Artículos de
Opinión | Por Margarita Alarcón | 17-01-2013 |
Gravemente
afectada por la crisis financiera, Europa busca una salida recurriendo a
drásticos recortes del gasto social y a la reducción radical del sector
público, mientras trata de mantener a flote la banca privada con miles de
millones de euros sacados del bolsillo del contribuyente. Estudioso conocedor
de Latinoamérica y crítico de las actuales políticas europeas, el investigador
francés Salim Lamrani estima que hoy en día el Viejo Continente «tiene mucho
que aprender» de esa parte del mundo que alguna vez colonizó. En entrevista
concedida a la periodista cubana Margarita Alarcón, este profesor de Historia y
Civilización latinoamericanas reclama además la defensa del legado revolucionario
de Robespierre.
Margarita
Alarcón: Háblanos un poco de la situación en Francia.
Salim
Lamrani: Como el resto del mundo, Francia sufre de la grave crisis económica
sistémica que afecta no sólo a las categorías más vulnerables de la sociedad
sino también a las clases medias. Desgraciadamente, en vez de adoptar políticas
voluntaristas para estimular la economía, Francia ha elegido la vía de la
austeridad.
¿Y el resto
de Europa?
Conviene
recordar que las políticas de austeridad promovidas por la Unión Europea ―con
la Alemania de Angela Merkel a la cabeza―, el Fondo Monetario Internacional
(FMI) y el Banco Central Europeo (BCE) llevan a un callejón sin salida. En
efecto son políticamente impopulares, económicamente ineficaces y socialmente
desastrosas. En todos los países donde se aplicaron, ya sea en Grecia, Irlanda,
Italia, Portugal o España ―sin excepción― fracasaron con un aumento de la
pobreza y el desempleo, crecimiento de la deuda pública, desmantelamiento del
Estado de bienestar con la destrucción de los servicios públicos y una
disminución drástica de los ingresos del Estado.
El caso de
la crisis de la deuda griega es un caso de manual e ilustra el fracaso total de
las políticas neoliberales. En efecto, a pesar de la intervención de la Unión
Europea, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Central Europeo, a pesar
de la aplicación de 9 planes de austeridad extrema ―alza masiva de los
impuestos, entre ellos el IVA, alza de los precios, reducción de los salarios
(¡hasta un 32% sobre el salario mínimo!) y de las pensiones de retiro, retraso
de la edad legal de la jubilación, destrucción de los servicios públicos de
primera necesidad como la educación y la salud, supresión de las ayudas
sociales y privatizaciones de los sectores estratégicos de la economía nacional
(puertos, aeropuertos, ferrocarril, gas, agua, petróleo) que han doblegado a la
población, hoy la deuda es superior a lo que era antes de la intervención de
las instituciones financieras internacionales en 2010.
No obstante,
la crisis griega habría podido evitarse.
El Banco
Central Europeo sirve directamente a los intereses del mundo financiero
¿Aquí entra
a jugar, o no, su papel el Banco Central Europeo?
En efecto,
habría bastado con que el Banco Central Europeo hubiera prestado directamente a
Atenas las sumas necesarias, con la misma tasa de interés con la que presta a
los bancos privados, es decir entre el 0% y el 1%, lo que hubiese impedido toda
especulación sobre la deuda por parte del mundo financiero. Ahora bien, el
Tratado de Lisboa, redactado por Valéry Giscard d’Estaing, prohíbe esa
posibilidad por razones difícilmente comprensibles, si uno se basa en el
postulado según el cual el Banco Central Europeo actúa en el interés de los
ciudadanos.
En realidad,
el Banco Central Europeo sirve directamente a los intereses del mundo
financiero. Así, los bancos privados contrataron un préstamo al BCE con la tasa
baja de un 0% al 1% y luego especularon sobre la deuda y prestaron ese mismo
dinero a Grecia, pero con tasas que van del 6% al 18%, agravando así la crisis
de la deuda, que ahora es matemáticamente impagable, ya que Atenas se encuentra
en la obligación de contratar préstamos sólo para pagar los intereses de la
deuda. Peor aún, el Banco Central Europeo vende a Grecia títulos de su propia
deuda a precio de oro, es decir al 100% de su valor, mientras que los adquirió
a un 50%, y especula así con el drama de una nación.
