Carlos Castresana,
fiscal del Tribunal Supremo y exdirector de la Comisión contra la Impunidad en
Guatemala, analiza la sentencia de 80 años de cárcel para el dictador Ríos
Montt y la confronta con el caso español de las víctimas del franquismo
PATRICIA
CAMPELO Madrid 13/05/2013 07:00 Actualizado: 13/05/2013 12:24
Carlos Castresana.
Hace
14 años, Rigoberta Menchú, premio Nobel de la paz en 1992, denunció ante la
Audiencia Nacional a ocho personas -entre ellas a Efraín Ríos Montt- por
delitos de genocidio, terrorismo y torturas cometidos durante las dictaduras
militares en Guatemala. Fue una llamada de atención para que la comunidad
internacional posara sus ojos en un conflicto ignorado. Ahora, el país centro
americano está haciendo justicia desde sus propias instituciones y gracias a la
ayuda que llegó del exterior. El pasado viernes, un tribunal penal guatemalteco
condenó a 80 años de prisión al ex militar golpista cuyo nombre llevó Menchú a
una instancia judicial española en 1999. Ríos Montt ha sido juzgado
y condenado por genocidio y crímenes de guerra cometidos por el ejército del
que él era responsable contra población ixil entre 1982 y 1983. Bajo su mando,
fueron asesinados 1.771 indígenas.
Para
alcanzar la realidad que demandaban las víctimas, ha sido esencial el trabajo
de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), dirigida
por el fiscal del Tribunal Supremo español Carlos Castresana entre 2007 y
2010. De su trabajo al frente de la CICG resultó la creación del
Tribunal de Alto Impacto -la instancia que ha juzgado a Ríos Montt- y la
detención de 150 altos cargos vinculados al dictador guatemalteco.
¿Cómo
valora la sentencia que condena a 80 años de prisión al dictador Efraín Ríos
Montt?
"La Comisión logró 150 capturas de personas de
altísimos nivel en relación a Ríos Montt"
Lo
valoro positivamente porque aunque hay quien dice que pone en riesgo la
estabilidad, y sí puede crear problemas, estaba previsto en los Acuerdos de Paz
que los crímenes de carácter internacional, y el genocidio lo es, estaban
excluidos de la amnistía, de modo que era una asignatura pendiente que las
circunstancias de los años siguientes [a las dictaduras militares] no
permitieron llevar adelante, pero que hoy en día sí que se puede y es
necesario. El país tiene que hacer frente a su historia.
¿Por
qué no se pudo procesar antes a los responsables del genocidio maya?
Porque
la amenaza sigue presente, y las condiciones legales existen pero las políticas
y sociales no lo permiten. Una cosa es la teoría de lo que se debe hacer y otra
que se den las condiciones de hecho para poderlo hacer. El trabajo del equipo
de 200 personas en los tres años que yo dirigí la CICIG fue imprescindible para
que esta realidad haya sido posible. Primero, porque el Tribunal de Alto
Impacto, el que ha juzgado a Ríos Montt, lo creamos nosotros, y a imagen y
semejanza de la Audiencia Nacional española: un tribunal en la capital, con
jurisdicción en todo el territorio, con jueces bien formados y con la debida
protección para hacer frente a los casos más graves, peligrosos y complejos. Y
segundo, porque nosotros conseguimos 150 capturas de personas de altísimos
nivel en relación con Ríos Montt: su hijo -el general Enrique Ríos Sosa-, su
antiguo yerno, Sergio Roberto López Villatoro -que era uno de los que tenía más
influencia en cómo se seleccionaba ‘mal' el poder judicial- y el que fue
presidente de su partido, Alfonso Portillo. La CICIG abrió el camino.
Los
abogados de Ríos Montt anunciaron su intención de recurrir la sentencia, y el
propio dictador calificó el juicio de ‘show político internacional'. ¿Qué
posibilidades se le abren a partir de ahora?
"La inmensa mayoría de la población sigue
discriminada"
Eso
forma parte de la normalidad democrática en un estado de derecho; el que no
esté conforme con una sentencia, que la recurra y que dejen a los tribunales
trabajar. Esto último es la mayor dificultad. Más allá del caso concreto, lo
importante para el futuro y para la viabilidad del país es que estos asuntos se
puedan ventilar ante los tribunales, que es donde tienen que resolverse, y que
dejen a los tribunales trabajar con independencia e imparcialidad.
Para
las víctimas, ¿qué consecuencias directas conlleva la sentencia?
