El olfato histórico de la Iglesia demuestra
tener más sensibilidad que el de los políticos
Jueves, 16 de mayo de
2013
Por A.R. Suárez - Canarias-semanal.org
A lo largo de los dos últimos milenios de historia, la Iglesia Católica
ha mostrado tener un fino olfato para detectar las situaciones de cambio o de
conmociones sociales. Por ello, guiándose por la experiencia de una
práctica de 2.000 años, la institución eclesiástica ha sabido adaptarse con habilidad
- es decir, sin contraer irreversibles compromisos - a lo que ellos mismos
denominan como los "signos de los tiempos"
Quizás esa sea la razón por la que el pasado martes, 14 de Mayo, el periódico
sensacionalista británico The Telegraph publicaba un artículo
acompañado por grandes titulares, firmado por Evans
Pritchard, en el que el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez,
manifestaba al autor del reportaje, que "temía un aumento del
odio mutuo" - es decir, la intensificación de la lucha de clases
- y que resultaba preciso cambiar de dirección o la crisis derribara todo el
sistema político".
El arzobispo Rodríguez le confesaba al periodista que había pedido
un profundo cambio en la política de crisis de deuda de Europa para impedir
un colapso social, advirtiendo que el gran desempleo que sufre España y
la Europa meridional se ha convertido en algo `muy peligroso´”.
"Tenemos que cambiar de dirección - advirtió el prelado - de lo contrario
esto va a derribar todo el sistema político ". "El desempleo ha
alcanzado niveles enormes y los recortes de austeridad no parecen estar dando
resultados. Hay un profundo malestar en toda la sociedad, y no es sólo en
España. Tenemos que dar a la gente un poco de esperanza o esto va a
fomentar el conflicto y el odio mutuo.”
Según narra Pritchard en su
artículo, el arzobispo Rodríguez declaró que "los obispos
católicos de Europa han tenido cuidado de no inmiscuirse en el debate político
o criticar la estrategia económica de la UE, pero el arzobispo dice que el
curso actual es insostenible. España ha evitado en gran
parte el tipo de conflictos callejeros que se han dado en Grecia. La
gente ha aguantado con estoicismo, apoyándose en los profundos lazos
familiares. Sin embargo, hay indicios de una `crisis de régimen´ que está
fermentando lentamente; y casi todas las instituciones –incluyendo la
monarquía- están desacreditadas".


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