Artículos de
Opinión | Juan García-Landete | 09-05-2013 |
La Plaza
Roja vuelve a vestirse de gala para acoger el grandioso desfile militar
conmemorativo Día de la Victoria en la Gran Guerra Patria que será transmitido
en directo por la televisión central.
Una vez más,
el presidente de Rusia, Vladímir Putin, presidirá una extraordinaria parada
militar desde su tribuna de honor junto a los muros del Kremlin, acompañado del
primer ministro, Dmitri Medvédev y otras figuras de relieve del mundo de la
política y de la cultura.
Moscú será
testigo de imágenes recurrentes, familiares, intemporales. Las botas de los
soldados volverán a pisar el viejo adoquinado; las voces marciales, los
estandartes, el paso de los acorazados y los aviones en vuelo rasante le darán
un ambiente escénico a la principal plaza del país.
Sin embargo
esto no ha sido siempre así, tras la primera y solemne revista de tropas, el 24
de junio de 1945, todos los recursos de la nación se dedicaron a la
recuperación tras la guerra. La parada militar dejó de celebrarse y solo se
retomó la tradición en 1965, cuando el gobierno decidió que tuviera lugar una
vez cada cinco años. Años después, durante los turbios noventa, hubo una pausa
durante otro quinquenio. Desde 1995 se celebra cada año.
Según
fuentes oficiales, en este desfile que conmemora el 68 aniversario de la
Victoria en la Gran Guerra Patria, tomarán parte más de veinte mil soldados y
más de mil quinientos músicos.
Rusia
demuestra en este brillante acto mucho de su vigor militar: unidades de
transporte, vehículos anfibios, los poderosos tanques T-90, los misiles
balísticos de última generación Topol-M y los novedosos sistemas de misiles
antiaéreos Pantsir. Tropas y equipamiento en perfecto estado de revista y
coordinación después de semanas de prácticas y ensayos.
Una
exhibición exuberante que, en Moscú, tendrá su réplica en el cielo. Los mejores
pilotos y aviones del ejército del aire cruzarán en formación el cielo
moscovita. Un espectáculo que culminará cuando dos helicópteros hagan ondear la
bandera nacional rusa a través de la Plaza Roja.
El lustre de
las tropas con sus uniformes de gala que eleva la autoestima de los miles de
ciudadanos que abarrotarán las calles y avenidas para verlos pasar. Un
acontecimiento diseñado para rendir homenaje a los combatientes en la Guerra.
En este sentido, el gobierno cuida las formas y todos los veteranos que lo
deseen son los invitados de honor en los desfiles de Moscú y de las otras
veinticuatro ciudades del país.
Toda la
jornada (en realidad varias, si se cuentan los ensayos de los días anteriores)
pivota en torno a los cuarenta y cinco minutos del desfile. Pero esta se divide
en múltiples celebraciones. Algunas oficiales, como la ofrenda de flores del
presidente a la tumba del soldado desconocido o el espectacular castillo de
fuegos artificiales que se dispara desde cientos de cañones a las diez de la
noche y sirve de colofón a la fiesta; otras son más íntimas, anónimas y que
tienen lugar en cada barrio, en cada casa.
Es muy
difícil dar con personas que no tengan nada que ver con la Gran Guerra Patria.
Todas las familias tienen algún pariente relacionado con ella, lo cual da una
idea de lo popular de la fiesta. El Estado cuida a sus veteranos y les paga una
pensión con unos privilegios especiales. La gente los respeta y los admira. Y
todavía hoy su figura conserva aureola heroica forjada por el poder soviético.
El 9 de mayo es su día y salen orgullosos a la calle vestidos con sus mejores
galas y condecoraciones. .. En el recuerdo queda lo ocurrido tras la
capitulación de Alemania en el lejano 1945: alegría y felicidad, entusiasmo en
las calles de las ciudades y de los pueblos, para celebrar entre abrazos, con
risas y con lágrimas el final de una de las peores tragedias que ha vivido este
país.
Algunos
veteranos gustan de celebrar este día junto con sus antiguos compañeros. Son
personas que afrontaron la tragedia de la guerra codo con codo y se hermanaron
para siempre. Son reuniones emocionantes con avalanchas de recuerdos, vodka,
pan negro, canciones y versos marciales. Acordes inmortales que en Rusia conocen
todos y que ponen la piel de gallina… La nostalgia por aquellos camaradas que
se fueron quedando en el camino, y los que murieron en el frente.
Entre tanto
el 9 de mayo está en la calle, por todas partes. Es imposible pasarlo por alto.
Los preparativos comienzan con mucha antelación. Posters, carteles, el
transporte público está adornado con motivos militares. Los periódicos y las
revistas publican monográficos, las televisiones y las radios emiten programas
especiales. Hay conciertos musicales por toda la ciudad… y se vuelven a emitir
año tras año, las mismas películas bélicas de la época soviética, clásicos en
blanco y negro.
Las calles
tienen un aspecto de bullicio tranquilo. Se ve a gente por doquier con cintas a
rayas negras y naranjas prendidas de la ropa. Las cintas de la Orden Imperial y
militar de San Jorge, el símbolo de este día, que se reparten gratuitamente por
millones. Se respira un ambiente festivo: saludos, flores y sonrisas. El
habitual frenesí cotidiano ha desaparecido.
Sin embargo
es una fiesta condenada a cambiar su rostro y, con el paso de los años, quizás
su sentido. Es obvio que la mayoría de los veteranos tiene cerca de los noventa
años. Son los últimos representantes de una generación que pudo repeler la
brutal agresión nazi y que decantó la victoria final para las fuerzas aliadas.
En medio de un mar de sangre demostraron un arrojo infinito. Una victoria que
se forjó en las terroríficas batallas de Stalingrado y Kursk.
El Día de la
Victoria es, sin duda, una fiesta que debe permanecer para siempre. Es la
quintaesencia del tesón y la voluntad de un pueblo que se exprimió para salir
de una situación de máxima exigencia. Que venció cuando parecía imposible. Es
la fiesta del orgullo, de la superación, una exaltación de la vida.
Desfile militar
por el Día de la Victoria en la Plaza Roja: http://spanish.ruvr.ru/2013_05_08/D...
Nada tengo que decir sobre el heroico pueblo ruso, pero si sobre su dirigente José Stalin a mi juicio fue la victoria de un criminal sobre otro criminal, y si no que se lo preguntes a los habiutantes de los antiguamente llamados países satélites de la URSS, que enviaron a los gulags, simplemente por ideas políticas. Hoy tienes a algunas de sus hijas o nietas trabajando como empleadas de hogar en España, ellas, te pueden contar la realidad vivida por sus familias como nos la cuentan en nuestro país los hijos y nietos de los represaliados por el franquismo.
ResponderEliminarPOR FAVOR, LECTOR ESCIRBE TU COMENTARIO, GRACIAS