domingo, 13 de enero de 2013

“LA PREPOTENCIA DE UN VIL OBRERO AL SERVICIO DEL CAPITALISMO TERRORISTA, Y EL POBRE INFELIZ NO SABE QUE EN UNOS DIAS LE PUEDEN DAR LA PATADA EN EL CULO Y A LA PUTA CALLE”



Milana bonita
Artículos de Opinión | José A. López Camarillas (*) | 12-01-2013 | 

Violencia en vez de sartenes, tostadoras o calendarios. Ése fue mi regalo tras negociar con el director del “banco”. Iluso de mí, me sorprendí. A veces olvidamos que los banqueros son también trabajadores. Sí, trabajadores como los antidisturbios que golpean a menores. Gente que tiene muy claro a qué bando sirve. Algunos parecen sentir compasión por sus victimas. Puede que hasta la tengan. El director de esta sucursal de Cajamar, no.
Acompañé a una señora de Burjassot a la que iban a desahuciar al despacho del “señorito Iván”. Solicitamos la dación en pago y un alquiler social. Él podía haberse callado, haber tramitado la petición y lavarse las manos.
Pero no, su soberbia se lo impidió y me juzgó. A mí, y a los miles de españoles y españolas que nos partimos la cara por pegar los trozos de personas que usureros como él dejan por el camino. “Los de Stop Desahucios no ayudáis en nada. Mucha palabrería pero no buscáis pisos sociales ni ponéis dinero”. Intenta romper el hielo. Yo me mantengo frío. En medio hay una tercera persona que necesita una dación para sobrevivir.
“Entregaré los papeles pero ya le digo que no se lo van a conceder. No es nuestra política”, comenta con toda la indiferencia del mundo. La mujer llora desconsolada. “¿Prefieren tener un piso vacío y condenar a esta familia de trabajadores?”. Con toda la serenidad del mundo nos dedica un “sí” rotundo.
“Si no desahuciamos, la gente puede perder sus ahorros. Lo que habría que crear es la Plataforma de gente con el dinero a plazo fijo”. Le recuerdo que el dinero de los plazos fijos debería estar garantizado por un fondo y no por una vivienda sin ocupar. Sin pestañear, el director explica que los bancos no tienen ninguna responsabilidad. “En todo caso la tendría el Estado, que para eso ha pagado impuestos. Averiguad los motivos de que no nos pague”, reprocha mirando a la mujer, olvidando los intereses cobrados, los rescates a la banca con dinero público y, sobre todo, que habían sido ellos los que habían concedido una hipoteca impagable. “No es mi problema que se quede en la calle”, matiza por si nos ha quedado alguna duda acerca de su sensibilidad. “Claro que no es su problema. Ustedes, los privilegiados que están al otro lado de la mesa, no se van a quedar sin casa y arrastrando una deuda eternamente”, respiro profundamente. Mi rabia comienza a calentar. Quiere salir a jugar. No le dejo.
“¿Privilegiado yo? ¿Por tener un trabajo? ¿Como un albañil en lo alto de un andamio?”, declama un discurso de clase “transversal”, como tanto gusta decir a los camisas viejas. Al banquero obrero sólo la falta levantar el puño. “Además, yo no soy el dueño”. Parece mentira que no lo sea, por como defiende al amo. “Pues medie para que esta persona consiga una dación”. La mujer sigue llorando. Esta vez al borde de un ataque de ansiedad.
“Es que la dación en pago es una barbaridad. Si se generalizase, no podríamos conceder préstamos a jóvenes como tú”, me intenta convencer. ¿Préstamos? ¿Con el país que habéis dejado? ¿Para qué? ¿Para esclavizarme de por vida como a ella?”, mis nervios empiezan a derretirse. “Ni caso, señora”, me desprecia. “No se preocupe. Tengo contactos en Cáritas para que le den algo de comer. Cuando algún amigo lo necesite, la llamaré para que friegue su piso. Eso sí, en las condiciones laborales no me meto”. ¡Qué buen cristiano! Destrozo tu vida. Vale. Pero dejo que te humilles ante mi caridad para ganarme el cielo. Quizá el sueño.
A la mujer sólo le falta besar la mano al verdugo. Miseria, prepotencia y servilismo sin ningún pudor en esta escena propia de “Los Santos Inocentes”. Recuperamos la marca España. De la rabia al odio sólo hay unos grados. “Esto son hechos, no palabras como las de los de la plataforma, que te hacen perder el tiempo para que pagues más intereses y gastos de abogado”.
Violencia. Mucha violencia germina con el calor de la rabia. Respiro profundamente y me la guardo. Me voy para no enseñarle mi puño proletario, pues dicen que las guerras se ganan con la mente fría. Pero, ¿hasta cuándo? De esperar sin techo, sin dignidad, sin trabajo, muchos nos estamos congelando. Milana. Milana bonita. Pronto dejarás de volar. ¡Qué guarden las cuerdas de los bolis en los bancos!
(*) Para Tercera Información. José A. López Camarillas es periodista y militante de clase


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