Este artículo critica algunas de las
teorías que se han dado para explicar el crecimiento de las desigualdades en
los países de la OCDE, incluyendo España. El artículo subraya que las causas
más importantes de tal crecimiento son más políticas que económicas
Artículos de
Opinión | Vicenç Navarro | 16-01-2013 |
Que las desigualdades en la mayoría de países de la
OCDE (el club de países más ricos del mundo) han ido creciendo hasta alcanzar
niveles no conocidos desde principios del siglo XX es una realidad que ya casi
nadie cuestiona. Sólo algunos ultraliberales, que también niegan que haya
cambio climático, continúan negando este hecho. Las explicaciones más
frecuentes que se dan a este crecimiento de las desigualdades son
predominantemente dos. Una es la introducción de nuevas tecnologías que
eliminan muchísimos puestos de trabajo en los países más desarrollados
económicamente, eliminación que se centra primordialmente en los puestos de
trabajo de escasa cualificación. De ahí que, según tal argumento, haya un
elevado desempleo en tales países en los sectores de trabajadores poco
cualificados. Esto explica el énfasis que muchos gobiernos dan al desarrollo de
un modelo educativo encaminado a corregir tal escasa cualificación. La solución
propuesta por aquellas opciones políticas que atribuyen las desigualdades al
escaso desarrollo de formación cualificada entre la población es mejorar la
cualificación a través de la educación.
Tal argumento, sin embargo, explica muy poco el
crecimiento de las desigualdades, pues la automatización de los puestos de
trabajo de baja cualificación no es un fenómeno nuevo. Antes al contrario, la
automatización ha existido desde el principio del trabajo asalariado, habiendo
sido una constante en el diseño del trabajo. No parecería ser, pues, que tal
automatización pudiera ser una causa mayor de la destrucción de los puestos de
trabajo y de la extensión del desempleo. Es más, tal automatización está afectando
también a puestos de trabajo de elevada tecnología y cualificación. Hoy, un
técnico especialista en lecturas de radiografías, por ejemplo, sustituye en
muchos hospitales a radiólogos con doctorados. En realidad, no hay evidencia de
que las nuevas tecnologías estén afectando más a los trabajadores con menos
cualificaciones que los que tengan más cualificaciones. Es más, según las
estadísticas de empleo del gobierno federal de EEUU, los puestos de trabajo que
están creciendo más son los primeros, los de baja cualificación, mucho más que
los de elevada cualificación. No parece, pues, convincente que los cambios
tecnológicos sean una causa de este enorme crecimiento de las desigualdades.
¿La globalización como causa del crecimiento de las
desigualdades?
La segunda explicación más común que se da para
explicar tal crecimiento es la globalización económica. Constantemente se hace
referencia a los puestos de trabajo que se están yendo, por ejemplo, a la
China, puestos de trabajo que por regla general son de escasa cualificación.
Hay un elemento de verdad en este argumento. Pero sólo un elemento de verdad
pues este argumento ignora que esta exportación de puestos de trabajo se centra
primordialmente en puestos de trabajo de baja cualificación y ello a pesar de que
en los países donde tales puestos de trabajo se instalan, también tienen muchos
profesionales de elevada cualificación que harían gustosamente (y con menor
salario) los trabajos de alta cualificación que existen en los países donde se
exportan primordialmente trabajos no cualificados. El hecho de que sean estos
últimos y no los primeros los que se exportan se debe, como bien dice Dean
Baker (del Center for Economic and Policy Research de EEUU), que los
profesionales de elevada cualificación tienen mucho más poder en los países que
exportan puestos de trabajo que los trabajadores no cualificados. Tales
profesionales, a través de sus organizaciones profesionales, son capaces de
influenciar al Estado para que desarrolle políticas proteccionistas que no permitan
tal competitividad con los profesionales extranjeros. Se me dirá, con razón,
que tales puestos de trabajo cualificados también se están exportando. Pero
está ocurriendo con menor frecuencia que entre los no cualificados.
Este hecho muestra como las causas mayores del
crecimiento de las desigualdades tanto dentro de cada país como a nivel mundial
son políticas (es decir, relacionadas con las relaciones de poder) más que
económicas. En aquellos países donde el mundo del trabajo tiene mayor poder
político hay menos desigualdades. Y en aquellos países donde el capital (los
grandes grupos financieros y económicos) tiene mayor influencia política, las
desigualdades son mayores. Los países escandinavos que, debido a su escaso
tamaño han tenido economías altamente globalizadas (es decir integradas en la
economía mundial), son países, sin embargo, con menos desigualdades y ello se
debe al gran poder que históricamente han tenido las izquierdas en aquellos
países, una situación que es opuesta a la de los países del sur de Europa, que
históricamente han tenido unas derechas fuertes y unidas y unas izquierdas
débiles y desunidas, responsables de que existan grandes desigualdades en estos
últimos países.
Las causas mayores del crecimiento de las
desigualdades se deben a la enorme influencia política del mundo del capital a
costa del mundo del trabajo
Lo cual me lleva al último punto que quiero subrayar.