"Un cuarto de millón de personas fueron masacradas, la
mayoría, mayas y civiles indefensos"
Muy
importantes. Un cuarto de millón de personas fueron masacradas, la mayoría,
mayas y civiles indefensos. En cualquier conflicto armado hay unas líneas rojas
muy claras que no se pueden traspasar: los combatientes se pueden matar entre
ellos pero no pueden matar civiles. Aquí estamos frente a uno de los genocidios
a los que la comunidad internacional ignoró. Sí nos ocupamos del caso de
Ruanda, del de Yugoslavia y otras situaciones análogas. Pero el genocidio de
Guatemala no fue objeto de acción por parte de la comunidad internacional.
Afortunadamente, desde fuera sí llegó un apoyo durante años al sistema de
justicia guatemalteco, lográndose que, al final, las propias instituciones
guatemaltecas hayan sido capaces de hacer el trabajo.
Y,
¿qué supone la condena a Ríos Montt para la sociedad guatemalteca en general?
Es
un momento histórico. Hay un antes y un después. No hay manera de construir una
sociedad desarrollada, libre, y un verdadero estado de derecho si no se hace
frente a una realidad terrible que hasta ahora se estaba ignorando. La inmensa
mayoría de la población sigue discriminada, sin tener igualdad de oportunidades
ni acceso a los cargos públicos. Son víctimas de una cadena de crímenes
terribles que la sociedad había preferido ignorar, pero están ahí. Las consecuencias
para las víctimas son: reconocer la dignidad que les corresponde y la dignidad
a la que tienen derecho.
Ríos
Montt fue diputado en el Congreso de Guatemala hasta enero de 2012. Las
víctimas denuncian que responsables del genocidio sigan ocupando puestos de
poder. ¿Circunstancias de esta índole han podido dificultar el proceso
judicial?
"Que el proceso contra Ríos Montt haya salido adelante
no significa que el sistema esté saneado"
Mucho,
ha habido un montón de entorpecimientos de tipo procesal, de presión política y
de toda naturaleza. Que el proceso haya podido salir adelante no significa que
el sistema esté saneado, esto va a seguir siendo extremadamente deficiente y no
cumple con el deber de dar tutela a los ciudadanos, que es para lo que se supone
que sirve un sistema judicial. El caso [de Ríos Montt] es una excepción
esperanzadora; esperamos que se generalice, pero hay mucho trabajo que hacer.
Es un buen punto de partida y ahora tienen que trabajar más en el medio y largo
plazo con una política criminal que les permita tener un sistema eficiente
donde la gente se sienta protegida, porque el triángulo norte de Centroamérica
-Guatemala, El Salvador y Honduras´- sigue siendo el lugar más violento del
mundo. Allí, la mayor parte de los conflictos de tipo familiares, de negocios o
cualquier clase de controversia entre ciudadanos se resuelven muchas veces a
balazos porque no hay una manera civilizada en la que un árbitro, que es un
juez, se interponga y resuelva la controversia por métodos pacíficos.
Usted
abandono la CICIG en 2010. ¿Se volvió insostenible el trabajo contra la
impunidad?
La
Comisión sigue, y no soy quien para valorar el trabajo que ha hecho después,
pero yo, después de tres años, personalmente estaba exhausto, y había dejado de
ser un interlocutor. Cuando metes en la cárcel a una persona
poderosa te enemistas con un cierto grupo. Y cuando has hecho eso 150 veces,
pues prácticamente has dejado de ser interlocutor porque no hay ningún grupo
con el que no tengas un contencioso.
¿Este
proceso judicial puede servir de aviso a la corrupción existente en diferentes
instituciones de Guatemala?
Debería
serlo en el sentido de que, quienes estén realizando esas conductas a día de
hoy, también están sujetos a responsabilidad. Ese es el desafío, lo que hoy es
un caso excepcional, debería convertirse en rutina, pero eso es muy fácil
decirlo y muy difícil hacerlo.
¿Sentencias
condenatorias como la de Ríos Montt contribuyen a profundizar la democracia de
un país?
Si,
sin duda refuerzan el estado de derecho. Este caso tiene la desventaja de que
es una excepción, pero ejemplarizante, que envía el mensaje correcto de que no
hay nadie por encima de la ley.
En
Argentina se sigue un querella contra el franquismo interpuesta por víctimas
que vieron cerradas las puertas de la justicia en España. ¿Por qué aquí no es
posible juzgar la dictadura militar?
"Guatemala, El Salvador y Honduras siguen siendo los
lugares más violentos del mundo"
Porque
en la transición se dejaron de hacer muchas cosas que se debían haber hecho:
restablecer la verdad, la justicia, haber ofrecido reparaciones. Se llevó a
cabo una transición política superficial, que alcanzó el sufragio -que es muy
importante- pero una democracia no es sólo sufragio, también el estado de
derecho. No se logró que el poder judicial fuera
verdaderamente independiente; se escribió una constitución que en
muchos aspectos importantes no se aplica y los organismo de control no han
funcionado como deberían. Por ejemplo, el Tribunal de Cuentas tardó años en darse
cuenta de que Jesús Gil saqueaba el ayuntamiento de Marbella, y ahora les
reclama a sus herederos. Hicimos una transición ‘low cost' y lo que conseguimos
es una democracia ‘de todo a cien'.
