Cabalgatas y lucha de clases
Artículos de
Opinión | Mario Escribano | 09-01-2013 |
Durante los
últimos días hemos podido presenciar la enésima campaña de la derecha para
intentar criminalizar los movimientos sociales. Ésta vez los trabajadores de
Metro Madrid han sido el centro de la diana. El principal argumento usado por
la caverna ha sido la insolidaridad que éstos tienen con los niños que quieren
ver la Cabalgata de Reyes. Algo bastante ridículo en sí como para que alguien
se lo crea. Ridiculez que aumenta si pensamos que los que no paran de decirlo
no pueden dar lección alguna de solidaridad.
Ante esta
situación debemos establecer en qué posición está cada bando. Por un lado está
el trabajador de Metro -y sus otros 7499 compañeros-, que ha dejado de percibir
en 2012 alrededor de 3000€ (de media), además de haber sufrido una violación
del convenio colectivo. En el otro tenemos a los de arriba, los que atentan
constantemente contra los derechos de la clase trabajadora, y los que
justifican sus recortes. Una vez establecida ésta diferencia, creo que es más
visible la frivolidad por parte del gobierno de tachar de insolidarios a los
trabajadores de Metro Madrid bajo el pretexto de que ’van a impedir a los niños
ser felices, porque no van a poder disfrutar de la Cabalgata de Reyes con
normalidad’.
Quizá los
impiden que la felicidad de los niños -y de cualquier persona- sea el propio
gobierno. Para ellos, la felicidad consistirá en ver un desfile pero, para mí,
la felicidad es otra cosa...
La felicidad
de los niños es que vayan a tener un futuro digno, con una Sanidad y Educación
públicas y de calidad. Esas contra las que se atenta constantemente por
imperativo germánico.
La felicidad
de los niños es que puedan pasar unas fiestas agradables con su familia, una
familia que no esté marcada por las continuas heridas que la crisis -o mejor
dicho de la troika- hace en la piel de los trabajadores. Es decir, la verdadera
marca España.
La felicidad
de los niños es que sus padres y madres le puedan asegurar una vida digna
gracias a un trabajo también digno. Realidad que casi parece utópica en un país
en el que la precariedad y el paro aumentan cada vez más.
La felicidad
de los niños es que el día de mañana puedan trabajar en su país -donde hoy el
paro juvenil supera ya el 50%- y no tengan que emigrar en masa para encontrar
empleo. Empleo que suele ser también precario.
La felicidad
de los niños es que todos los niños sean iguales, con los mismos derechos, sin
que haya unos superiores a otros.
Tanto los
trabajadores de Metro Madrid como cualquier otro trabajador concienciado,
luchan para frenar estos continuos ataques a su clase. Todos estos ataques -y
muchos más- son los que hacen infelices al conjunto de la población, incluidos
los niños. La infelicidad no reside en consentir que las familias tarden más en
llegar a una Cabalgata, al igual que la solidaridad no consiste en tener que
aguantar todos y cada una de las medidas del gobierno. La solidaridad es otra
cosa. La solidaridad es que todos los trabajadores luchen unidos para defender
lo que es suyo, y tanto los trabajadores de Metro de Madrid, como los mineros,
como la marcha verde, como la marcha blanca, como la gente de la PAH, y un
largo etcétera son un ejemplo de ello. Diferenciemos a los solidarios de los
que no lo son y salgamos todos a la calle, que sí se puede.

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