Publicado en
2013/05/19
Agustín
Moreno
Profesor de secundaria
Profesor de secundaria
La LOMCE o
ley Wert es una chapuza que no parte de un diagnóstico previo o Libro Blanco
sobre los problemas de la educación; que no cuenta con financiación para
implementarla; que no tiene ningún consenso, sino el rechazo más airado de la
comunidad educativa, como se ha puesto en evidencia en múltiples
movilizaciones.
Como son
maestros de la neolengua hablan de “calidad” e incluso responsabilizan
cínicamente al sistema educativo del nivel de paro existente, cuando es bien
sabido que muchos de los miembros de la generación más y mejor preparada de
este país se está yendo al exilio laboral o científico. Pero su verdadera esencia
es mandar el mensaje de que “hemos estudiado por encima de nuestras
posibilidades”. Porque lo cierto es que no están dispuestos a invertir más en
educación pública, por razones ideológicas y de negocio. No les interesan
ciudadanos formados, informados y críticos, para un mercado de trabajo precario
y una sociedad dual y cada vez menos democrática. No quieren la mezcla social
entre los hijos de familias de diferente estatus socioeconómico.
Y porque se
someten a los intereses mercantilistas: la educación es un negocio que a nivel
mundial supone un pastel de 2 billones de dólares y que en España obtuvo casi
700 millones de euros de beneficios según los últimos datos del INE. Por todo
lo anterior, el objetivo que se ha trazado el gobierno del PP es seguir trasfiriendo
recursos del sector público al privado y pasar del 3,6% al 2,9% del PIB, lo que
supone unos 7.000 millones de euros menos al año, muy lejos de la inversión que
realizan los países de nuestro entorno.
Durante la
democracia se lograron importantes avances en el desarrollo de la escuela
pública: incremento de centros y profesorado, bajada de ratios, ampliación de
la edad escolar obligatoria, escolarización casi total desde los tres años, y
mayor acceso a estudios superiores de las capas populares. Estas conquistas
están siendo atacadas hace tiempo por los gobiernos de la derecha, cuya
ideología mercantilista y privatizadora quiere convertir la educación en un
negocio. Con esta ley se consolidan los recortes que se vienen aplicando y
supone un duro golpe a la educación pública.
La educación
pública española, por los compromisos de los sucesivos gobiernos con la Iglesia
católica y con la patronal de la enseñanza, nunca ha llegado a romper del todo
con las tres principales herencias franquistas: segregación clasista,
confesionalidad y amplio sector privado costeado con fondos públicos. La ley
Wert es un salto en esa dirección.
- Segregación,
con diversos itinerarios que supondrán seleccionar y clasificar cuanto antes al
alumnado, desgajándolos del tronco común por tres vías: los llamados programas
de mejora del aprendizaje, la Formación Profesional Básica y los itinerarios en
4º de ESO. Cuanto antes se segregue más se atenta contra la igualdad de
oportunidades y se niega la capacidad de cambio de niños y adolescentes.
También convierte la educación en una carrera de obstáculos con continuas reválidas excluyentes.
Este modelo educativo genera más fracaso escolar, más desigualdades y favorece
una sociedad aún más clasista.
- Confesionalidad,
que nos retrotrae al nacionalcatolicismo, con una asignatura de religión
evaluable y con una alternativa dura para evitar la fuga del alumnado del
adoctrinamiento; eliminando Educación para la Ciudadanía y demostrando que se
cree más en la religión que en los valores democráticos.
- Privatización
y fortalecimiento de los conciertos privados, al convertir a la educación
en un bien individual y no un derecho fundamental y no se garantiza la oferta
de plazas públicas de nueva creación. De esta forma se refuerza la doble red
que crea discriminación, dándose la paradoja de que entre todos financiamos a
quien más tiene, mientras se suprimen la atención a la diversidad y la función
compensatoria de la escuela.
- Menor
democracia. Se reducen las competencias de los órganos colegiados y de la
comunidad educativa, reforzando el poder y el clientelismo de las direcciones
de los centros
La LOMCE
también quiere hacer legal lo ilegal con conciertos para centros que segregan
por sexo, contratación a dedo de profesores nativos o publicación de rankings
con los resultados de las pruebas externas.
Este retorno
al pasado lo protagoniza Wert, el ministro más desprestigiado de la democracia,
con un 80% de rechazo a su gestión, que no puede esperar que su ley tenga
ninguna continuidad de futuro. Porque una ley superideologizada, sectaria no ha
conseguido ningún apoyo, excepto el de los obispos. Nadie la respalda en el
parlamento, ni el profesorado, las familias, los estudiantes o los expertos en
educación. Por ello, será una ley de muy corto recorrido y frustrante, que
acabará en el mismo momento en que se produzca un cambio político progresista.
Es más,
probablemente, junto al rechazo al austericidio, a la privatización de la
sanidad o a la reaccionaria reforma del aborto, será uno de los elementos que
más contribuyan al cambio político. Entre el profesorado, las familias, el
alumnado y la ciudadanía que forma el movimiento de la Marea Verde en defensa
de la Escuela Pública de todos y para todos crece cada vez más la convicción de
que hay que echar a este gobierno para que no acabe con todo. Para asegurar el
derecho a una educación de calidad que forme a personas y a ciudadanos
comprometidos con la mejora y el futuro de su país y de sus habitantes.
Fuente: http://dedona.wordpress.com/

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