15/6/2008
El éxito de
este hombre está en que por donde pasó como docente «foise perfilando como un
extraordinario mestre rural que ensaiaba diversas metodoloxías novedosas tanto
no ensino como na extensión da cultura ós cidadáns», explica el profesor José
Manuel Cid.
Alfonso García Rojo defendía la escuela pública, la
infancia, la igualdad de oportunidades, el laicismo así como el respeto por las
conciencias, es decir, los principios básicos de la educación republicana. No
era gallego pero se integró muy bien defendiendo la enseñanza en lengua
materna. Para él la cultura era «unha forma de estar e de entender o mundo, con
capacidade para explicalo». Sobre el uso de la memoria decía que abusar de ella
como única forma de aprendizaje era un error.
Su defensa del laicismo le causó enfrentamiento con
algunos sacerdotes tradicionalistas. Rojo quiso mantener la escuela al margen
de la injerencia de la Iglesia.
En el estudio de Xosé Manuel Cid aparecen varios
sacerdotes de la zona que informaron mal del profesor, en algunos casos, como
sucedió con el cura de Faramontaos en aquellos años difíciles, con un informe
«cargado de resentimento e pouco sentido cristián do perdón e do mandamento de
non mentir». Alguno de esos religiosos fue señalado por los vecinos como
causante de «moitas mortes no pobo», comenta el autor de este trabajo. Alfonso
García Rojo defendió la coeducación de chicos y chicas, las fiestas escolares y
el trabajo en equipo.
Fonte: www.lavozdegalicia.es

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