Artículos de
Opinión | Víctor J. Sanz | 22-01-2013 |
Dice el
artículo 20 de la Constitución española que los ciudadanos tenemos derecho a
recibir libremente cualquier información veraz por cualquier medio de
comunicación. Este derecho, como el del trabajo o de la vivienda digna no
pasa de ser utopías dictadas por un mudo a un sordo y escritas con tinta
invisible sobre papel mojado. En realidad, habría sido lo mismo que la
Constitución incluyera un artículo que reconociese a los españoles el derecho a
soñar con vivir en la Luna, habría tenido el mismo efecto. Y no falta quien
tiene por bueno que la vida consiste precisamente en eso.
Pero así
como la Constitución recoge derechos y obligaciones, entre otros, de los
ciudadanos, muy bien podría recoger, no ya el derecho a recibir información,
sino la obligación de estar informado. Así como existe una regulación para la
enseñanza obligatoria, debería existir una regulación para la información
obligatoria.
Para muchos,
estar informado no solo es trabajoso, sino hasta aburrido. Para muchos, estar
informado es algo que hacen “los que tienen tiempo”, “los expertos” o cualquier
otro menos uno mismo. Más tarde, cuando esos “que tienen tiempo”, o esos
“expertos” o esos “cualquiera” se han tomado la molestia de informarse, moldean
y transforman la información en opinión y la vierten como cera caliente sobre
las mentes de quienes rechazan voluntariamente estar informados, formando sobre
su corteza cerebral una capa de información, a veces demasiado gruesa, que
infunde en el ciudadano la convicción de estar informado de forma veraz, cuando
en realidad esa capa contiene más de opinión y de ocultación parcial de la
información que de la información misma. No es pues, en esencia, información lo
que tiene la mayoría de la población; y resultando que esa capa de speudo-información
es impermeable, el ciudadano resulta inasequible a otras informaciones, tal vez
más veraces.
Este proceso
suele darse con mayor frecuencia entre los consumidores de los productos
fecales de los medios de comunicación masivos. Los grandes medios
alcanzaron un prestigio por la difusión obtenida por sus publicaciones, y no
tanto por la veracidad de sus contenidos. Este prestigio proporcionó más
consumidores y este más prestigio al medio. Es decir, se crea un círculo
vicioso que no tiene sustento por sí mismo entre prestigio-clientes-prestigio,
es una burbuja informativa absolutamente vana que hay que rellenar para que no
se venga abajo como un soufflé, el único problema es que el relleno suele tener
como principal ingrediente la opinión.
Despierte el
ciudadano y ejerza su derecho a estar informado cumpliendo con su obligación de
estarlo, busque la
verdad y fórmese su propia opinión. Esto es comparable a estar buscando en la
basura, y a veces durante horas para encontrar un mendrugo medio decente, pero
nadie dijo que estar informado fuera fácil. Antes al contrario, estar
desinformado es lo más fácil del mundo, déjese llevar, déjese mentir por unos y
otros, si no busca, al menos podrá ser feliz en su ignorancia e inoperancia.
Ya sabe, si
es fácil no es información, si le llega a usted sin esfuerzo, no es
información, si apenas le consume tiempo, desconfíe, la flor de la verdad no
florece en cualquier jardín. Usted debe tomarse la información como
obligación ciudadana, si no lo hace, no se queje de lo que le cuenten.
Víctor J.
Sanz

No hay comentarios:
Publicar un comentario