De Keynes a Roosevelt: reparar el mal
Artículos de
Opinión | Alejandro Nadal – Consejo Científico de ATTAC España | 13-01-2013 |
El 31 de
diciembre de 1933 el economista John Maynard Keynes dirigió una carta abierta a
Franklin Roosevelt, el único presidente de Estados Unidos que se ha enfrentado
al capital financiero. Si Keynes estuviera vivo, este fin de año habría enviado
a Obama una carta parecida. Considerando el estado actual de la economía
mundial, y no sólo la estadounidense, es importante recuperar los puntos
medulares de esa misiva.
Escribió
Keynes al mandatario: "Usted se enfrenta a una doble tarea: recuperación
de la crisis y la aprobación de reformas económicas y sociales que debieron
haber sido introducidas hace mucho. El objetivo de la recuperación es
incrementar el producto y el empleo. En nuestro mundo el producto se destina a
ser vendido y su volumen depende del poder de compra que le hará frente en el
mercado. Un incremento en el producto requiere de por lo menos uno de tres factores.
Las personas deben ser inducidas a gastar una mayor parte de su ingreso, o las
empresas deben ser persuadidas, ya sea por una mayor confianza o por una menor
tasa de interés, a contratar más personal y así crear más ingresos en manos de
sus empleados. Alternativamente, la autoridad pública debe ser llamada a crear
ingresos adicionales a través del gasto público. Cuando los tiempos son malos
no se puede esperar que el primer factor funcione a una escala adecuada. El
segundo factor no podrá operar sino hasta que el gobierno haya revertido la
situación a través del gasto público. En consecuencia, el mayor impulso para
salir del bache sólo puede provenir del tercer factor."
Keynes
replantea hasta aquí su teoría de la demanda efectiva para indicar que en
tiempos de crisis, cuando el gasto y las expectativas se deprimen, la inversión
privada se contrae y no puede ser el motor para sacar una economía adelante. El
gasto público es la alternativa para suplir la deficiencia en la demanda
agregada. Las políticas de austeridad que hoy se aplican en Europa son la
antítesis de esta visión y representan el regreso a una ortodoxia que niega la
realidad. Asimismo, en Estados Unidos la discusión sobre política fiscal y la
necesidad de reducir el déficit está contaminada por el oscurantismo de una
pseudo-teoría económica más ligada a la ideología que al análisis racional.
Sigue
diciéndole Keynes a Roosevelt: "Hay indicios de que dos falacias técnicas
están afectando las políticas de su administración. La primera tiene que ver
con el papel que juega el incremento de precios en la recuperación."
Keynes aclara que el aumento de precios normalmente acompaña al crecimiento y
la expansión del empleo. Pero existe una inflación provocada por manipulaciones
de costos o de la oferta y no tiene nada que ver con el aumento de precios que
se espera de una expansión saludable del poder de compra y de la demanda
agregada. En pocas palabras, el fetiche del control de la inflación no debe ser
un obstáculo para aplicar políticas de recuperación.
En el
terreno de las recomendaciones, Keynes insistió: "la prioridad está en
otorgar crédito para el gasto bajo los auspicios del gobierno. Una preferencia
estaría en obras que pueden madurar rápidamente y en gran escala, como la
rehabilitación de la red ferroviaria. En segundo lugar yo colocaría el crédito
barato y abundante, así como la reducción de la tasa de interés de largo plazo
a través de la intervención de la Reserva federal".
Ochenta años
después, la carta de Keynes a Roosevelt mantiene su vigencia esclarecedora.
Mientras la peor crisis en la trágica historia del capitalismo sigue su marcha,
los poderes establecidos aprovechan la coyuntura para arremeter contra lo que
queda del estado de bienestar. El colapso actual tiene sus raíces en el estancamiento
de los salarios reales en las principales economías capitalistas del mundo. La
mala distribución del ingreso ha llevado a un sobre endeudamiento de las clases
trabajadoras. Y ahora, en una brutal recesión en la que todos los agentes están
empeñados en desendeudarse, nadie quiere aumentar pasivos y cualquier ayuda en
forma de subsidios fiscales se utiliza para pagar deudas, lo que no contribuye
a incrementar la demanda. En este contexto urge el lanzamiento de un vasto
programa de obras públicas.
En Estados
Unidos y Europa, los amos del dinero impiden que el gasto público sea el factor
para salir del atolladero, tal y como recomendaba Keynes. La falacia sobre la
necesidad de mantener el presupuesto equilibrado ha sometido a las finanzas
públicas a los dictados del capital financiero. Aún más, al imponer los
recortes fiscales se agrava la crisis porque se reduce la demanda agregada.
¿Será por ignorancia o por mala fe? En algunos casos el desconocimiento de los
rudimentos de la teoría económica es responsable de que se apliquen políticas
retrógradas. Pero, en general el retroceso en política macroeconómica de cara a
la crisis se debe a un objetivo perverso: La destrucción de todas las
instituciones que apoyan a la clase trabajadora.

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