Por esas
razones, resulta imprescindible reformar en profundidad el Tratado Europeo con
el fin de autorizar al BCE a prestar directamente a los Estados y evitar así
los ataques especulativos del mundo financiero sobre las deudas soberanas, como
ha sido el caso en Grecia, Irlanda, España, Portugal e Italia, por citar sólo
algunos.
A América
Latina la excluyen en temas económicos por haber sido históricamente el «patio
trasero», ¿Vez cambios en este aspecto? Rafael Correa, electo presidente de
Ecuador en 2006, reelecto en 2009. Uno de sus primeros actos como gobernante
fue la creación de una Comisión encargada de evaluar la legitimidad de la deuda
nacional.
A su llegada
al poder en 2007 [en Ecuador], el presidente Rafael Correa redujo el servicio
de la deuda a un 25% del presupuesto y creó una Comisión para la Auditoría
Integral del Crédito Público, con el fin de evaluar la legitimidad de la deuda.
Esa Comisión publicó su informe y consideró que la deuda comercial ecuatoriana
era ilegítima. En noviembre de 2008, el presidente Correa procedió a la
suspensión del pago de un 70% de la deuda pública.
Como lógica
consecuencia, el valor de la deuda ecuatoriana perdió un 80% de su valor en el
mercado secundario. Quito aprovechó la ocasión para comprar 3 000 millones de
su propia deuda por una suma de 800 millones de dólares, realizando así un
ahorro de 7 000 millones de dólares de intereses que el país habría tenido que
pagar hasta 2030.
Así,
mediante una simple auditoría, Ecuador redujo, sin gasto alguno, su deuda en
cerca de 10 000 millones de dólares. La deuda pública pasó de un 25% del PIB en
2006 a un 15% en 2010. Al mismo tiempo, los gastos sociales (educación, salud,
cultura, etc.) pasaron de un 12% a un 25%.
Ecuador
logró disminuir la deuda de un 24% a un 11% del PIB sin aplicar medidas de
austeridad
¿Ves esa
experiencia como un ejemplo válido para el resto del mundo?
Para volver
al tema de la deuda, Europa tiene mucho que aprender de la nueva América
Latina. Ecuador logró disminuir la deuda de un 24% a un 11% del PIB sin aplicar
medidas de austeridad. Dicha deuda, contratada en los años 1970 por regímenes
dictatoriales, era por esencia ilegítima y entraba en la categoría de deuda
llamada «odiosa».
Entre 1970 y
2009, Ecuador rembolsó 172 veces el monto de la deuda de 1970. No obstante,
debido a los intereses exorbitantes que se imponían a la nación, el volumen de
esa deuda se multiplicó por 53. Del mismo modo, entre 1990 y 2007 el Banco
Mundial prestó 1 440 millones de dólares y Ecuador rembolsó a esa institución
la suma de 2 510 millones. El servicio de la deuda representaba, entre 1980 y
2005, el 50% del presupuesto nacional, en detrimento de todos los programas
sociales. ¿Por qué Europa, especialmente España y Grecia que vivieron muchos
años bajo regímenes dictatoriales, no podría hacer lo mismo?
En efecto,
hay dos opciones para resolver la crisis económica: disminuir los gastos
públicos y aplicar políticas de austeridad, con los resultados que ya conocemos
―un fracaso total―, o aumentar los ingresos del Estado mediante el alza de los
impuestos a las categorías más adineradas, aumentar el salario mínimo y
realización de inversiones masivas por parte del Estado. La ideología dominante
que reina en los medios informativos elude minuciosamente abordar la segunda
posibilidad porque significaría afectar los intereses de los más privilegiados.
¿Por qué hay
que aumentar el salario mínimo?
El aumento del
salario mínimo constituye la base del programa del FDG [1] y reviste un doble
objetivo.
Primero,
permitirá mejorar el nivel de vida de una parte sustancial de los ciudadanos
franceses, una inmensa mayoría mujeres (80%), que sobrevive difícilmente con semejantes
ingresos. Además, 8 millones de franceses viven por debajo del umbral de la
pobreza (fijado en 970 euros mensuales) en la quinta potencia mundial, a pesar
de que el país es dos veces más rico que en 1990 (con más 2 560 millardos [2]
de euros de riqueza producida al año).
