jueves, 16 de mayo de 2013

CUANDO ADEMÁS DE LAS INSTITUCIONES SE CORROMPE LA SEMÁNTICA



Un artículo de Julio Anguita
Jueves, 16 de mayo de 2013
   En un artículo titulado "La corrupción semántica" el ex coordinador de Izquierda Unida, Julio Anguita, escribe que hay una "insultante y procaz exhibición de corrupciones en todos los ámbitos y niveles ", pero que ha quedado "olvidada y fuera de la consideración pública y publicada, una de las más dañinas por sus efectos a largo plazo: la semántica"

     Anguita dice que cuando se acepta la denominación de austeridad para calificar las políticas impuestas por la Unión Europea y que daña a importantes sectores de las poblaciones europeas, se está  
cometiendo un craso error lingüístico que está sirviendo, además, de coartada para legitimar lo que en realidad son actos de barbarie contra la calidad de vida de la ciudadanía. Una calidad de vida ciudadana, que por otra parte ha costado intensas luchas ciudadanas y sacrificios   a lo largo de la Historia.
           "Austeridad - escribe Anguita- es sinónimo de sobriedad y morigeración.Y ambas palabras significan la moderación de los excesos, la eliminación de lo superfluo. Austeridad es por tanto la priorización de lo necesario, de lo imprescindible y de lo fundamental en detrimento de lo accesorio, lo banal y lo perfectamente prescindible. La pregunta que puede suscitar las anteriores afirmaciones es ¿quién o dónde se definen las necesidades que deben ser consideradas esenciales y fundamentales y por lo tanto imprescindibles?"
        Mantiene Anguita en su artículo que "el Trabajo, vivienda, educación, salud, cultura y dignidad de la vida humana no son, por definición, susceptibles de ninguna política de recortes, utilícese la palabra que se utilice. La austeridad es eficiencia y justicia distributiva en la fiscalidad y persecución de prácticas antisociales". Tales derechos intangibles han quedado claramente plasmados en la Declaración de Derechos Humanos de la ONU de1948 y en la Carta de la Tierra aprobada en el año 2000 con un apoyo internacional más que notable.
      Según Anguita, contrariamente a lo que la corrupción semántica se ha encargado de distorsionar, la auténtica austeridad es eficiencia y justicia distributiva en la fiscalidad y persecución de prácticas antisociales como pueden serlo "la  erradicación de políticas faraónicas o de prestigio en épocas electorales, la duplicación de las administraciones con cargos de confianza, la externalización de los servicios o su privatización, los gastos suntuarios totalmente inútiles y fuera de control.Y desde luego la oposición a toda esa filosofía de vida que centra la realización del ser humano en el consumismo y el derroche".

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