17/09/2013
- 19:49h
Las cosas que ocurren en España
cada día, cada semana son tan extraordinarias que si se enumeran y se ponen en
relación unas con otras dibujan un panorama que asusta o preocupa a cualquiera,
piense como piense y tenga los intereses que tenga. Han confluído dos procesos
de crisis, la crisis económica nacida del gran robo financiero norteamericano
derrumbó el edificio de la economía española y el sistema político e
insititucional español está caducado y podrido.
El pronóstico desde la
izquierda tradicional sería que, dada la gravedad de la crisis y ante las
consecuencias de la política antisocial, paro, empobrecimiento de la mayor
parte de la población y recorte de la protección social, los sectores sociales
más castigados se rebelarían, el descontento social estallaría en una crisis
política que derribaría al Gobierno y su politica. Pero nada de eso ha ocurrido
y no parece que vaya a ocurrir. Se ve que no existe ese sujeto político con
conciencia de clase capaz de tumbar esta política, es evidente que esta
sociedad es muy distinta a la de hace treinta o cincuenta años y que los
análisis y previsiones que se hagan desde la ideología de la izquierda que sale
en los libros de historia no van a aclarar nada ni a ser actuantes.
Sin embargo, es evidente que el
edificio institucional y político español sí está en una crisis total. Hay
quien cree que es la crisis económica la que pone en cuestión el sistema
político, yo creo por el contrario que la gravedad de la crisis económica y
social es tal que la sociedad reacciona encogida por el miedo a que todo
empeore y hace que modere sus críticas, la crisis la hace más conservadora. Sin
duda eso beneficia al Gobierno actual.
Realmente, la sociedad española
quisiera que la política española hubiese dialogado más y llegado a un
entendimiento en su momento con la política catalana. El candidato Rajoy no
habría reunido hoy esos cuatro millones de entusiastas firmas contra Cataluña
que afirmó recoger y no se habría seguido tan alegremente la consigna de
boicot. Puede que Alfonso Guerra no hubiese presumido de su cepillo
parlamentario y que el propio PP no hubiese recurrido el Estatut ante el
tribunal, aunque nunca se sabe en cuanto al grado y la irresponsabilidad del
nacionalismo españolista.
Realmente, la sociedad española
preferiría que el presidente Rajoy y el PP hubiesen reconocido de una vez y
hace meses que se forraron décadas con sobres de dinero negro y que el Gobierno
y su presidente apareciesen ahora relativamente limpios, perdonados y con
autoridad moral. Realmente la sociedad española se sentiría muy confortada si
no se estuviese gobernando con un programa político tan ideológico y derechista
que crea división social y conflictos donde no los había. Realmente la sociedad
española estaría encantada de que el PSOE hubiese limpiado antes sus bajos en
Andalucía y que hubiese celebrado a tiempo unas elecciones primarias y ofreciese
ahora a la sociedad española una dirección renovada y un candidato con
autoridad moral y liderazgo. Realmente la sociedad española no mostraría
entusiasmo monárquico pero respiraría aliviada de ver que la Casa Real no fuese
ese espectáculo y apareciese como una institución sensata, cercana a la gente,
limpia y útil. Realmente la sociedad española habría firmado por otra década
con el tinglado monárquico y bipartidista, sobre todo en este tiempo de
inseguridad.
Pero nada de eso ocurre. Una
sociedad conformista, conservadora y que todavía tiene el miedo en el cuerpo,
aunque no lo diga, como es ésta se ve en una situación desesperada, no le
permiten vivir tranquilamente como desearía y tiene que tragar esta realidad:
un Estado que se cae a pedazos, una realidad que se cae a pedazos. Una realidad
institucional, política e ideológica que nació en el año 1975 y que, como todo
nacimiento, llegó entre sangre y heces, me refiero a los fusilamientos del 27
de Septiembre y a la tétrica agonía del Caudillo dos meses después. Los
fusilamientos sentaron las bases del futuro, Franco y su Ejército imponían sus
condiciones,un sucesor y unos límites. A partir de ahí y sobre esa base hubo
forcejeos, negociaciones y pactos que levantaron este edificio que podrido de
aluminosis. Lo que tenemos delante cada día, esta actualidad confusa y
convulsa, es la Historia.
Fuente: http://www.eldiario.es/

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