Miércoles,
enero 9, 2013 ·
Luís Lavín
fue uno de los 3.000 niños y adolescentes exiliados a la URSS para huir de la guerra en
España. Después de huir del infierno de la guerra iniciada por el fascismo en
España, Luís tuvo oportunidad de combatir al enemigo en la URSS. Allí no estaba
indefenso mirando aterrado hacia el cielo, allí combatió al enemigo en el aire,
cara a cara. En 1993 regresa a España, a Castellón, en donde pasó los últimos
años de su vida en el total anonimato y olvido.
Luis Lavín
nació en Bilbao en 1925. En junio de 1937 se embarca en el Habana, camino
del exilio con tan sólo 12 años de edad. Las autoridades soviéticas le
instalaron en una casa de jóvenes en Ucrania, en donde además de darle
educación y todo tipo de atenciones, aprendió a utilizar armas. Los niños
españoles, aún recordaban como los bombarderos fascistas descargaban sus bombas
contra la población sin cazas que les protegieran. Este amargo recuerdo hizo a
Luís interesarse por la aviación.
A finales de
1940, ingresa en un club de vuelo de Moscú y al año siguiente en una escuela de
vuelo militar. Con el estallido de la guerra, Luís queda en la retaguardia con
la misión de formar a pilotos en el uso de nuevos modelos de aviones. Estaba
encuadrado en la 36 División Aérea en el 826 regimiento de cazas. Allí, cerca
de Stalingrado es donde entra en combate pilotando un I-16. No va al
frente, pero los bombardeos alemanes les obligan a combatir.
Es
trasladado a la localidad de Peski (Kazajstán) por donde pasaban las columnas y
los suministros hacia Stalingrado. Allí pilota un LA-7, un caza mucho más
rápido y moderno.Tenía la misión de escoltar cuadrillas, apoyar a la
infantería y proteger al areródromo.
Tras la
victoria soviética, Luís se casa con una enfermera ucraniana destinada
anteriormente en Stalingrado. En 1948 abandona el ejército y comienza a
trabajar en una fábrica aeronáutica en Saratov. En 1956, regresa a España junto
a su mujer. Al volver, es interrogado y la policía no deja de seguirle y
acosarle. En esa situación, Luís aguanta en España algo más de un año
antes de regresar a la URSS.
En 1993
regresa a España engañado por las autoridades, que le prometen ciertas
garantías. En Rusia tenía 4 pagas de jubilación, pero pierde el derecho a
cobrarlas una vez abandona el país. Olvidado por ambos gobiernos queda en una
situación de total pobreza. Sin posibilidad de trabajar por su edad y las
secuelas físicas de la guerra, se ve obligado a recurrir a la caridad
de ONGs para poder comer.
Luís Lavín
ha fallecido en el más absoluto olvido. Una situación vergonzosa hacia alguien que luchó
contra el fascismo en defensa de la democracia. Nuestro agradecimiento eterno a
estos héroes anónimos como Luís Lavín, que sin exigir nada a nadie
comprendieron el sentido de la lucha por la igualdad, por la vida y por la
dignidad humana.
Fuente: www.larepublica.es




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