José Luis Pitarch || Presidente estatal de Unidad
Cívica por la República.
El pasado
francofascista se resiste a ser amortizado, liquidado, con ayuda del nutrido
sector tardofranquista del PP. En Castellón, Serrano Suñer, el nazi español y
“cuñadísimo”, responsable como ministro de Exteriores de miles de muertes en
campos de exterminio de Hitler, sigue teniendo a su nombre una plaza, un
colegio público, y es alcalde perpetuo e hijo predilecto de la ciudad.
Mientras, apretamos los dientes con ánimo de verdad y de lucha ante una feroz
crisis económica y democrática –en que los Gobiernos, la casta política,
dicen “¡a la orden!” a los jerarcas del nuevo terrorismo mundial, el terrorismo
financiero-especulador— que es ya una auténtica crisis de civilización.
Mas en este
país tan histórica y políticamente atrasado, apenas sin Ilustración (las dos
Repúblicas fueron retrasados intentos de ella, y ambas fueron fusiladas por la
conspiración de “los de siempre”, epulones y caciques reaccionarios,
eclesiásticos infieles a su evangelio, militares corrompidos por el desprecio y
miedo al pueblo), en este país, decimos, sí tenemos una profecía incontestable:
se llama III República. Tercera República tras tanta monarquía borbónica por
derecho de conquista (desde Felipe V al abyecto Francisco Franco y su pupilo
Juan Carlos) o de golpe de estado militar (abolición por Fernando VII de la
Constitución de 1.812 de consuno con generales como Elío; Alfonso XII subido al
golpe de Sagunto). Y no nos hablen de olvido: el olvido está lleno de mentiras.
Sobran señas
de que la III República, si no horizonte inmediato, lo es “mediato”, como un
nieto respecto al abuelo. Señas cual las trapacerías del Urdangarín y esposa. O
las cacerías e inmenso enriquecimiento del Borbón jefe que no tenía un duro, lo
que quizá animó al yerno a decirse: yo también quiero algo, el tambor también
es tropa. O la encuesta que publicó “El País” hace ya más de tres años
(domingo 6-12-09) donde, a la pregunta “¿lo mejor para España es seguir
siendo una monarquía parlamentaria o pasar a ser una república?”, la cuarta
parte contestaron “República”. Y otras encuestas de hoy que no se publican, en
que los republicanos son el 50% o más. Aunque “El País” saque un
editorial, el domingo 4-3-12, lleno de fervor monárquico y exaltación de Juan
Carlos; y aunque dicho gran diario no publique una carta al director firmada
por este modesto presidente de “Unidad Cívica por la República” poniendo
algunos puntos sobre las íes de dicho editorial.
Encuestas no publicadas
Diríase que
en La Zarzuela conocen esas encuestas no publicadas y están, me pregunto, si
más preocupados o asustados. Quizá ya lo estaban a 24 de agosto de 2.004, fecha
del bello Acto (al que servidor asistió) en París del 60º aniversario de su
Liberación del yugo nazi por la Division Leclerc, encabezada por una
columna de republicanos españoles en vehículos de combate con emocionantes
nombres como “Teruel”, “Jarama”, “Ebro”. Así lo recordaba la placa que
el Ayuntamiento parisino y su Alcalde Bertrand Delanoë inauguraron ese día
junto al Sena con un bello discurso del Alcalde, que seguido fue por
infame perorata del entonces Presidente del Senado español, Javier Rojo. Y digo
infame por no usar palabras mayores, pues, mientras la hermosa placa rezaba
“Aux republicains espagnols composante principale de la colonne Dronne” (la
columna Dronne, “la 9”, mítica Compañía mandada por el capitán Dronne),
mientras la tarjeta de invitación al Acto repetía el recuerdo y homenaje a “los
republicanos españoles”, el Sr. Rojo (¿es el pacto del PSOE con la monarquía
borbónica, o qué vergüenza es esto?), en un discurso no corto, se comió todas
las veces, quince o veinte, la palabra “republicanos”, diciendo siempre “los
españoles” en vez de “los republicanos españoles”. Ladran, en fin, luego
cabalgamos, callan y mienten intentando manipular la Historia y poner diques a
nuestra III República. Que, como escribe Almudena Grandes, no consiste en un
sueño perdido, sino en la esperanza de un país mejor.
