Van dúas décadas
desde o falecemento de Moncho Valcarce, o cura de Sésamo e edil do BNG en
Culleredo, con peticións dunha rúa na parroquia onde exerceu e outra na Coruña
sara vázquez | culleredo 22.09.2013
| 02:37
Moncho Valcarce, durante mobilizacións
sociais e celebracións na igrexa de Sésamo. / la opinión
"Culleredo foi o primeiro
concello no que ondeou a bandeira galega nos días das Letras e da Patria. - foi
porque Moncho Valcarce estaba de primeiro tenente de alcalde", asegura o
secretario da irmandade en honra ao cura de Sésamo. Cúmprense vinte anos do
falecemento do párroco e político que predicou co exemplo de que a Igrexa debe
servir ao pobo e chamou ao pobo a loitar polo seus. Peticións dunha rúa para
Valcarce en Sésamo e na Coruña, onde naceu, recuperan a figura do líder da
loita social da Galicia da transición
Debe quedar aínda en Sésamo máis dun veciño que ten
comulgado con pan de Carral e viño do país. Era o tempo no que a igrexa
cullerdense non tiña confesionarios, a misa dábase en galego e as cerimonias
non se cobraban, todo por decisión dun cura que, dende Culleredo, sacudiu
Galicia. Moncho Valcarce -Don Ramón para algúns feligreses- revolveuse contra a
xerarquía e as tradicións eclesiásticas e encabezou loitas sociais en toda
Galicia. Este ano cúmprense dúas décadas da morte do crego con peticións dunha
rúa en Sésamo, onde exerceu o sacerdocio de 1971 a 1987, e na Coruña, onde
naceu.
"Todos tiñamos medo de que os feligreses, moitos
deles xente maior, non o entenderan. - a primeira vez que foi detido e mandaron
outro cura para dar misa, un piquete liderado por xente maior púxose á porta da
Igrexa e dixo: 'Aquí ata que veña Don Ramón non da misa nin Dios'", conta o
secretario da Irmandade Moncho Valcarce e amigo persoal do crego, Xácome
Santos, como proba do afecto acadou Valcarce na parroquia. Dende o templo, o
crego chamou ao pobo a loitar polos seus dereitos. "El propuxo que un
terreo da Igrexa que podía valer moitos cartos se adicara ao que quixeran os
veciños. - escolleron un campo de fútbol, que hoxe leva o seu nome. "O
arzobispo chamouno a capilla, pero Moncho convenceuno", afirma o
secretario da irmandade. "El defendía que a Igrexa tiña que traballar para
o pobo", relata Xácome. A súa filosofía convenceu: "A xente protestou
cando o sacaron de Sésamo e o mandaron un ano a facer 'exercicios espirituais'
a Salamanca". De volta a Galicia, foi destinado ás Pontes.
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"A xente coñéceo como 'o cura das Encrobas', aínda
que nunca foi párroco alí, porque liderou a mobilización, igual que todas as
máis importantes en Galicia daquela", lembra o seu amigo, e asevera:
"Foi un referente a nivel social, político e cultural". Ademáis da
súa labor institucional, como tenente de alcalde de Culleredo polo BNG, e o seu
papel líder no social, Varcarce traballou tamén desde a casa reitoral en que
vivía, onde se reunían grupos políticos prohibidos e había unha multicopista. O
seu carisma lucía tamén de preto: "O home que estivo ingresado con el
cando enfermou, de dereitas e do Opus Dei, ven todos os anos ás ceas da
irmandade. A nivel humano, Moncho tiña unha profundidade impresionante".
"Cando morreu meu sogro, enterámonos de que lle
pedira a Moncho o certificado canónico. Moita xente nos dicía que a voda non
valera tal e como a fixera 'ese rojo'. Até meu home bromeaba con que non
estabamos casados", conta Marisa Lijó, casada en Sésamo en 1976. "Non
houbo ni 'si, quero', nin 'eu declárovos marido e muller', nin nada diso. Era menos
cerimonioso que outros máis tradicionais. Nós nos quixemos moita cerimonia e
respetóunolo. Aínda que despois pesoume; con el sería bonita", reflexiona
Lijó. Veciña da Coruña, Marisa e o seu home, Jose Añón, recorreron a Valcarce,
ademais de pola sinxeleza da voda, por concordancia coas súas ideas.
