lunes, 21 de enero de 2013

FINAL DE TRAYECTO: LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA EN CRISIS TERMINAL




– 21 enero, 201

David Ruiz.
Historiador, catedrático emérito de la Universidad de Oviedo.
Hubo un  tiempo  en  que  solo los nostálgicos del franquismo y del  republicanismo se sintieron insatisfechos  con la  democracia  que llegó tras la dictadura franquista. Sin embargo, una generación  después, son legión  los partidarios de reformar la Constitución  de 1978 : tantos según el barómetro del CIS del pasado noviembre,  que  al cumplir  esta  34 años  el 52,5%  ya  apuesta  por  modificarla  frente al 37,4 %  que opina lo contrario. Y con el añadido  de que por vez primera  el PSOE  figura  entre los primeros quebrándose el consenso que  en tal cuestión de Estado también venía manteniendo con el  PP.
La alternancia en el poder de PP y PSOE puede estar llegando a su fin. ©Antonio Marín Segovia
Aunque  el bipartidismo soñado  hace tres décadas  por  Manuel Fraga  acabó  como el rosario de la aurora al pronunciarse por la abstención en el referéndum de la OTAN, la alternancia de populares y socialistas en los gobiernos  que se han venido sucediendo  desde  el año 2000  hasta nuestros días les han resultado  tan  beneficiosos a ambos como letales han  acabado siendo  para el  conjunto del  sistema  político emergido en los comienzos de la Transición. Compartiendo  la intangibilidad  de  una  ley electoral  que  les ha venido proporcionando litario a el turno de los partidos,llegos  pernativo,el 15 M, unas  mayorías tras otras ya  gobernando en solitario o con la ayuda de los nacionalistas catalanes y vascos,  populares y socialistas  mantendrán  durante sus respectivas travesías el disfrute de  privilegios un tanto indecorosos para una democracia moderna. Unidos sin fisuras en la defensa de la  opacidad  de la Casa Real y  la sobre protección  del jefe del Estado, apostarán  también juntos  por  la pervivencia de  un  Senado  que solo  ha servido para  retirar confortablemente  a centenares de  sus  correligionarios  amortizados,  por el reparto del gobierno del poder judicial  y de los bien retribuidos miembros  del  Tribunal de Cuentas del Reino, además  de  otras  sinecuras.
Si de las complicidades  institucionales  de populares y socialistas  pasamos a  la “obra  de gobierno” desarrollada  por ambos, el balance resultante  se aproximaría a que  ha sido  la política económica con su correlato de fiscalidad  en beneficio de los poderosos, la  que se ha llevado la palma  de la  coincidencia  entre el partido obrero centenario y  el  surgido  de las capas medias y acomodadas del  tardofranquismo.  Acerca de la adversidad  sufrida por los  socialdemócratas  españoles  ante el  neoliberalismo hoy imperante quedará para la posteridad  el episodio protagonizado por el  presidente del gobierno  socialista  José Luis Rodríguez Zapatero cuando al finalizar un consejo de ministros durante  su primer gobierno declaró complacido   a los medios  haber descubierto que “bajar los impuestos a los ricos era de izquierdas”.  De  cómo las grandes empresas  premiarían esta cortesía   baste recordar la recolocación  en ellas  de casi medio centenar de ex políticos  socialistas y populares – encabezados por  los ex presidentes  Felipe González y José María Aznar -  con elevadas retribuciones económicas.
Amplia gama de intereses compartidos por PP y PSOE
Cierto fue también que  entre ambos partidos mayoritarios no faltaron  desencuentros en  como los de la guerra de Iraq  y el matrimonio homosexual   pero que  socialistas y  populares  se las arreglaron  para  intercambiarse favores  como que  el último gobierno de  Rodríguez Zapatero  indultara  al mayor banquero del país  acusado de estafa  y   Mariano Rajoy  en su primer año del primero  concediera la misma gracia a  cuatro mossos d ‘esquadra  por torturar a un  rumano inocente sin atender la protesta de centenares de jueces indignados, ilustra sobre la amplia gama de intereses  que populares y socialistas  han venido compartiendo. ¿Extraña, después de lo sumariamente referido, que  los protagonistas  del  por algunos analistas llamado  ”bipartidismo imperfecto” acordaran  con nocturnidad  el 23 de agosto de 2011  - sin el debate parlamentario  que la  alta ocasión requería – la  reforma “exprés”  del artículo 135   de  la  hasta entonces intocable  Constitución de 1978?
