En la foto, Nayirah sollozando ante la comisión de
derechos humanos.
Artículos de
Opinión | Mikel Itulain | 20-01-2013 |
¿Les cuento
una historia?, en realidad una terrible historia. Bien, voy con ello. Era el 10
de octubre de 1990, una joven daba testimonio, entre sollozos y una enorme
aflicción, ante una Comisión de derechos humanos del Congreso estadounidense de
como unos malvados soldados, de un país llamado Iraq, habían dejado morir a
decenas de bebés que habían sacado de las incubadoras en la Ciudad de Kuwait.
¿Cómo no sentirse indignado ante tal atrocidad? ¿Cómo no pedir justicia o
incluso castigo ante ello? Cualquier persona normal así lo sentiría; pero
cualquier persona normal también se plantearía, o debería hacerlo, sobre qué
evidencias, sobre qué pruebas había de aquello, por mucho que la narración
fuese estremecedora y también convincente. Nadie, o al menos nadie que salió en
los grandes medios de comunicación, se planteó quién era Nayirah. La hija del
embajador de Kuwait, Saud Bin Nasir Al-Sabah. La chica adiestrada por una de
esas grandes compañías de relaciones públicas expertas en conducir, en
"orientar", en realidad en engañar y manipular a la gente, que
cumplió con su función encomendada en esta obra de teatro. Esa compañía que la
dirigió y enseñó era Hill & Knowlton, que fue presentada de cara al público
como "Ciudadanos por un Kuwait libre".(1) Las palabras libre,
libertad y otras similares son muy habituales en estas campañas de manipulación
pública. Vean sino hoy al apodado Ejército Sirio Libre, aunque de libre tenga
poco y poca libertad va a traer. Hill & Knowlton fue contratada por la
corrupta dictadura de Kuwait por un millón de dólares al mes con el objetivo de
lavar su cara y presentarlos como un gobierno moderno y que deseaba la
libertad. Si es que el dinero puede con muchas cosas. Esa misma compañía
también trabajaba para otros gobiernos poco ejemplares, como el de Turquía y el
de Indonesia. Dime con quién andas y te diré quién eres. El teatro montado,
esta actuación teatral, funcionó, y funcionó porque se vendió en los medios de
comunicación por la gente oportuna. Así teníamos al presidente de los Estados
Unidos, George Bush padre, conocedor también del engaño, diciendo:
Estos
espantosos horrores nos devuelven a los tiempos de Hitler.(1)
¿Cuántas
veces hemos oído esta referencia al nazismo, a los nazis, al propio Hitler para
justificar lo que no son sino enormes barbaridades? Como las que el propio
Estados Unidos junto a Gran Bretaña perpetraron en Iraq, o como las que luego
cometerían el mismo ejército de los Estados Unidos y la OTAN en Yugoslavia o
Libia. No solo fue el presidente estadounidense el que impulsó esta campaña,
todos los medios corporativos estuvieron insistentemente en ese empeño. Y en un
momento donde se decidía si se iba a producir una guerra, el ataque de Estados
Unidos contra Irak, cualquier posicionamiento a favor suponía una apuesta por
esa guerra, que nadie se engañaba iba a causar, como causó, miles y miles de
muertos; en realidad fueron millones, seguramente ya hoy más de dos. Esa
decisión se iba a tomar en el Congreso mediante una votación, y aquí apareció
un informe de una organización, apodada como humanitaria, de gran influencia,
Amnistía Internacional. Veamos lo qué ocurrió:
El profesor
Francis Boyle, que pertenecía al comité de Amnistía Internacional en Estados
Unidos, comenta este triste suceso que tuvo lugar hacia el final del otoño de
1990, en unos días que se estaba al borde de ir o no a una guerra e iba a haber
un trascendental debate en el Congreso de los Estados Unidos. Hacia mitades de
noviembre recibió una copia del informe, antes de ser publicado, sobre el
ataque de Irak a Kuwait: (2)
Inmediatamente
lo leí y era sensiblero, impreciso incluso en su declaración de la ley a
aplicar. No me pareció que había pasado el proceso de control de calidad
normal.
Como
consecuencia de eso, hice un esfuerzo por mantener ese informe para hacer otra
revisión… Y en realidad yo además llamé a un compañero del comité para ese
propósito, y él y yo intentamos, y yo hice la observación, incluso si esta
historia sobre los bebes muertos es cierta, es completamente sensacionalista, y
va a ser simplemente usada en los Estados Unidos para llamar a la guerra.(3)
Bien, el
informe no fue revisado y desde Londres fue enviado a los medios y organismos
internacionales. Sus efectos fueron inmediatos:
Lo
publicaron, y usted sabe que terrible impacto tuvo en términos de propaganda de
guerra. De los seis votos en el Senado de los Estados Unidos que aprobaron la
resolución para ir a la guerra, varios de estos senadores dijeron que fueron
influenciados por el informe de Amnistía.(3)
Es terrible
ver esto, una supuesta organización de derechos humanos se convierte en
valedora para lanzar una guerra. Lo que nunca debería hacer alguien que
defienda esos derechos. Tal actitud con tan horribles consecuencias debería
haber tenido alguna responsabilidad. No fue así:
…y yo pedí
una investigación. No ocurrió absolutamente nada. No hubo nunca una
investigación.(3)
Ya ven, una
organización humanitaria que ayuda de una forma fundamental a que se dé una
guerra. ¿Incongruente? Depende, si usted quiere provocar una guerra y quiere
que la gente la apruebe no lo conseguirá con un discurso militar, seguramente
tampoco con uno político, pero sí lo logrará con una justificación humanitaria,
aunque por supuesto no sea real. Otro tema es si una verdadera organización
humanitaria puede prestarse a este tipo de cosas. En realidad en modo alguno
puede hacerlo, ninguna organización que sea en verdad humanitaria lo haría.
Amnistía Internacional no pecaría aquí por última vez, veríamos más pecados en
Yugoslavia, Libia o también en Siria.(1), (4), (5) Volviendo a nuestra
historia, que fue y es terrible porque tras la declaración de guerra aprobada
en el Congreso con la "justificación humanitaria" se bombardeó a un
país, a su gente, a sus infraestructuras, a su campo y a sus ciudades, causando
miles de muertes. Miles que superaron el millón tras el largo embargo, en su
mayoría niños. Ya superado el millón de muertos llegó el ataque final que
convirtió en millones las víctimas y el país en una auténtica ruina dominada
por el odio, el fanatismo y la miseria. Con qué poco se empieza y cómo se
acaba. La manipulación de los sentimientos humanos es una de las más poderosas
y dañinas armas que tiene el ser humano, de hecho ninguna es comparable en su
capacidad de movilización para provocar unos efectos tan trágicos, pensando
además que se ha hecho algo bueno, que se ha hecho incluso el bien.
Notas:
(1) Mikel
Itulain. Justificando la guerra. 2012.
(2)Mikel
Itulain ¿Cuál es la misión real de Amnistía Internacional? Enlace
(3) Francis
Boyle. Interview with Dennis Bernstein. Covert Action Quaterly number 73
Summer 2002, pp. 9-12, 27.
(4) Mikel
Itulain. Los medios de comunicación y la guerra en Libia. Enlace
(5) Mikel
Itulain. El papel de Amnistía Internacional en la guerra contra Siria. Enlace

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