Artículos de Opinión | Madrilonia | 20-09-2013 |
1.- Durante años, el empleo y la nacionalidad han sido el
garante de los derechos básicos asociados al estado de bienestar. A través del
empleo accedíamos a un salario y con ese salario pagábamos los servicios y
bienes para sostenernos. De ese salario se extraían impuestos que servían para
pagar aquellos bienes y servicios necesarios para el sostenimiento de la
sociedad. Principalmente, educación, sanidad, pensiones y prestaciones por
desempleo.
2.- Las fuerzas organizaciones que garantizaban la relación
entre el capital (quién da el salario) y la fuerza de trabajo (quién lo recibe)
eran los sindicatos. Por ese motivo la reivindicación fuerte en materia de
derechos de los sindicatos siempre ha sido el horizonte del pleno empleo. Que
todo el mundo tenga un empleo permite mantener un sistema de salarios que a su
vez sostenga un estado de bienestar,… y una intermediación sindical para su
control. (Esto es muy tendencioso)
3.- Tanto en los periodos de mayor fuerza negociadora como
en los que menos esta propuesta dejaba fuera de remuneración, ya de origen,
toda una serie de trabajos fundamentales para el sostenimiento humano pero no
reconocidos como “trabajo” y por tanto no sujetos a salario. El más claro es el
trabajo de cuidados que realizan de forma mayoritaria, mujeres.
Además, se establecia un sistema de compensación entendiendo
que la complejidad social era mayor que todo el mundo trabajando todo el rato
en lo mismo. De ahí la cotización del paro (ligada aún así al empleo) y los
pobres sistemas de compensación para población excluída, como las rentas mínima
de inserción.
4.- Ese ecosistema laboral ha terminado por varios motivos.
En este momento la masa de trabajadores/as en paro es mayor que, por ejemplo,
la masa de trabajadores/as con trabajo fijo. Porque la llamada “población
excluída” (Concepto del que podríamos discutir mucho) ya no es una minoría
social, sino una mayoría. Desde este punto de vista se podrían plantear dos
asuntos centrales: 1º. el reparto del empleo, al ser escaso no tiene sentido
que se acumule; y 2º. el acceso a una renta garantizada para cualquiera como
mecanismo de reducción de la pobreza, o lo que es lo mismo, como mecanismo de
redistribución de la riqueza, que al igual que el empleo lo acumulan cada vez
menos personas. Esto sería justo, pero la renta básica no es esencia solo como
un mecanismo de compensación.
El empleo es un bien escaso, pero la producción de riqueza
por fuera del empleo (o el empleo no pagado o no reconocido como tal) es
tendencialmente mayoritario. Dos ejemplos, la salida a bolsa de twitter, una
empresa que sostiene su valor en el mercado financiero a partir de las
comunidades que sin recibir remuneración alguna se comunican en su interior. O
como empresas como Netflix utilizan los datos que se obtienen de los torrents
que nos descargamos para diseñar estrategias de mercado. En general, todo el
negocio asociado al big data es una explotación de una serie de datos que damos
en el contexto digital (aunque no solo) y que no tiene remuneración. La llamada
economía del conocimiento es más bien un monopolio particular de una riqueza
colectiva.
5. Casi todas las lecturas neokeynesianas que apuestan por
un retorno del empleo consideran que para salir de la actual situación de
dominio de las finanzas basta con una regulación adecuada que “haga pagar” a
las finanzas para, desde ahí, financiar la inversión productiva. Sin embrago
esta lectura no tiene en cuenta que el capitalismo se encuentra en un momento
histórico definido por un exceso de capacidad productiva que ya dura más de
cuarenta años. En términos prácticos, esto significa que cualquier estrategia
de crecimiento no financiera se va a encontrar, más pronto que tarde, con que
sus tasas de beneficio son debiles y, por tanto, lo será también su capacidad
de generar empleo en la escala y la potencia necesaria. Acabar con este exceso
de capacidad productiva requeriría unos niveles de socialización de las
decisiones productivas y de cooperación transnacional impensables hoy. En este
contexto, la Renta Básica aparece como la única manera de desvincular el
bienestar, los derechos y la capacidad productiva de la sociedad del contexto
de “crisis permanente” del capitalismo actual.
6.- Pagar un salario sobre la productividad en redes
sociales no es posible, pero el valor de un tuit o compartir un contenido en
facebook, comentar en un diario digital o recomendar una película no están
sujetos a una ecuación directa entre lo que produces en tiempo y la riqueza que
generas. La única manera de abordar el retorno económico es un gobierno de la
economía financiera y de esas tasas de beneficio enormes a favor de la
comunidades.
7.- La renta básica no es una renta “para no trabajar” sino
el reconocimiento de que no dejamos de trabajar en ningún momento, de producir
riqueza que luego el mercado valoriza. Desde un tuit al baile de los barrios
negros y latinos que termina siendo explotado por la MTV o Shakira. También es
un mecanismo para compensar desigualdades que permite, entre otras cosas, no
tener una dependencia total de tu propia capacidad de endeudamiento para
garantizar una vida “independiente” que no es tal, ya que sigue atada a
crédito.
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