"Gustábanos como pensaba e que axudaba á xente", conta. O pensamento
político do crego colábase no exercicio sacerdotal: "O día da nosa voda
fixo tamén un bautizo e ao neno, David, desexoulle medrar 'nunha Galiza ceibe e
socialista'".
Fuente: http://www.laopinioncoruna.es/
Traducción:
VEINTE ANOS SIN EL CURA EN LA LUCHA SOCIAL
Van dOSs décadas desde FALLECIMIENTO de Moncho Valcarce, EL cura de Sésamo e edil do BNG en Culleredo, con peticións De una calle en la parroquia donde ejercio y otra en A Coruña |
"Culleredo fue el primer ayuntamiento en el que ondeo la bandera
gallega en los días de las Letras y de la Patria. - fue porque Moncho Valcarce
estaba de primero teniente de alcalde", asegura el secretario de la
irmandade en honra al cura de Sésamo. Se cumplen veinte años del fallecimiento
del párroco y político que predicó con el ejemplo de que la Iglesia debe servir
al pueblo y llamó al pueblo a luchar por lo suyo. Peticiones de una calle para
Valcarce en Sésamo y en la Coruña, donde nació, recuperan la figura del líder
de la lucha social de la Galicia de la transición
Debe quedar aún en Sésamo más de un vecino que tiene comulgado con pan de Carral y vino del país. Era el tiempo en el que la iglesia cullerdense no tenía confesionarios, la misa se daba en gallego y en las ceremonias no se cobraba, todo por decisión de un cura que, desde Culleredo, sacudió Galicia. Moncho Valcarce -Don Ramón para algunos feligreses- se revolvió contra la jerarquía y las tradiciones eclesiásticas y encabezó luchas sociales en toda Galicia. Este año se cumplen dos décadas de la muerte del cura con peticiones de una calle en Sésamo, donde ejerció el sacerdocio de 1971 a 1987, y en la Coruña, donde nació.
"Todos teníamos miedo de que los feligreses, muchos de ellos gente mayor, no lo habían entendido. - la primera vez que fue detenido y mandaron otro cura para dar misa, un piquete liderazgo por gente mayor se puso a la puerta de la Iglesia y dijo: 'Aquí hasta que venga Don Ramón no se da la misa ni la comunión le dicen'", cuenta el secretario de la Irmandade Moncho Valcarce y amigo personal del cura, Xácome Santos, como prueba del afecto consiguió Valcarce en la parroquia. Desde el templo, el cura llamó al pueblo a luchar ponerlos sus derechos. "Él propuso que un terreno de la Iglesia que podía valer muchos cuarrtos se había dedicado a lo que habían querido los vecinos. - escogieron un campo de fútbol, que hoy lleva su nombre. "El arzobispo lo llamó a capilla, pero Moncho lo convenció", afirma el secretario de la irmandade. "Él defendía que la Iglesia tenía que trabajar para el pueblo", relata Xácome. Su filosofía convenció: "La gente protestó cuando lo sacaron de Sésamo y lo mandaron un año a hacer 'ejercicios espirituales' a Salamanca". De vuelta a Galicia, fue destinado a los Puentes.
"La gente lo conoce como 'el cura de las Encrobas', aunque nunca fue párroco allí, porque lidero la movilización, igual que todas las más importantes en Galicia de aquella", recuerda su amigo, y asevera: "Fue un referente a nivel social, político y cultural". Ademáis de la suya labor institucional, como teniente de alcalde de Culleredo ponerlo BNG, y su papel líder en el social, Varcarce trabajó también desde la casa reitoral en que vivía, donde se reunían grupos políticos prohibidos y había una multicopista. Su carisma lucía también de cerca: "El hombre que estuvo ingresado con él cuando enfermo, de derechas y del Opus Di, ven todos los años a las cenas de la irmandade. A nivel humano, Moncho tenía una profundidad impresionante".
