Por:
Charo Nogueira | 12 de septiembre de 2013
La historia es un recurso frecuente en los agumentos de los políticos, sobre todo a falta de otros más contundentes o como vía para incidir en el consabido "y tú, más". Ayer, en el pleno de las goteras, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, dio prueba de ello al responder una pregunta sobre el aborto de la diputada socialista Elena Valenciano. Y encima, se equivocó al remontarse, ni más ni menos, a la concesión del derecho al voto a las mujeres. Es decir, a 1931.
Sabido
es que el exalcalde de Madrid elabora -con gran retraso frente a los planes
iniciales- un anteproyecto de ley que
restringe la interrupción voluntaria del embarazo de forma que deje de ser un
derecho automático en las primeras 14 semanas de gestación; una iniciativa que,
en el Congreso, Valenciano inscribió en la "prioridad de recortar los
derechos de las mujeres" del PP. El titular de Justicia, amén de asegurar
que "se ha acabado la supuesta superioridad intelectual de la izquierda",
aludió a la historia de los socialistas, que, según dijo, "les puso
en contra del voto de las mujeres y hoy les pone en contra de la defensa de sus
derechos". "Para ganar unas lecciones quisieron negar el voto a las
mujeres", acusó, según la agencia Efe. No fue así, señor ministro.
En
1931, en Las Cortes Constituyentes de la República, la impulsora y máxima
defensora del voto femenino fue la diputada Clara Campoamor, del Partido
Radical. Luchó contra viento y marea, incluso dentro de su propia formación. En
el PSOE hubo división de opiniones, pero la postura oficial fue de apoyo. Un
buen número de sus diputados, entre ellos Indalecio Prieto, se ausentaron del
Hemiciclo para no votar el artículo que concedía el voto femenino en pie de
igualdad. El propio Prieto consideró que este derecho era "una puñalada
trapera a la República".
El
argumento más manido por entonces en el palacio de la Carrera de San Jerónimo,
amén de los que se referían a la biología y rol de las mujeres, fue que estaban
demasiado ligadas al marido y a la sacristía, por lo que sus sufragios
favorecerían a la derecha. Algo sobre lo que los historiadores tienen opiniones
encontratadas.
Campoamor,
en debates sin tregua también
con la otra diputada que había entonces, Victoria Kent (del Partido
Radical Socialista y partidaria de demorar el reconocimiento del derecho
femenino al sufragio), logró convencer. Votaron a favor 161 diputados y en
contra, 121 en una Cámara compuesta por 470 parlamentarios. Como recuerda el
periodista Isaías Lafuente en su libro Agrupémonos
todas, se opusieron "Acción Republicana y los partidos de las dos
únicas mujeres en la Cámara". "Sobre todo, Campoamor contó con el
apoyo del PSOE que, con alguna cualificada excepción, llevó hasta sus últimas
consecuencias el compromiso adquirido en las elecciones", añade. Por
cierto, la derecha votó a favor. Y oponerse a la limitación del aborto no es ir
en contra de los derechos de las mujeres, señor ministro.
Fuente:
www.elpais.com

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