Manifestación en Madrid a favor de la
República. ©Popicino
Porque
“República”, igual en Francia a fines del siglo XVIII o en el precedente
nacimiento de USA que en España ayer y hoy, siempre significó avance
democrático, sociedad más justa, contrato de ciudadanía y democracia. Por eso
cada vez hay una monarquía menos en el mundo, cual especie en extinción, nunca
una más… excepto en España –“reserva espiritual de Occidente”, aseguraba
el francofascismo– donde ya han venido ¡cuatro veces! los Borbones: los ya
reseñados Felipe V, iniciador de la dinastía tras guerra civil de tres lustros;
el indigno Fernando VII, asesino de Riego y de nuestra primera Constitución;
Alfonso XII y su “monarquía de Sagunto” enterradora de la I República; y Juan
Carlos, nombrado a dedopor el césar marroquí sepulturero de la II República,
tras haber jurado este último Borbón parvenu los Principios
Fundamentales del Movimiento fascista. Aunque luego Juan Carlos, como Groucho
Marx, pudiera decir: “éstos son mis principios; pero, si no le gustan, tengo
otros”.
Una Constitución monárquica bajo ruido de sables
Y nos
endosaron una Constitución monárquica, bajo ruido de sables, entre cuyos
“padres” estaban vigilantes comisarios franquistas como Fraga y Cisneros –que
en cualquier democracia europea hubieran sido carne de cárcel como Pétain, para
no decir fusilado, Fraga, como Laval– y alguno que jugaba con dos barajas como
Herrero de Miñón. Más la vigilancia coaccionante del Ejército de Franco,
síndico del atado y bien atado. Y, si no tragábamos esta “reconciliación del
embudo”, no habría democracia, que sobraban generales ansiosos de ocupar el
sillón vacío del “caudillo”, como los golpistas Iniesta Cano o De Santiago y
Díaz de Mendívil. Incluso pusieron al Rey delante de las Cortes, representantes
de la soberanía popular, algo inédito en casi dos siglos de numerosas
Constituciones hispanas (también las de las dos Repúblicas situaban antes a las
Cortes que a la Presidencia de la República). Además, blindaron a Juan Carlos
graníticamente en el Artículo 168, igual que en el 92 (los referéndums no son
vinculantes). Y le regalaron, sin control ninguno, el dinero de todos (Artículo
65).
No aceptamos
que una parte de la soberanía popular se la apropie una familia
Ante todo
ello, reivindicamos la República como Regeneración y, hasta alcanzar la misma,
la lucha ideológica y comunicativa pacífica. Es cuestión de Cultura en cuanto
sistema de referencias, en cuanto Cultura remite a Moral y Derecho, a
pensamiento y acción, a Derechos Humanos y dignidad personal y colectiva. A
tradición igualitaria y liberación de servidumbres y prejuicios
religiosos. Ésta es nuestra idea de Cultura Republicana, hermana de la
Ilustración que nos hurtaron y por la que luchamos en la actual Crisis de
Civilización. Por eso proclamamos que el fin natural de una sociedad
democrática es la República, y que España está y estará en interinidad mientras
no haya un referéndum vinculante Monarquía/República. Como lo hubo en Italia y
Grecia tras sus dictaduras fascistas. Por eso no aceptamos que una parte de la
Soberanía popular se la apropie una familia (obviando hablar de monarcas tan
indignos como Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XIII). Sin olvidar
que la monarquía hereditaria transgrede numerosos Artículos de la Declaración
Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas y del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos que obligan al Estado español, así como de la
propia Constitución Española de 1.978, en cuanto a igualdad ante la Ley. Sin
aceptar el matrimonio canalla de olvido e impunidad. Y sin olvidar la
formidable locución de Gonzalo Puente Ojea: la transición fue el mayor timo de
la Historia de España.
Etiquetas: República
Fuente: http://www.cronicapopular.es/


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