David Ruiz.
Historiador, catedrático emérito de la
Universidad de Oviedo.
Hubo un
tiempo en que solo los nostálgicos del franquismo y
del republicanismo se sintieron insatisfechos con la
democracia que llegó tras la dictadura franquista. Sin embargo, una
generación después, son legión los partidarios de reformar la
Constitución de 1978 : tantos según el barómetro del CIS del pasado noviembre,
que al cumplir esta 34 años el 52,5% ya
apuesta por modificarla frente al 37,4 % que
opina lo contrario. Y con el añadido de que por vez primera el
PSOE figura entre los primeros quebrándose el consenso que en
tal cuestión de Estado también venía manteniendo con el PP.
La alternancia en el poder de PP y PSOE puede estar
llegando a su fin. ©Antonio Marín Segovia
Aunque
el bipartidismo soñado hace tres décadas por Manuel
Fraga acabó como el rosario de la aurora al pronunciarse por la
abstención en el referéndum de la OTAN, la alternancia de populares y
socialistas en los gobiernos que se han venido sucediendo
desde el año 2000 hasta nuestros días les han resultado
tan beneficiosos a ambos como letales han acabado siendo
para el conjunto del sistema político emergido en los
comienzos de la Transición. Compartiendo la intangibilidad de
una ley electoral que les ha venido proporcionando litario a
el turno de los partidos,llegos pernativo,el 15 M, unas mayorías
tras otras ya gobernando en solitario o con la ayuda de los nacionalistas
catalanes y vascos, populares y socialistas mantendrán
durante sus respectivas travesías el disfrute de privilegios un
tanto indecorosos para una democracia moderna. Unidos sin fisuras en la defensa
de la opacidad de la Casa Real y la sobre protección
del jefe del Estado, apostarán también juntos por la
pervivencia de un Senado que solo ha servido para
retirar confortablemente a centenares de sus correligionarios
amortizados, por el reparto del gobierno del poder judicial y
de los bien retribuidos miembros del Tribunal de Cuentas del Reino,
además de otras sinecuras.
Si de las
complicidades institucionales de populares y socialistas
pasamos a la “obra de gobierno” desarrollada por ambos,
el balance resultante se aproximaría a que ha sido la
política económica con su correlato de fiscalidad en beneficio de los
poderosos, la que se ha llevado la palma de la
coincidencia entre el partido obrero centenario y el surgido
de las capas medias y acomodadas del tardofranquismo. Acerca
de la adversidad sufrida por los socialdemócratas españoles
ante el neoliberalismo hoy imperante quedará para la
posteridad el episodio protagonizado por el presidente del gobierno
socialista José Luis Rodríguez Zapatero cuando al finalizar un
consejo de ministros durante su primer gobierno declaró complacido
a los medios haber descubierto que “bajar los impuestos a los ricos
era de izquierdas”. De cómo las grandes empresas premiarían
esta cortesía baste recordar la recolocación en ellas
de casi medio centenar de ex políticos socialistas y populares –
encabezados por los ex presidentes Felipe González y José María
Aznar - con elevadas retribuciones económicas.
Amplia gama de intereses compartidos por PP y PSOE
Cierto fue
también que entre ambos partidos mayoritarios no faltaron
desencuentros en como los de la guerra de Iraq y el matrimonio
homosexual pero que socialistas y populares se
las arreglaron para intercambiarse favores como que el
último gobierno de Rodríguez Zapatero indultara al mayor
banquero del país acusado de estafa y Mariano Rajoy
en su primer año del primero concediera la misma gracia a
cuatro mossos d ‘esquadra por torturar a un rumano inocente sin
atender la protesta de centenares de jueces indignados, ilustra sobre la amplia
gama de intereses que populares y socialistas han venido
compartiendo. ¿Extraña, después de lo sumariamente referido, que los
protagonistas del por algunos analistas llamado ”bipartidismo
imperfecto” acordaran con nocturnidad el 23 de agosto de 2011
- sin el debate parlamentario que la alta ocasión requería –
la reforma “exprés” del artículo 135 de la
hasta entonces intocable Constitución de 1978?
No se vislumbra el día en que finiquiten los
últimos flecos de la estela de corrupción que les han acompañado a
ambos partidos. ©Popicino
No está
escrita aún la fecha en la que populares y socialistas dejarán de
disfrutar de la ingente suma de votos que cada uno a su manera
pastoreó a las urnas desde las elecciones generales del 2000 hasta
la de 2011. Tampoco se vislumbra el día en que finiquiten los últimos
flecos de la estela de corrupción que les han acompañado a ambos,
en especial a los populares, desde los lejanos tiempos socialistas de Filesa y
Roldán a los actuales populares Bárcena, Gürtel y Díaz Ferrán, el
que llegó a presidir la gran patronal. Pero que la alternancia de
populares y socialistas puede estar llegando a su fin no solo lo acaban
de apuntar las últimas encuestas, también las recientes elecciones
autonómicas en las que el PSOE, algo insólito, perdió respaldo en Galicia
y Cataluña estando en la oposición. Como sorprendente ha sido
que los populares hayan perdido decenas de miles de
votos en Galicia aunque volvieron a ganar la presidencia de la Xunta, y
se hayan estancado en Cataluña en la coyuntura electoral
más favorable para crecer que ni soñada : vérselas con
la amenaza separatista esgrimida por la derecha nacionalista.
Si a
esta tendencia electoral decreciente se suman los
efectos de la crisis económica que Rodríguez
Zapatero llegó a entender como un infundio propalado por quienes
no le perdonaban el matrimonio homosexual, y Mariano Rajoy
la interpretó como el castigo merecido por haber vivido por
encima de nuestras posibilidades, no es descabellado vaticinar que
el ”bipartidismo vertebrador” de la España de la
transición tenga ya los días contados habida cuenta los
estragos causados : más del 25% de desempleo y llevado el
país a la cola de la desigualdad social europea. Lógico que una encuesta
privada publicada el pasado dos de diciembre reflejara que el 71 %
del censo rechazara la actual gestión
gubernamental del popular Mariano Rajoy y el 85% desconfiara
de la oposición socialista liderada por Alfredo López
Rubalcaba; y que otra encuesta oficial publicada
el día seis del mismo diciembre reflejara
que menos de la tercera parte del censo electoral, el 30,5 %,
estaba satisfecho con el funcionamiento de nuestra
democracia. Triste final, pues, del tránsito de la
dictadura a la democracia aplaudido como modélico por muchos
e incompleto por los que con tan fundadas razones como la de
aceptar sin referéndum previo la forma monárquica del Estado
impuesta en 1969 por el vencedor de la Guerra Civil.
Después de
muchos años de bonanza, el barómetro del CIS de noviembre de 2011
suspendía por primera vez la monarquía. Como desde entonces
no se tiene noticia de la suerte seguida por la institución no
sobraría que los dos partidos mayoritarios
despidieran su relación acordando que el citado centro
oficial de investigaciones sociológicas mantuviera puntualmente
informada al censo sobre las preferencias en tan importante cuestión.
Ayudarían a romper la tradición evitando
sobresaltos como los sufridos por el trono en septiembre de
1868 y abril de 1931 y el “hemos perdido todo pero la
monarquía se ha salvado” del liberal Montero Ríos tras el desastre
colonial del 1898 . La ciudadanía les quedaría
agradecida.
Etiquetas: bipartidismo
Fuente: http://www.cronicapopular.es/


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