¡ES AHORA O CUANDO,
CARAJO!
14 ene 2013
Alfredo
Serrano Mancilla
Doctor en Economía, Coordinador América Latina CEPS
Doctor en Economía, Coordinador América Latina CEPS
Este
era el lema de muchos cánticos tatareados en las infinitas marchas de
resistencia en Bolivia frente la acometida de políticas “de última moda” de
pago de deuda ilegitima a acreedores internacionales a costa de una deuda
social de la gran mayoría del pueblo. Estas fueron las palabras pronunciadas en
las manifestaciones populares rechazando los programas de desajuste y los
planes de desestabilización de las condiciones de vida de la mayoría ciudadana.
Ese fue el grito de las demandas exigiendo una asamblea constituyente a pesar
de la correlación adversa en las fuerzas partidarias. Los excesivos cálculos de
los intelectuales a veces no entienden de las fuerzas espontáneas del pueblo.
¡Ahora
es cuando, carajo! Esta exclamación cristaliza aquello que exige este momento
político en España. El año 2013 es tiempo inminente para la política; es tiempo
para sustituir a esa casta política ubicada en partidos en los que ya no cree
nadie. Las movilizaciones sociales deben seguir, pero cada vez más
instrumentadas en propuestas electorales para derrocar democráticamente un
modelo económico bipartidista que ha demostrado que no tiene capacidad para
arreglar este desaguisado provocado por ellos mismos. Precisamos confrontar en
estos días el intento de implementación de una estrategia dominante de largo
aliento: naturalizar e interiorizar el sacrificio para seguir esperando a que
la crisis se vaya como si se tratara de un frente borrascoso que depende de
cuestiones meteorológicas. Su estrategia está definida: eliminar expectativas
queriendo provocar así que el movimiento y la protesta pierda fuerza. Los
movimientos sociales, en sus múltiples dimensiones, tienen su tiempo, su
intensidad, y hasta puede que su fecha de caducidad, y por ende, ahora es
cuándo se requiere este salto táctico donde el fin no siga siendo -en el mejor
de los casos- gozar de un 15% de votos para tener una fuerza partidaria
minoritaria cada vez más grande, sino que es momento de buscar más del 50%; una
fuerza electoral que contenga a la mayoría de ese 99% que representamos los
ciudadanos de a pie que padecemos directa o indirectamente los efectos de esta
crisis de carácter estructural.
Los
indicadores, macroeconómicos y demoscópicos, muestran una descomposición
integral de la sociedad española. No solo llevamos un quinquenio perdido, sino
que vamos camino de la década perdida. Las expectativas, vengan por donde
vengan, son para echarse a llorar. En cuanto a la cuestión económica, España
seguirá en recesión sea cual sea la fuente consultada. Para el año 2013, el
gobierno es el más optimista considerando que el PIB se reducirá en 0,5%; la
Comisión Europea y la OCDE estima que la contracción es del 1,4; el FMI cifra
la recesión en 1,3%. Este dato no es fruto del azar sino de haber optado por
una economía irreal especulativa, sin sustento productivo, insertada
desigualmente en la UE, favoreciendo a una micro oligarquía
económica-financiera a cambio de la ilusión transitoria de la discutible monolítica
clase media. Este dato es el resultado de una salida neoliberal a la crisis
mundial del neoliberalismo edificada sobre un estado corporativo a favor de
unos pocos a la par que suprime derechos sociales a las mayorías. La deuda que
importa es la ilegitima, la financiera, con dueños que siguen enriqueciéndos.
La deuda en vivienda, en salud, en educación, en justicia, en servicios
básicos, en empleo,… es la deuda invisible para ellos y omnipresente para todos
nosotros. Esta recesión permanente, agravada por determinadas políticas con
paquete exclusivo para gente VIP, se traduce a su vez en un profundo Estado del
Malestar: desempleo que sube, consumo por hogar que baja, desigualdad y pobreza
creciente, desahucios en cada esquina a pesar de los 6 millones de viviendas
vacías. Claramente, el pacto es con ellos, no con nosotros; la alianza es con
ese orden económico internacional hegemónico. Las relaciones geopolíticas
elegidas seguirán poniendo más dificultades: Merkel podría salir ratificada en
Octubre de este año en Alemania; la derecha puede ganar en Italia en este
Febrero; EEUU con la excusa del su estrategia-invento del precipicio fiscal
llevará a cabo en unos meses todos los recortes posibles en prestación por
desempleo, salud y pensiones a cambio de subir impuestos; y para colmo, la
justicia elitista permite que el constitucional falle en contra de la medida
francesa de poner altos impuestos a los que ganan más de un millón de euros por
una cuestión técnica.
Todo
este panorama tiene su espejo inmediato en una condena mayoritaria de los
ciudadanos a aquellas instituciones sobre las que precisamente se cimienta
todas las injusticias. No resulta nada extraño que las primeras 13
instituciones más desaprobadas por la mayoría en España sean, según Metroscopia,
las siguiente: los políticos, los partidos políticos, los bancos, el
parlamento, los obispos, el gobierno del estado, los ayuntamientos, los
sindicatos, la patronal, las multinacionales, la iglesia, el tribunal
constitucional y los tribunales de justicias. Todas estas instituciones tienen
un porcentaje de desaprobación superior a los que la aprueban, revelando así un
alto descrédito a esta política de mentira, a sus soportes y sus actores. Es
ahora cuándo “sí se puede”.
Es momento de elegir ante la siguiente bifurcación:
aceptar las reglas de este juego suicida dando por buenos los efectos
devastadores y el sacrificio sine die, o cambiar creando una mayoría a favor de
otra democracia, real e integral, y no aparente. Las dos rutas están muy
definidas y llevan a lugares muy distintos. Ellos nos proponen acatar la
propuesta de una transición lampedusiana, esto es, cambiar algo para que nada
cambie, en el seno de una burbuja cultural-democrática fruto de otra
transición, la del franquismo con una constitución sin pueblo constituyente
sino con una corte de excelentes-sabios, con una justicia heredada, sin cambios
en la acumulación originaria de la dictadura, donde apretarse el cinturón es un
mandamiento natural. Nosotros tenemos otra vía, la vía de ganar elecciones
sabiendo que “somos mas”, que la crisis no se solventa apretando un cinturón
que no más de sí, sino que la rabia, la angustia, el pesimismo y la zozobra
deben ser canalizados por un instrumento electoral ganador. Momento para que
los movimientos sociales no se alejen de la sociedad, conversen con aquellos
que aún no se mueven, y no dejen pasar esta oportunidad sin construir un
instrumento político electoral que aproveche las cada vez más dadas condiciones
objetivas y subjetivas de las mayorías. La economía y las condiciones sociales
sólo cambian si se hace desde la política.
Fuente: www.publico.es

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