El enorme crecimiento de las desigualdades es un indicador de la enorme
influencia del capital financiero y empresarial sobre los aparatos del Estado a
costa de la influencia del mundo del trabajo, que ha ido perdiendo su
influencia sobre aquellos aparatos. La incorporación y desarrollo de la
ideología neoliberal dentro de las políticas públicas de los partidos gobernantes,
incluidas las izquierdas mayoritarias, es una consecuencia de este diferencial
de influencias que tienen las distintas clases sociales sobre el Estado. En
otras palabras, es la victoria del capital sobre el trabajo la que ha llevado a
una enorme concentración de las rentas y de la propiedad, transformando la
lucha de clases tradicional en otro conflicto que es mucho más amplio que el
existente entre la burguesía por un lado y la clase obrera por el otro. A este
último conflicto (que continúa existiendo) hay que añadirle el conflicto de una
minoría de la población en contra de la gran mayoría. De ahí que la solución a
este enorme crecimiento de las desigualdades sea la democratización de los
aparatos del Estado convirtiéndolos en una institución al servicio de la
mayoría, en lugar de al servicio a la minoría, como está ocurriendo ahora. La
evidencia científica que apoya tal explicación del crecimiento de las
desigualdades es abrumadora.
Y esta democratización no ocurrirá a no ser que se
rompa el lazo que une los equipos dirigentes de los partidos gobernantes con
los equipos gestores de las grandes corporaciones e instituciones financieras.
Es más que preocupante ver este lazo reproducirse incluso en los partidos de
centroizquierda gobernantes, donde vemos exdirigentes de la socialdemocracia en
puestos de servicio a algunas de las empresas que se han beneficiado y
continúan beneficiándose más de la intervención del Estado. Este hecho debería
denunciarse, pues es esta ligazón la que está en la raíz del problema del
crecimiento de las desigualdades. Hoy, la pérdida de legitimidad de la
democracia se basa precisamente en el excesivo poder que el mundo del capital
(y más en especial el capital financiero) tiene sobre el Estado. No podrá
desarrollarse la ya escasamente desarrollada democracia en España a no ser que
se rompa este lazo del mundo financiero y empresarial con el Estado. Cuando
Endesa, por ejemplo, invita a una ex Ministra de Economía del PSOE a integrarse
en su equipo de dirección, no lo hace por su conocimiento del sector
energético, sino porque es una fuente de conocimiento y contactos en las
estructuras del Estado que beneficia a tal empresa, una empresa cuyo servicio a
la sociedad es muy cuestionable y poco ético, comportamiento facilitado por una
excesiva influencia sobre el Estado. El número de dirigentes del PSOE que hoy
ocupan puestos en las grandes empresas del país es enorme. Esta relación entre
mundo financiero y mundo empresarial con los partidos conservadores y liberales
ha sido la característica que ha definido a tales partidos de derechas. Lo que
es preocupante es que esta relación se está produciendo también en los partidos
mayoritarios de izquierda. Ahí está el origen del crecimiento de las
desigualdades. Éstas son consecuencias de este maridaje de poder económico y
político.
Últimas observaciones sobre las desigualdades en
España
Existe entre amplios sectores de las izquierdas en
España una percepción errónea de que lo que ocurre en España está
predominantemente determinado por fuerzas exteriores a España. Esta percepción
aparece en la frase constantemente reproducida en forums políticos y mediáticos
del país “que los estados están desapareciendo” y/o “es poco lo que pueden
hacer hoy en día”.
Tal postura es profundamente errónea y sirve para
justificar políticas públicas reaccionarias e impopulares. La congelación de
las pensiones (presentada como resultado de las presiones de la Comisión
Europea y del Banco Central Europeo) es un ejemplo de ello. El estado podría
haber conseguido incluso más dinero revirtiendo la bajada del impuesto de
sucesiones que había aprobado en un periodo anterior. Estas políticas de clase
se están llevando a cabo por las elites gobernantes en España, en alianza con
las elites gobernantes de la Unión Europea con las cuales comparten intereses
de clase.
Las enormes desigualdades en España (España es el país
que, después de Letonia, tiene mayores desigualdades en la UE) están basadas en
la excesiva influencia de la banca y la gran patronal sobre el estado, realidad
que es percibida por la ciudadanía correctamente. Según la Encuesta de
Tendencias Sociales, los bancos y la CEOE son percibidos como los sectores que
tienen más poder en España por la mayoría de la población española. La
expresión de su abusivo poder sobre el Estado es la mayor causa de la pérdida
de legitimidad de la democracia. Y es esta influenza que ha ya alcanzado unos
niveles sin precedentes en el periodo democrático y que explica que, a pesar de
que el porcentaje de la población activa ha ido aumentando, las rentas del
trabajo como porcentaje de la Rentas Nacional haya disminuido siendo hoy, un
porcentaje menor que las rentas del capital, es decir, que los beneficios
empresariales, situación que se ha acentuado todavía más en estos años de
crisis (desde 2007), en el que el porcentaje de la población con empleo ha
disminuido. La crisis ha dañado el nivel de vida de la población trabajadora.
Hoy el 20% de la población de mayor renta (burguesía, pequeña burguesía y
clases medias profesionales) poseen más renta que la gran mayoría de la
población (el 60%). Y puesto que este 20% domina la vida política y mediática
del país, España continúa y continuará siendo el país con mayores desigualdades
de la UE. Así de claro.
Fuente: http://www.vnavarro.org/?p=8323

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