Artículos de
Opinión | Donny Gluckstein * | 14-05-2013 |
Este año
2013 se conmemora un trágico aniversario. Hace 80 años que Hitler impuso su
dictadura sobre Alemania. El 27 de febrero de 1933, al poco de su nombramiento
como canciller, el parlamento fue incendiado, hecho que probablemente fue obra
de los nazis. Esta fue la excusa necesaria para prohibir el partido comunista
(KPD) y empezar la represión masiva. El 22 de marzo se abrió el primer campo de
concentración en Dachau cerca de Munich. El siguiente día las SA —tropas de
choque— intimidaron a los diputados restantes para que apoyaran la Ley
Habilitante que otorgaba a Hitler el poder de introducir cualquier medida que
él quisiera sin aprobación democrática.
Muchos
factores influyeron en el ascenso al poder de Hitler. Algunos estuvieron fuera
del control de la izquierda. En 1918 una revuelta de masas acabó con la Primera
Guerra Mundial y barrió al Káiser. Durante cinco años Alemania estuvo al borde
de la revolución.
Hitler
atrajo hábilmente el apoyo de todos aquellos sectores hacia el partido nazi
desviando la atención de las raíces reales de la crisis —del sistema
capitalista— y cargando la culpa en las organizaciones de la clase obrera.
Éstas, prometió a sus seguidores, tendrían que ser “completamente destruidas.
No tenemos que descansar hasta que el último periódico sea destruido, la última
organización liquidada, el último núcleo de formación exterminado...”.
En 1933, con
el partido nazi disfrutando del espaldarazo electoral masivo y de las cotas
máximas de popularidad, la clase dirigente se alineó con Hitler para
implementar su programa y lo nombró canciller. El estamento militar cercano al
presidente Hindenburg y los grandes negocios habían concluido que “cualquier
otra decisión habría generado una huelga general, o bien una guerra civil...”.
Movimiento
obrero
Que la clase
dirigente buscaba hacer pagar su crisis a la clase trabajadora era previsible.
La cuestión clave era: ¿Qué haría nuestro bando? La inmensamente poderosa clase
trabajadora alemana estaba organizada en dos partidos. El socialista (SPD) que
era el más grande y, desde la guerra, había estado a menudo en el gobierno. Era
un partido reformista conectado a los principales sindicatos. La dirección del
SPD ignoraba la amenaza del nazismo, confiando que la constitución democrática
de Alemania sería suficiente para evitar que Hitler llevara a cabo sus
amenazas. Creían que “nuestros enemigos se hundirían mediante nuestra
legalidad”. Así Wels, uno de los líderes más destacados, incluso criticó a
militantes por escribir graffitis antinazis en las paredes porque ¡no era
legal!
El KPD era
menor, pero siendo el partido comunista más grande de fuera de la URSS, era
bastante grande. Escribiendo desde el exilio, Trotsky describió a los
comunistas como “la flor y la nata del proletariado alemán” que estaba
“gobernado por la sincera y ardiente aspiración de acabar con los fascistas, de
escindir las masas de su influencia, de derribar el fascismo y abatirlo —de
esto se entiende que no puede haber ninguna duda”. Y pusieron sus creencias en
práctica. Sólo durante el mes de junio de 1932, la lucha en la calle de las y
los comunistas contra las camisas pardas dejó 99 muertos y 125 heridos de
gravedad.
La oposición
efectiva al ascenso de los nazis habría dependido por lo tanto de la estrategia
seguida por el partido comunista. Trágicamente fue entonces cuando el partido
adoptó la llamada línea del Tercer Periodo. Al mismo tiempo que la crisis del
capitalismo estaba destruyendo las vidas de millones y los nazis de Hitler
conseguían grandes éxitos electorales —creciendo del 2,6% del voto en 1928 al
37,4% en 1932—, el KPD concentró su atención en el otro sector de la izquierda.
Hizo acusaciones ridículas contra los socialistas, tildándolos de “social
fascistas” y “mil veces peor que una dictadura fascista”.
Fue una
distracción desastrosa de los problemas reales de la época —la crisis económica
y la amenaza del fascismo— y produjo una división de las fuerzas de la
izquierda que no se podría superar.
* Es
militante del Socialist Workers Party, organización heramana de En lucha / En
lluita en Gran Bretaña.

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