domingo, 12 de mayo de 2013

LA IGUALDAD ES CLAVE




11.05.2013 | 02:35
ANDRÉS CEPADAS Ayer, querida Laila, fue el día 21 de Floreal.
                                            Calendrier-republicain
 Ese día de 1796 fue detenido por conspiración contra el Estado François (Gracus) Babeuf, que intentó un golpe revolucionario para restablecer la Constitución de 1793, que en realidad nunca había entrado en vigor pero que profundizaba en el camino abierto por la Revolución francesa de 1789. Por cierto que la citada Constitución proclamaba ya el sufragio universal. Babeuf fue ejecutado un año más tarde y su intento revolucionario fue conocido por la "conspiración de los iguales". Efectivamente, desde la misma toma de la Bastilla, la preocupación de Babeuf era alcanzar de facto la igualdad real de los ciudadanos, que consideraba fundamental para asegurar las otras dos patas de la revolución: libertad y fraternidad. Ya en el mismo año 1789 Babeuf propone lo que se llamó "Catastro perpetuo", de hecho una reforma fiscal a fondo que incluía un reparto equitativo de todas las propiedades a once fanegas por hogar. Este intento le valió que fuese considerado como el precursor de las futuras doctrinas igualitarias, que habían de jugar tan importante papel en el mundo contemporáneo.
El lema Libertad, igualdad, fraternidad nace en el periodo revolucionario, principalmente como un eslogan para el permanente estado de guerra que hubo de sufrir la Revolución: "¡Libertad, igualdad, fraternidad o la muerte!", gritaban los ciudadanos. Sin la disyuntiva de la muerte, el eslogan fue oficialmente asumido para el Estado francés por su Segunda República en 1848 y está hoy más vigente que nunca, no solo para los franceses, sino también para muchos pueblos y ciudadanos del mundo, precisamente porque estas aspiraciones, esenciales para el ser humano, nunca se vieron razonablemente cumplidas y siguen siendo un objetivo a alcanzar y hacia el que se avanza con pasos adelante y atrás. Gracus Babeuf tuvo la lucidez de percibir que la clave para alcanzar las metas de la revolución estaba en conseguir la igualdad real de los ciudadanos, ya que sin ella no es posible ni la libertad efectiva y mucho menos la fraternidad que, realmente, es imposible entre desiguales.
La evocación de Babeuf, querida, me surgió luego de mi conversación contigo, en la que convenimos que el gran debate actual no es otro que el de la igualdad, en todos sus aspectos. Desde la igualdad de la mujer, que llevas tan a flor de piel, a la de todos los ciudadanos ante los efectos y presuntas salidas de la crisis, pasando por la igualdad de oportunidades, que defendieron el jueves docentes y discentes en las calles de España; la equidad fiscal, tan en pañales; o la irritante precariedad de la igualdad de los ciudadanos ante la ley y la justicia, que se ha puesto de manifiesto con esta inusitada desimputación excepcional de la infanta Cristina. Tan inusitada como la misma palabra, que ni siquiera está en el diccionario y puede que entre antes en la jurisprudencia, si alguien no lo remedia. Las palabras del Rey, en la Navidad de 2011, "la justicia es igual para todos", se desmoronaron como castillo de naipes. Mejor que hubiera dicho: "La justicia debiera ser igual para todos", expresando así una aspiración general no cumplida, hacia la cual, sin duda, algunos pasos se han dado, pero quedan muchos por dar, como muy bien demuestra el caso de su propia hija.
Los ciudadanos ya sabían que, en la práctica, la justicia no es igual para todos. Recuerdo aquel abuelo que terminaba siempre el rezo del rosario en familia con un Padre nuestro "para que Dios nos libre de la justicia". Lo sabían y lo saben, pero aspiran legítimamente a la igualdad ante la ley y por eso, querida, los irritan y desmoralizan tanto, pasos atrás de tamaña estridencia.
Un beso.
Andrés

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