¿Son las Mareas un nuevo Sindicalismo?
Artículos de
Opinión | Madrilonia | 12-01-2013 |
El pasado
mes de Septiembre se ha cumplido un año del nacimiento de la Marea Verde en
defensa de la educación pública. Un año después podemos afirmar que el fenómeno
de las Mareas no es algo aislado, sino que compone (ahí está la Marea Blanca
como su mejor expresión) una nueva realidad organizativa. Queremos identificar
alguna de sus particularidades para responder a la pregunta inicial:
¿Prefiguran las mareas un nuevo sindicalismo?
1.- De la
defensa de lo público a las comunidades
La diferencia
esencial del movimiento de las Mareas con las concepciones tradicionales del
sindicalismo es el haber abandonado la defensa de los servicios públicos como
conflictos corporativos que se vinculan de forma exclusiva a las reclamaciones
salariales inmediatas de los y las profesionales. El éxito de las
movilizaciones de las Mareas Verde y Blanca se debe a que han sabido abrir el
problema de los recortes a toda la sociedad. Apelando a las comunidades como
defensa fundamental de los servicios públicos se introduce la idea de que la
salud o la educación son cuestiones comunes que necesariamente deben ser
defendidas por todo el mundo.
Al abrirse
la problemática a la sociedad al completo se empieza a romper la frontera entre
usuarios de un servicio y profesionales del mismo. Se establece la noción
básica de que centros de salud, colegios y hospitales son espacios de y para
cualquiera. Así se supera la idea de que un servicio público es competencia
exclusiva de la administración pública.
En los
últimos años, el discurso neocon de ataque a los funcionarios públicos se había
sostenido precisamente sobre una condición de privilegio de estos profesionales
en relación al resto, por unas mejores y más estables condiciones laborales
“pagadas por todos”; las Mareas han demostrado, como se decía, que no luchan
solo por mantener esos beneficios sociales y además han hecho visible lo
avanzada que está la precariedad en el empleo públicos (interinos, laborales,
subcontratas, externalizaciones). Los conservadores-liberales también les
acusaban de “vagos”, de “no hacer nada”, de “estar chupando del bote”; las
Mareas han demostrado que a muchos empleados públicos les importa muchísimo lo
que hacen y están dispuestos a renunciar a salario (con las huelgas) y a
méritos (con las dimisiones de cargos de responsabilidad) para defender el
servicio.
Esa apertura
está llena, además, de afectos, de complicidades y guiños constantes entre
comunidades y profesionales que reproducen un lazo social, un vínculo que
favorece el apoyo y que convierte a cada persona en co-participante de las
movilizaciones.
2.- Huelga
intensiva, toma de la ciudad y comunicación.
En las
últimas semanas hemos visto intensificarse la campaña por “regular el derecho
de huelga” por un único motivo, las Mareas han colocado en el centro la idea de
la huelga intensiva, como uno de los mecanismos esenciales de conflicto.
Se entiende
que para bloquear las dinámicas de reproducción del propio servicio público es
necesario bloquearlo de manera más o menos constante. Esto, que fue un debate
intenso el inicio de la Marea Verde (huelga indefinida o huelga puntual)
En el caso de la Marea Blanca es la constante habitual y ha sido capaz de
sostenerse poque han incorporado dos elementos que pueden ser fundamentales
para comprender su éxito: un sistema de rotaciones que distribuye las cargas
económicas de la huelga y un especial celo en mantener una excrupulosa
cobertura de la atención sanitaria hacia aquellas personas o situaciones que
más lo necesitan.
Esta huelga
intensiva no se limita a la detención del servicio, sino que se acompaña con
otra serie de cuestiones que apuntan a la victoria en los conflictos abiertos
con la administración como una cuestión de democracia, gobernabilidad y dominio
del espacio urbano. Las Mareas toman la ciudad en grandes movilizaciones que
bloquean el tránsito y que atraviesan los medios de comunicación demostrando la
ingobernabilidad de la situación. Se trata de producir desorden, de demostrar
una anomalía.
Así, la
huelga se acompaña con encierros, acciones de desobediencia civil e incluso la
presión directa a las instituciones rodeando la asamblea de Madrid, las
consejerías, etc.
