Iñigo Sáenz de Ugarte
24/02/2014 - 15:56h
Un ejercicio de funambulismo
francamente arriesgado.
La televisión es, o puede ser, un arma de destrucción masiva por su
impacto social y las necesidades que crea en sus destinatarios. Como medio
informativo, tiene sus limitaciones. Como medio de entretenimiento, sus
posibilidades son inagotables. Operación Palace fue un triple salto
mortal de Jordi Évole y de su equipo sobre un cable muy fino ante cinco
millones de personas. El castañazo fue doloroso de ver.
Un mal guión
Seducir a la audiencia para que crea lo que tú quieres que crea obliga a
un complicado ejercicio de funambulismo visual. Sembrar pistas falsas,
introducir elementos reales o muy conocidos por la audiencia, esconder
invenciones descaradas entre un grupo de hechos incontestables, en definitiva,
crear un suspense que se va desarrollando poco a poco hasta que atrapa al
espectador y lo deja en un punto en el que no puede diferenciar ya lo que es
verdad y lo que es ficción.
Operación Palace fracasa en el punto clave: el guión. No hay suspense, no hay intriga.
Todo (el golpe como artificio audiovisual para impedir el golpe de verdad) se
cuenta desde el principio y se intenta sostener después con un andamio muy
frágil.
No todo lo que se cuenta en un documental de ficción tiene que ser
cierto. Si es de ficción, obviamente no puede serlo. Pero todo debería ser
verosímil. Por ejemplo, plantear en los primeros minutos que un serio motivo de
fricción en la conspiración era el hecho de que había quienes no aceptaban bajo
ningún concepto que el director de cine fuera catalán es un chiste absurdo. Es
un intento de enviar al pasado un tema polémico de actualidad.
Credibilidad
Évole decidió no hacer este programa bajo la marca de Salvados. Fue
inteligente, pero eso no le servirá de chaleco antibalas. La credibilidad para
un comunicador es un bien muy vulnerable ante cualquier ataque exterior. Se
acumula con esfuerzo durante años y se puede perder rápidamente.
Salvados se ha
convertido en un oasis en el panorama televisivo español: un programa informativo
en horario de máxima audiencia centrado en temas de gran impacto social y
político y con un apoyo muy significativo de la audiencia.
Évole y su gente saben arriesgarse. Su formato de Salvados funciona como
un guante en algunos temas y mucho peor en otros. Eso no es un drama. No hay
formato que lo resista todo. Podríamos decir que lo suyo es un informativo o
documental de autor que necesita de la complicidad del público: hay que aceptar
que Évole entreviste a unas personas, y no a otras, o que los totales estén a
veces muy editados (cortados) para mantener el ritmo del programa.
Su creador no puede ponerse un día el sombrero de la ficción y una
semana después calzarse el sombrero de la realidad, y confiar en que el público
no se lo tenga en cuenta y sepa apreciar la diferencia. Los que se hayan
sentido engañados ahora, que los habrá, no volverán a verlo con los mismos
ojos.
Un reparto escalofriante
Leguina, Anasagasti, Alcaraz, Verstrynge, Rojas Marcos... No era lo que
podríamos llamar un Ocean's Eleven de políticos jubilados. Quizá si
hubieran sido menos o si hubieran tenido mejores frases... pero da igual. Suena
un poco al reparto de Los mercenarios, en especial si pensamos en el
título original de la película: The Expendables.
Falsas expectativas
La promo más emitida de Operación Palace tenía una frase muy bien
elegida: "¿Puede una mentira explicar una verdad?". Bien elegida por
su ambigüedad. Justifica un programa como el que vimos, pero también puede
interpretarse como una referencia crítica a la versión oficial del 23F.
Realmente, había mucha gente que confiaba en que Évole destapara la olla que el
establishment político ha mantenido cerrada desde entonces en relación
al golpe de Estado. Sentirse decepcionados no les ayudó a disfrutar del
programa.
La moraleja
Durante el programa, quedaba bastante claro que al final tendríamos
moraleja. Sus responsables dirían que su intención –su auténtica intención– era
poner en evidencia la version oficial del golpe, la sacrosanta Transición, una
exageración grotesca que denunciaba el hecho de que aún quedan puntos oscuros
sin aclarar. Si ese era el mensaje, creo que habría llegado a más gente si se
hubiera hecho un programa real de Salvados.
Ese lado oscuro
Es sólo ficción, una broma, una parodia de la realidad, nadie se lo
habrá creído... no seamos tan talibanes con un producto televisivo, dirán
muchos.
Ya. Nunca subestimes el poder de la televisión para hacer creer a la
gente que lo que está viviendo en la pantalla es la realidad.
Posdata personal
Por si es necesario decirlo,
Évole me entrevistó una vez, lo que me dio la oportunidad de conocerle a él y a
parte de su equipo. Creo que hacen un buen trabajo y, por lo que vi, son buena
gente. No he cambiado de opinión. Es sólo que esta vez han lanzado demasiadas
bolas al aire y algunas les han caído sobre la cabeza

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