"Cuando murió mi suegro, nos enterámos de que le había pedido a Moncho el certificado canónico. Mucha gente nos decía que la boda no había valido tal y como la había hecho 'ese rojo'. Hasta mío esposo bromeaba con que no estábamos casados", cuenta Marisa Lijó, casada en Sésamo en 1976. "No hubo ni 'sí, quiero', ni 'yo os declaro marido y mujer', ni nada de eso. Era menos ceremonioso que otros más tradicionales. Nosotros nos quisimos mucha ceremonia y lo respetó todo. Aunque después me pesó; con él sería bonita", reflexiona Lijó. Vecina de la Coruña, Marisa y su hombre, Jose Añón, recurrieron la Valcarce, además de ponerla sinxeleza de la boda, por concordancia con sus ideas. "Nos gustaba cómo pensaba y que ayudaba a la gente", cuenta. El pensamiento político del cura se colaba en el ejercicio sacerdotal: "El día de nuestra boda hizo
Debe quedar aún en Sésamo más de un vecino que tiene comulgado con pan de Carral y vino del país. Era el tiempo en el que la iglesia cullerdense no tenía confesionarios, la misa se daba en gallego y en las ceremonias no se cobraba, todo por decisión de un cura que, desde Culleredo, sacudió Galicia. Moncho Valcarce -Don Ramón para algunos feligreses- se revolvió contra la jerarquía y las tradiciones eclesiásticas y encabezó luchas sociales en toda Galicia. Este año se cumplen dos décadas de la muerte del cura con peticiones de una calle en Sésamo, donde ejerció el sacerdocio de 1971 a 1987, y en la Coruña, donde nació.
"Todos teníamos miedo de que los feligreses, muchos de ellos gente mayor, no lo habían entendido. - la primera vez que fue detenido y mandaron otro cura para dar misa, un piquete liderazgo por gente mayor se puso a la puerta de la Iglesia y dijo: 'Aquí hasta que venga Don Ramón no se da la misa ni la comunión le dicen'", cuenta el secretario de la Irmandade Moncho Valcarce y amigo personal del cura, Xácome Santos, como prueba del afecto consiguió Valcarce en la parroquia. Desde el templo, el cura llamó al pueblo a luchar ponerlos sus derechos. "Él propuso que un terreno de la Iglesia que podía valer muchos cuarrtos se había dedicado a lo que habían querido los vecinos. - escogieron un campo de fútbol, que hoy lleva su nombre. "El arzobispo lo llamó a capilla, pero Moncho lo convenció", afirma el secretario de la irmandade. "Él defendía que la Iglesia tenía que trabajar para el pueblo", relata Xácome. Su filosofía convenció: "La gente protestó cuando lo sacaron de Sésamo y lo mandaron un año a hacer 'ejercicios espirituales' a Salamanca". De vuelta a Galicia, fue destinado a los Puentes.
"La gente lo conoce como 'el cura de las Encrobas', aunque nunca fue párroco allí, porque lidero la movilización, igual que todas las más importantes en Galicia de aquella", recuerda su amigo, y asevera: "Fue un referente a nivel social, político y cultural". Ademáis de la suya labor institucional, como teniente de alcalde de Culleredo ponerlo BNG, y su papel líder en el social, Varcarce trabajó también desde la casa reitoral en que vivía, donde se reunían grupos políticos prohibidos y había una multicopista. Su carisma lucía también de cerca: "El hombre que estuvo ingresado con él cuando enfermo, de derechas y del Opus Di, ven todos los años a las cenas de la irmandade. A nivel humano, Moncho tenía una profundidad impresionante".
"Cuando murió mi suegro, nos enterámos de que le había pedido a Moncho el certificado canónico. Mucha gente nos decía que la boda no había valido tal y como la había hecho 'ese rojo'. Hasta mío esposo bromeaba con que no estábamos casados", cuenta Marisa Lijó, casada en Sésamo en 1976. "No hubo ni 'sí, quiero', ni 'yo os declaro marido y mujer', ni nada de eso. Era menos ceremonioso que otros más tradicionales. Nosotros nos quisimos mucha ceremonia y lo respetó todo. Aunque después me pesó; con él sería bonita", reflexiona Lijó. Vecina de la Coruña, Marisa y su hombre, Jose Añón, recurrieron la Valcarce, además de ponerla sinxeleza de la boda, por concordancia con sus ideas. "Nos gustaba cómo pensaba y que ayudaba a la gente", cuenta. El pensamiento político del cura se colaba en el ejercicio sacerdotal: "El día de nuestra boda hizo
también un bautizo y al niño, David, le deseó crecer 'en una Galiza libre
y socialista'".




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