¿En
España aún se podría configurar una comisión de la verdad como han hecho países
que han superado las dictaduras militares de su pasado?
Es
una tarea pendiente que en algún momento habrá que abordar. El precedente más
remoto es el de Australia, donde tardaron 90 años en hacer una comisión de la
verdad para investigar los crímenes de los que había sido víctima la población
aborigen. En España, no sé cuándo habrá condiciones para ello, pero habrá que
hacerlo porque hemos dejado en el tintero cosas muy importantes que hacen que
este sistema funcione de manera tan deficiente como estamos viendo estos días.
Si la nueva democracia española hubiera sido capaz de abordar con seriedad, con
objetividad y contundencia los primeros casos de corrupción que se
presentaron en los años 80, pues no tendríamos la epidemia que estamos
contemplando estos días.
Y,
esa supuesta comisión, ¿debería fijar una verdad oficial de los hechos?
Absolutamente.
Y las víctimas del franquismo tendrían que tener el mismo estatuto jurídico que
tienen las víctimas del terrorismo, ni mejor ni peor, exactamente el mismo. Son
víctimas de la violencia política, y si unas tienen derecho a la memoria y a la
justicia y a la reparación, no veo por qué las otras no.
¿Hay
víctimas de primera y de segunda clase en España?
"Cuando metes en la cárcel a una persona poderosa te enemistas
con un cierto grupo"
Hay
víctimas ignoradas y escondidas, lo mismo que estaba pasando en Guatemala hasta
el viernes. Allí había una cantidad enorme de personas que habían sido
violadas, asesinadas, saqueadas, y que no tenían un sitio en la sociedad. En
España, afortunadamente la convivencia es más fácil porque los hechos son más
antiguos, pero aun así sigue habiendo una enorme cantidad de personas que no
han visto reconocidas en la democracia española los derechos que les reconoce
el derecho internacional. Seguimos teniendo 130.000 desaparecidos.
Salvando
las diferencias, el caso de Guatemala y el español coinciden en la categoría de
los delitos y en las demandas de las víctimas.
Claro,
pero también en el mismo contexto de dificultad de hacer frente a esos procesos
desde el mismo país donde los crímenes se han producido. Las condiciones son
muy difíciles porque los responsables están todavía ahí y siguen teniendo
capacidad de influir, de presionar y de amenaza. Es la comunidad internacional
la que tiene que tender la mano para ayudar a esos países en conflicto a
superarlo bien, no cerrando en falso las heridas, y construir un verdadero
estado de derecho. En el caso de España, es evidente que las Naciones Unidas,
el Consejo de Europa, el Tribunal europeo de Estrasburgo y la Unión Europea no
han hecho lo que debían para que España se hubiera integrado como miembro de
pleno derecho [en la UE] habiendo hecho sus deberes.
¿Cómo
ha influido la sociedad civil en Guatemala a la hora de reparar su pasado?
"En España hicimos una transición ‘low cost’ y
conseguimos una democracia de todo a cien"
Ha
habido grupos e individualidades notables que han mantenido la lucha por la
justicia durante todos estos años, en muchos casos con un coste personal
terrible y con un riesgo permanente para su vida y seguridad. Y también, ha
habido una ayuda generosa de la comunidad internacional que, aunque no ha hecho
el trabajo desde fuera, sí ha permitido inyectar dinero, entrenamiento y
capacitación en las instituciones guatemaltecas hasta que se ha producido el
milagro de que esas propias instituciones han sido capaces de hacer un trabajo
que, por ejemplo, en la ex Yugoslavia, hizo el tribunal internacional
[específico] que se creó.
En
Guatemala se han juzgado delitos cometidos en los años 80. En España, además de
los impedimentos que dejó la transición, ¿es determinante la distancia temporal
respecto a la comisión de los crímenes para que no se llegue al esclarecimiento
de los mismos?
Nosotros
tenemos que revisar nuestra historia, que tampoco es tan remota. Lo más lejano
es la guerra civil y posguerra, y sus responsables están muertos, pero la
dictadura llegó hasta 1975, se siguieron cometiendo delitos hasta entonces y
muchos de esos responsables sí están vivos y las víctimas también.
¿Qué
enseñanza extraemos del caso de la dictadura militar de Guatemala?
Que
la lección para la sociedad de hacer frente a su pasado y de resolverlo,
además, como dicta el derecho internacional, debe hacerse. Es una tarea
pendiente.
Fuente: www.publico.es

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