 No se vislumbra el día en que finiquiten los últimos  flecos de la  estela de corrupción que les han acompañado a ambos partidos. ©Popicino
No está escrita aún la fecha en la que populares y socialistas dejarán de disfrutar  de la ingente suma de votos que cada uno a su manera   pastoreó a las urnas desde las elecciones generales  del 2000 hasta la de 2011. Tampoco se vislumbra el día en que finiquiten los últimos  flecos de la  estela de corrupción que les han acompañado a ambos, en especial a los populares, desde los lejanos tiempos socialistas de Filesa y Roldán  a los actuales populares Bárcena, Gürtel y  Díaz Ferrán, el que llegó a presidir  la gran patronal. Pero que la alternancia de populares y socialistas  puede estar llegando a su fin no solo lo acaban de apuntar  las últimas encuestas, también las recientes elecciones autonómicas en las que el PSOE, algo insólito, perdió respaldo  en Galicia y Cataluña  estando en la oposición. Como sorprendente  ha sido  que  los populares  hayan  perdido decenas de miles de votos en Galicia  aunque volvieron a ganar la presidencia de la Xunta, y  se hayan estancado  en Cataluña en  la coyuntura electoral  más favorable  para crecer  que ni soñada : vérselas  con  la amenaza separatista esgrimida por la derecha nacionalista.
Si  a esta  tendencia electoral decreciente  se suman los  efectos  de  la crisis económica  que Rodríguez Zapatero  llegó a entender como un infundio propalado por  quienes  no le perdonaban  el matrimonio homosexual, y  Mariano Rajoy  la interpretó  como el castigo merecido  por haber vivido por encima de nuestras posibilidades, no es descabellado  vaticinar  que  el   ”bipartidismo  vertebrador”  de la España de la transición  tenga  ya  los días contados  habida cuenta los estragos causados : más del  25%  de desempleo  y llevado el país a  la cola de la desigualdad social europea. Lógico que una encuesta privada publicada el pasado dos de diciembre reflejara  que  el 71 %  del censo  rechazara la  actual  gestión  gubernamental del popular Mariano Rajoy  y el 85% desconfiara  de la oposición  socialista liderada por Alfredo López  Rubalcaba; y que  otra  encuesta  oficial  publicada  el  día  seis  del mismo diciembre  reflejara  que  menos de la tercera parte del censo electoral, el  30,5 %,  estaba  satisfecho con  el funcionamiento de nuestra  democracia.  Triste final, pues, del   tránsito de la dictadura  a la democracia  aplaudido como  modélico por muchos e incompleto por  los que con tan  fundadas razones como la  de aceptar  sin referéndum  previo  la forma monárquica del Estado impuesta  en 1969  por  el  vencedor de la Guerra Civil.
Después de muchos años de bonanza, el barómetro del CIS de noviembre de 2011 suspendía  por  primera vez la monarquía. Como desde entonces  no se tiene noticia  de la suerte seguida por la institución no  sobraría  que  los  dos  partidos mayoritarios  despidieran su relación  acordando que el citado centro oficial  de investigaciones sociológicas mantuviera  puntualmente informada al censo sobre las preferencias  en tan importante cuestión. Ayudarían a romper  la   tradición  evitando  sobresaltos  como los sufridos por el trono  en septiembre de 1868  y  abril  de 1931 y  el “hemos perdido todo pero la monarquía se ha salvado” del  liberal Montero Ríos tras el desastre colonial   del  1898 . La  ciudadanía  les quedaría agradecida.
Etiquetas: bipartidismo

No hay comentarios:

Publicar un comentario