Las cosas por su nombre…
14 de septiembre de 2013
Por
Pedro Taracena Gil
En el caso de España el pensamiento político
situado en la extrema derecha, antagónico al comunismo más radical, es decir la
extrema izquierda, no se puede homologar con el extremismo de la derecha
allende los pirineos o en el resto de Europa. El extremismo hispano violento de
signo derechista no tiene ninguna relación ni con el movimiento neonazi y
tampoco con el fascismo italiano. La historia nos muestra como padre del
nazismo a Hitler y como el inductor del fascismo a Mussolini. En España, sin
embrago, el origen de la extrema derecha la tenemos en el franquismo. Francisco
Franco Bahamonde cuando lleva a cabo el golpe de estado contra la República,
legal y legítimamente establecida, se apoya en las fuerzas armadas y en la
derecha capitalista y caciquil, en la Iglesia y en Falange Española, versión
hispana del fascismo italiano fundada por José Antonio Primo de Rivera. Cuando
Franco obtiene la victoria después de tres años de enfrentamiento fratricida,
implanta un régimen despótico, es decir, una dictadura en base a los Principios
del Movimiento Nacional. Un régimen fascista con base en el nacionalcatolicismo
y el nacionalsindicalismo. Una dictadura homologable históricamente en lo
político con la ideología de la extrema derecha. Una vez muerto el dictador el
pueblo español se dotó de la Constitución en el año 1978, que instauró el
estado de derecho destruido por Franco en 1936.
No obstante y al margen de la Constitución, los
franquistas consensuaron con los que vinieron de la clandestinidad o el exilio,
el no condenar el franquismo y sellaron un pacto no escrito donde quedaban
impunes los crímenes del franquismo. A esta etapa se le llamó la Transición.
Después de la muerte del dictador esta fórmula ha permitido al Rey desde el
primer día de su reinado, hacer apología del franquismo y a la derecha española
albergar en su seno a toda la gama del franquismo existente; haciendo
compatibles los valores constitucionales con el olvido de las víctimas y el
recuerdo permanente de los verdugos. El Rey en su primer discurso de la Corona
hizo apología de Franco, circunstancia histórica justificable, pero que aún no
haya jurado la Constitución y no propicie la condena del franquismo por respeto
a sus víctimas, muestra una conducta moralmente detestable y políticamente anti
democrática.
Los símbolos que ostentaban los miembros del grupo
de violentos que asaltaron los locales de la Generalitat de Catalunya en
Madrid, son símbolos franquistas, falangistas y de fidelidad al yugo y las
flechas. Es decir, los franquistas de toda la vida, que si no hubieran tenido
una actitud violenta, nadie y el Partido Popular y su Gobierno menos, les
hubiera llamado la atención. Porque los franquistas gozan de muy buena salud
política. Los franquistas son los que ahora nos gobiernan. La mal llamada
Transacción modélica es un pacto tan perverso y envenenado que salvo honrosas
minorías de la izquierda, nadie incluyendo los medios de comunicación se atreve
a llamar las cosas por su nombre. Estos bárbaros son los franquistas,
versión fascista de cuño español. El yugo y las flechas que presidía el salvaje
asalto a la sede catalana, es el mismo escudo que Manuel Fraga Iribarne
ostentaba en su pecho con orgullo hasta que le entregó el cetro del fascismo a
Josemari Aznar y éste a Rajoy; manteniendo una copia de este cetro testigo,
toda la derecha española.
Podemos incluir sin reparos en esta grey y con
todos los honores a la Iglesia, los banqueros, los empresarios y toda la
pléyade de franquistas peperos o peperosfranquistas, que
tanto monta tanto monta. Llamarse con el nombre de su fundador debería ser tan
honorable como para los jesuitas que pertenecer a la Compañía de Jesús; estando
muy orgullosos de San Ignacio de Loyola, su fundador. Pero hay un pacto tácito
que nadie se atreve a llamar las cosas por su nombre. La derecha
española en su viaje eterno hacia el centro, aún no ha salido del extremo
situado en la más rancia de las derechas. Están gobernando al margen de la
Constitución administrando su mayoría absoluta como si de un poder absolutista
se tratara. La apología del genocidio franquista no es delito porque así lo han
querido los que sellaron el pacto de la Santa Transición. La mordaza colocada
al pueblo español ante la Memoria Histórica, es un crimen, sí una crimen porque
se hace cómplice de los delitos de lesa humanidad. Por el contrario los mismos
responsables de esta ignominia, han decretado que la Constitución española sea
un credo cuyos administradores de su infalibilidad sean los dos
grandes partidos ostentando ambos la mayor de las corrupciones que se han dado
en la España democrática. Sin embargo socialistas y populares consideran que la
Constitución es un conjunto de artículos de fe, según les conviene.
Evocan
la unidad española como una herencia franquista y cambian la Constitución con
nocturnidad y alevosía según el dictado de las políticas criminales de la Unión
Europea. Que nadie se rasgue las vestiduras porque llamemos las cosa por
su nombre. En España todas las manifestaciones pacíficas o violentas que
ostenten los símbolos de Falange Española o del Movimiento Nacional, han
hundido sus raíces en el franquismo. Mientras el Rey y el pacto de la
Transición no condenen el franquismo y añadan a la Constitución que la apología
del franquismo es un delito, el franquismo seguirá instalado en nuestra querida
España.
La
historia sigue...






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