los 8 puntos de DRY. Pronto, fueron reducidos a 4, de carácter netamente institucional, centrados en la reforma de la ley electoral o la lucha contra la corrupción, por ejemplo. Además, la repulsión generalizada causada en el movimiento por la actritud dirigista de DRY, ligada a la prejuiciosa incapacidad del mismo para elegir una dirección política revocable y controlada pero que sí fuera representativa, hicieron el resto.

        Somos herederos de eso. A pesar de que el 15 M surgió contra el gobierno de Rodríguez Zapatero, una especie de amnesia colectiva parece haberse instalado en los movimientos, que ahora parecen centrados en "echar al gobierno" de Rajoy, considerado - falsamente - el reponsable último de la crisis y de los recortes. Por falta de debate y exceso de complejos, se ha caído en la lógica de la Cumbre Social, al servicio del PSOE.
        Las luchas han devenido sectoriales. Mareas de todos los colores que no van a ninguna parte; manifestación tras manifestación y, luego, de vuelta a casa. Da la impresión de que el 15 M, que sirvió para poner debates sobre la mesa, ha agotado su ciclo. Lo que no quiere decir que no haya que seguir participando en las asambleas barriales y populares que se han generado. Sino que pronto será demasiado tarde para aprovechar la oportunidad de convertir estos espacios en algo realmente peligroso para la oligaquía. Pero, ¿cómo hacerlo?
Sobre programas de mínimos
        En la interesante charla-debate sobre la crisis organizada por Red Roja en la Corrala la Utopía, surgió una discusión sobre si necesitamos - o no - un programa de mínimos, y por tanto un frente de masas. Un militante del PCOE decía que no, porque las reivindicaciones "de mínimos" son imposibles de satisfacer bajo el capitalismo. Otros opinamos que eso último es cierto, pero que, por esa misma razón, necesitamos un programa de mínimos.
         El programa de mínimos sirve como nexo con las masas. No podemos ir a la gente como hizo un trotskista en la asamblea de barrio de La Macarena (Sevilla): con el programa de su secta, hablando de "nacionalización de la producción bajo control obrero". Eso no puede ser comprendido por la gente desde el primer día. Es preferible un programa incompleto pero que salga de la gente, de sus necesidades reales, que uno perfecto pero que no logre salir de la sede de tu partido.
        Además, si el programa de mínimos está elaborado correctamente, sus reformas serán, paradójicamente, "revolucionarias", precisamente por imposibles de satisfacer bajo este sistema. Ya hablaba Lenin de "hacer que los mencheviques trabajen para los bolcheviques sin darse cuenta".
          Hace falta un programa de mínimos que no sea, sencillamente, el "socialismo" o "el fin del patriarcado". Que no sea una "carta a los Reyes Magos". Un programa hasta cierto punto "posibilista", de sólo tres o cuartro puntos, fácil de memorizar. Un programa que pueda unificar a todas las mareas y acabar con la dispersión. Un programa que, por su enfoque, cale en la gente normal de la calle, pero que a la vez sea imposible de asumir por los oportunistas (a causa de sus compromisos políticos) y, por tanto, los desenmascare definitivamente.
        Un programa de mínimos posible sería el sugerido en el importante artículo "Línea revolucionaria y referente político de masas", de Vicente Sarasa, que propone unos puntos que podrían reestructurarse por ejemplo de la siguiente manera:
1) No al pago de la deuda y salida de la UE;
2) expropiación de la banca y planificación democrática de la economía;
3) ruptura democrática y proceso constituyente.

       Estos puntos de mínimos, democráticos, más tarde podrían desarrollarse, como hace el artículo reseñado de Vicente Sarasa. La necesidad de no pagar la deuda dimana del objetivo de no vernos obligados a recortar todos los servicios públicos conquistados por los trabajadores, y sólo puede materializarse con el consiguiente abandono de las "instituciones imperialistas euroalemanas" que encubren su política criminal bajo la engañifa de las "directrices de Bruselas". Pero no podemos hacer políticas a favor del pueblo sin crear una banca pública, que sólo puede levantarse expropiando la banca privada que generó la crisis y a la que van destinados millones de "ayuda pública". Si a ello se suma que la banca mantiene paralizada toda la actividad productiva, su nacionalización debería llevar aparejada una planificación democrática de la economía, para evitar el desastre al que nos están conduciendo. Por último, dado que la batalla popular para conseguir estos logros conllevaría una agudización de la lucha de clases, debe ponerse en cuestión el régimen surgido de la Transición (caracterizado por Sarasa como "régimen de contrarrevolución preventiva"), con la consiguiente depuración de los cuerpos represivos y la ruptura democrática, para evitar una terrible represión por parte del Estado que asesine este proyecto político en su cuna.



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