nuevatribuna.es
|Manel García Biel | 03 Diciembre 2014 - 10:41 h.
Foto: Jordi
Bedmar. Gabinete de prensa del President.
En su discurso Artur Mas vuelve a presentarse como “el
hombre providencial”, el “Mesías” que tiene que llevar a
Cataluña hacia la libertad, fuera del “yugo” de España
Artur Mas
continúa el viaje hacia su Ítaca particular. Es decir el de la salvación de su
proyecto político personal. Después de un año fijando todo el debate político
catalán en torno el tricentenario y la fecha del 9N, ahora, en la conferencia
del 25 de noviembre, plantea un nuevo escenario por el pueblo de Cataluña: 18
meses para llegar al paraíso de la independencia.
Mas presentó su
hoja de ruta en un acto personal, como Presidente de la Generalitat, ni de su
partido ni de su gobierno. En este acto propone unas elecciones plebiscitarias,
con una lista única de país, más allá de los partidos independentistas, con un
punto programático único: una mayoría independentista para conseguir en 18
meses la Ítaca independentista.
En su discurso
Artur Mas vuelve a presentarse como “el hombre providencial”, el “Mesías”
que tiene que llevar a Cataluña hacia la libertad, fuera del “yugo” de
España. Significativo del cambio ideológico rupturista efectuado en la derecha
hegemónica catalana es que ahora, incluso en los medios públicos de Cataluña,
ya no se habla del Estado Español como contrincante, ahora es ya simplemente
España, el enemigo opresor.
Artur Mas
pretende mantenerse al frente de la iniciativa política y dirigir el proceso
evitando el protagonismo del independentismo tradicional, el de verdad, el de
ERC. Por eso pretende situarse por encima de los partidos, apelando a la
presión de la autodenominada sociedad civil, representada por la ANC de Carme
Forcadell, que ya parece totalmente entregada al deseo del Presidente.
La posición de
Mas está llena de un montón de falacias. Se presenta como adalid de un proyecto
unitario, cuando se trata tan sólo de su proyecto, que no ha acordado con
nadie. Un proyecto que no tiene ninguna garantía de llevarse a cabo. Primero
precisa de una mayoría al Parlamento que no está garantizada ni mucho menos.
Asimismo una mayoría de diputados puede no tener mayoría de votos. Tampoco
puede garantizar que después de 18 meses se pueda realizar el nuevo
“referéndum”. Ni siquiera aclara con qué mayoría es viable su proyecto
independentista.
El proyecto de
Mas es sólo un intento de alargar en el tiempo el conflicto. Sabe que ahora no
hay ninguna solución posible e intenta ganar tiempo. ¿A qué precio?
Ahora ya no se
trata del derecho a decidir que podría ser compartido por una mayoría de la
ciudadanía catalana, tanto independentista como no. Ahora ya es una propuesta
sólo para independentistas. Por lo tanto una propuesta que provoca división y
no unidad en el pueblo de Cataluña. Parece que al invocar una “lista de país”
pretenda suplantar el papel propio de los partidos políticos y crear un tipo de
“movimiento nacional” de Cataluña. Artur Mas para salvarse es capaz de
hundir el país. Las elecciones plebiscitarias no existen, sólo hay elecciones
en el Parlamento de Cataluña. Es una
falacia
plantear una candidatura con un programa de un solo punto. ¿Durante estos
dieciocho meses con qué programa se gobierna? ¿Y al servicio de quién?
Una vez más
Artur Mas pretende esconder, ahora bajo la "estelada", su mal
gobierno. Mas se dirige a los independentistas de buena fe y los llama a
votarle. A la vez esconde la actuación de su gobierno basada en las
privatizaciones y en los recortes que están destruyendo el estado del bienestar
y la sociedad en Cataluña. La oleada soberanista ha escondido la pésima
situación de la realidad social en Cataluña poniendo sordina a la movilización
social. Esto es el que por ejemplo llevó a decir a Joan Herrera, de ICV, que
desde Cataluña sentía sana envidia de la “marea blanca de Madrid”, que
había conseguido parar la privatización de la sanidad.
Artur Mas sabe
más que nadie que no hay mayoría independentista en Cataluña. El 9N lo
demostró. Él y su partido son unos de los principales responsables, junto con
el PP, de la ruptura de la cohesión interna en Cataluña, tanto nacional como
social. El 9N quedó patente la existencia de dos cataluñas, una
mayoritariamente independentista, la del interior del país, y otro alrededor
del área metropolitana de Barcelona, del Vallés Occidental, del Baix Llobregat,
de Lleida ciudad, de Tarragona ciudad, que no lo es. Él especialmente es responsable
de la ruptura de la idea de “Cataluña un solo pueblo”, durante muchos
años predominante en la sociedad catalana.
La derecha
catalana al frente del independentismo no piensa ni en el pueblo ni en la
sociedad catalana sino al salvaguardar un proyecto político que causa división.
Y un proyecto político que Mas trata de mantener hasta la llegada de un
escenario más favorable en el ámbito del Estado, que le permita negociar una
salida del callejón sin salida en el que se ha metido. Porque la principal falacia
de Mas es que él no es ni ha sido nunca independentista.
Esta situación
es lamentable especialmente porque en el otro lado nos encontramos delante un
Gobierno del Estado con Mariano Rajoy al frente. Un gobierno sordo a las
demandas reales de la mayoría de la sociedad catalana que, independentista o
no, desea establecer una nueva forma de relación con el Estado. Rajoy no puede,
o mejor dicho no quiere dar ninguna respuesta más allá de “la ley no lo
permite”. Podríamos añadir que la identificación de España con el Gobierno
del PP de Rajoy es una de las causas del éxito del independentismo en Cataluña,
incrementada por la desconfianza en la alternativa de un PSOE poco definido.
El problema de
Rajoy es que no puede escuchar. Y no lo puede hacer por que, hace mucho
tiempo, él y su partido crecieron con una política anticatalana, la de “España
se rompe”, que les permitió conseguir réditos electorales y hoy no puede
cambiar de postura porque su electorado no lo entendería. Sólo le faltaría a
Rajoy y al PP, después de cambiar en el tema del aborto, hacer un cambio en su
posición hacia Cataluña para conseguir hundirse definitivamente.
Es evidente que
estamos ante en una situación difícil en los próximos meses. No hay duda que
hace falta un cambio que sólo puede venir determinado en los próximos procesos
electorales tanto en Cataluña como en el Estado. En el Parlamento de Cataluña
no hay duda que se verán cambios importantes, con la posibilidad de que no haya
una mayoría independentista, que no quiere decir que pueda haber una mayoría
anticatalanista. En cuanto al Congreso de los Diputados todo hace evidente que
también se pueden dar cambios importantes a partir de una pérdida de la mayoría
del PP.
Para salir de
la situación actual no hay duda que habría que hacer confluir los deseos de
cambio en Cataluña con los deseos de cambio al Estado. Y con esta confluencia
conseguir un nuevo proceso constituyente de reforma del el Estado en todos sus
aspectos, territorial, institucional y social.
En fin, habrá
que ver qué sorpresas nos depara el 2015.
Fuente: www.nuevatribuna.es

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