Todo ello
construido con una potencia comunicativa independiente capaz e llegar a casi
todos los públicos a través de la comunicación vía redes sociales que conecta
los distintos centros y un impresionante depliegue en formatos
tradicionales (cartelería, pancartas, pegatinas, camisetas…). En relación
al uso de las redes sociales está siendo especialmente relevante en la Marea Blanca,
dónde en vez de haber una “cuenta de la Marea” hay cuentas abiertas centro a
centro y la idea de Marea es un logo abierto, común, participable por
cualquiera. Además la estrategia comunicativa se ha apoyado en ambas mareas en
una amplia producción de conocimiento teórico-técnico para atacar uno a uno los
argumentos utilizados por la Comunidad de Madrid para justificar los recortes.
3.- Paradoja
sindical y democracia organizativa
Se da la
paradoja de que cuanto más estructurada y potentes son las estructuras
sindicales tradicionales en los servicios públicos, más difícil es que estas
dinámicas de las Mareas se desarrollen por completo. Así, la Marea Blanca, que
tendría a priori menor potencia sindical clásica (a pesar de la presencia de
los colegios profesionales o los sindicatos de tipo corporativo) que espacios
como la educación pública, es capaz de generar una dinámica de conflicto mayor.
Los
servicios públicos de transporte o de comunicación, con niveles más altos de
sindicación tienen muchas dificultades para desarrollar este tipo de prácticas
y producir esa alianza “profesionales-usuarios/as” que es clave para el
desarrollo del conflicto. En la última huelga de Metro en Madrid hemos visto
cómo esas diferencias remitían levemente porque las redes sociales han activado
esos afectos de mutuo reconocimiento, pero no se ha configurado como
Marea. No hay carteles hechos a mano en los túneles que expliquen el
conflicto, no nos invitan a movilizaciones imaginativas tipo “Yo no pago” para
potenciar la participación de las personas en el conflicto como algo propio.
personal en los vagones o en las salidas del metro contando que se movilizan
por la defensa de un servicio público, no solo por mantener ciertas condiciones
laborales. Algo similar sucede con las movilizaciones de defensa de Telemadrid,
con muchas dificultades para construir como común una televisión que ha sido la
punta de lanza de la manipulación en la Comunidad de Madrid (Con la oposición,
eso si, de los y las profesionales de la misma)
La Marea
Verde estuvo claramente atravesada desde el principio por relación conflictiva
que se viene produciendo en diferentes ámbitos entre las institiuciones
políticas tradicionales y las nuevas formas de expresión política surgidas a
partir del 15M. Organizada de forma asamblearía en el marco de la explosión
movilizadora del 15M entre interinos, funcionariado y posteriormente una parte
de la comunidad educativa , se encontró con unos sindicatos educativos
mayoritarios que al tiempo que mantenían una posición de escucha y facilitación
de los espacios de encuentro querían mantenerse a toda costa como cabeza
visible e interlocución necesearia con con la Comunidad de Madrid, pese a que
ésta les ignoraba sistemáticamente. Los sindicatos de concertación, que
veían la propia Marea con interés (por su potencia) y con recelo (porque esa
potencia podía poner en crisis su hegemonía) apostarón por limitar el alcance
de la movilización por temor a una posible derrota que los dejara en una peor
posición.
4.- ¿Podemos
soñar?
Imaginemos un
desarrollo de estas dinámicas de Mareas como instituciones socio-sindicales de
nuevo tipo. ¿Podríamos pensar estructuras sindicales en las que las comunidades
no-profesionales, los y las usuarios de los servicios tuvieran voz y voto? ¿Es
posible democratizar las instituciones sindicales para ponerlas al servicio de
una dinámica comunitaria? ¿Que tipo de reivindicaciones de carácter ofensivo se
podrían producir? ¿Podemos pensar que un nuevo sindicalismo pasa no solo por la
defensa de las condiciones de vida de los profesionales, sino también por la
defensa y el desarrollo de los servicios públicos que ofrecen? ¿Qué poder
pueden tener ahí las comunidades? ¿Puede la propuesta de las Mareas extender a
sectores que no sean el empleo público? ¿Puede sobrevivir el sindicalismo tal y
como lo hemos conocido hasta ahora si no asume estas posiciones?
Madrilonia
10/01/2013
Imagen de Portada de MiguelAnxo Prado para “De
Profundis”

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