17 Septiembre 2013
Por Pedro Taracena Gil
Las cosa por su nombre…
Cuanto más fehacientemente está implantado el franquismo en
España, más se evoca para justificar crímenes de toda naturaleza a
Constitución Española. La fiesta de los toros, el separatismo, la crisis
económica, la corrupción política, la economía, el Gobierno, la oposición, la
Iglesia y los empresarios, todos, evocan la legalidad vigente para justificar
sus crímenes. Sí, crímenes algunos horrendos. Por acción u omisión… Su cobardía
les lleva a falsificar el espíritu de las leyes para manipular la letra en su
beneficio. Confunden la gobernanza de una mayoría absoluta con un despotismo
absolutista. No les interesa discernir entre lo legal y lo justo y mucho menos
lo jurídico de lo moral. La letra mata mas el espíritu vivifica, que
escribiera un tal Saulo de Tarso. Su farisaísmo les lleva a
mantener el nacionalcatolicismo que inspiró al franquismo imperante,
flagrantemente en contra de la Constitución Española. Pero para que nadie se
rasgue las vestiduras, situación inevitable, es preciso aclarar el vocablo crimen,
tal cual lo expresa la Real Academia Española, y sobre todo cómo la percibe la
conciencia moral del pueblo. La percepción de los crímenes cometidos contra los
ciudadanos, que éstos albergan en su mente, no están a expensas de lo que
exclusivamente determine el lenguaje jurídico. No en balde la justicia emana
del pueblo.
Se denomina crimen a un delito grave. Una acción indebida o
reprensible. También una acción voluntaria de matar o herir gravemente a
alguien. Si el crimen es contra el pueblo será un crimen de lesa
humanidad y si es contra el monarca es de lesa majestad. Si
la ley es manifiestamente mejorable, será legal pero no justa. Y si las leyes
no están al servicio del pueblo y sólo sirven al poder o al capital, esas leyes
son injustas. En la actualidad el pueblo español es víctima de las políticas
criminales que emanan de la Unión Europea y que las aplica como serviles
lacayos los responsables políticos del Reino de España. Todo es legal pero no
todo es justo. Las acciones indebidas o reprensibles contra
los españoles están sujetas a Derecho, pero con estas conductas se están
cometiendo muchos crímenes, sí crímenes de lesa humanidad. Es sano y positivo
que a pesar de los desahucios, las preferentes, el hambre, la educación
cercenada y la sanidad limitando las expectativas de vida, la muerte, el pueblo
ya tiene conciencia de ello. Y los causantes de estos perversos hechos, se
escandalizan porque el pueblo les grita en la calle y en la puerta de su casa,
porque el resto del tiempo están escondidos en las madrigueras donde urden sus
crímenes. Y denuncian ser víctimas ellos y sus familias de ¡los escraches!
La Transición evitó llamar al franquismo por su nombre,
genocidio y a su caudillo dictador sanguinario. Si la Constitución hubiera
consagrado un nunca más en su articulado, ahora hacer apología
del franquismo sería delito. En la España actual, con el Gobierno formado por
los franquistas más convictos, herederos de Franco, Fraga, Aznar y la Iglesia,
desde la afición a los toros de Tordesillas, hasta el tema de la unidad de
España, toda la política está visionada bajo el prisma de la España de los
Reyes Católicos. Es justo discernir entre los genuinos franquistas herederos de
la dictadura como botín de guerra y la facción militarista minoritaria pero sí
vocinglera y los violentos que asaltan todo aquello que según ellos atenta
contra la unidad de España, porque la creen de su propiedad y sobre todo un
dogma que como todos los dogmas es fanático, infalible y eterno. España es así
pero hubiera sido otra, si no hubieran asaltado el Estado de Derecho implantado
por la República, aún sin restaurar en su totalidad.
Fuente: http://lacomunidad.elpais.com/

No hay comentarios:
Publicar un comentario