O sea, el
aumento del salario mínimo permitirá estimular la economía. En efecto, el
aumento del salario mínimo alentará automáticamente el consumo de esa categoría
de la población, cuyas necesidades son importantes, y de rebote llenará el
libro de pedidos de las empresas. Estas, a su vez, reclutarán la mano de obra
necesaria para satisfacer esta nueva demanda, lo que tendrá un impacto positivo
en la tasa de desempleo, que lógicamente se reducirá. Así, el Estado verá
crecer sus recursos gracias a la contribución tributaria de los nuevos
asalariados y disminuir sus gastos dedicados a las ayudas a los desempleados,
creando así un «círculo virtuoso».
Pasemos a
otro tema, ¿cómo llegas a Cuba?
La lectura
del magnífico libro del historiador y profesor estadounidense Howard Zinn A
People’s History of the United States tuvo una importancia decisiva. Empecé por
interesarme en la política exterior de Estados Unidos e inevitablemente
descubrí los trabajos de Noam Chomsky. El ha escrito excelentes libros sobre la
política exterior de Washington. Me interesaba mucho América Latina y descubrí
Cuba, su lucha por la independencia, la Revolución Cubana, la figura del Che y
sobre todo su peculiar relación con Estados Unidos. Decidí especializarme en el
tema e hice mis estudios de doctorado sobre la política exterior de Estados
Unidos hacia Cuba durante la guerra de liberación nacional, entre 1956 y 1959.
Ahora dedico la mayor parte de mis investigaciones universitarias a las
relaciones entre ambas naciones.
¿Y Cuba y el
periodismo... cómo encajan en esto?
Mi
experiencia periodística empezó con una constatación: hay un abismo que separa
la imagen de Cuba en Occidente de la realidad de la Isla. Cuando uno lee la prensa
occidental tiene la impresión de que Cuba es el infierno de Dante. En cambio,
todas las instituciones internacionales elogian el excelente sistema social
cubano, la educación, la salud, el internacionalismo humanitario, la prevención
de la delincuencia, la protección de la infancia, el desarrollo de la
agricultura urbana, la Defensa civil, etc. Llegué al periodismo porque, al
igual que millones de ciudadanos del mundo, no estaba satisfecho con la imagen
de Cuba que transmitían y que siguen transmitiendo los medios informativos, una
imagen que me parecía parcial, desequilibrada, engañosa e ideológicamente
orientada. En violación de los principios básicos del periodismo, los medios de
comunicación, con la minuciosidad de un relojero, silencian todos los aspectos
positivos que tiene la sociedad cubana y magnifican todos los aspectos
negativos que pasarían desapercibidas si se encontraran en otra parte de mundo.
Nunca he
creído que Cuba era Alicia en el país de las maravillas. Tampoco creo que sea
la antecámara del infierno como la presenta la prensa.
¿Cuánto
conoces de la literatura latinoamericana?
Soy profesor
de Historia y Civilización Latinoamericana. Durante mi carrera universitaria
estudié literatura tanto española como latinoamericana. He leído a los grandes
clásicos de la literatura latinoamericana, desde Miguel Angel Asturias, Jorge
Luis Borges, Gionconda Belli, Gabriela Mistral, el inolvidable Pablo Neruda,
José María Arguedas, Alejo Carpentier, Octavio Paz, Augusto Roa Bastos, César
Vallejo y Mario Vargas Llosa ―brillante escritor y despreciable político a la
vez. Me gustan más la novela de tipo social y los escritores comprometidos con
los desafíos de su tiempo.
Robespierre
entendió que el principal enemigo del pueblo y de la Patria era el poder del
dinero
¿Cómo te
catalogarías si tuvieras que hacerlo?
Te
responderé citando a Maximilien de Robespierre, nuestro Libertador, el que
debería ser considerado como el Héroe Nacional de Francia, el Padre de nuestra
Patria a quien le debemos nuestra divisa «Libertad, Igualdad, Fraternidad»:
«Soy del pueblo, sólo vengo de allí, no quiero ser más que eso y desprecio a
quien tenga la pretensión de ser algo más». Siempre me ubicaré al lado del
pueblo y de los desposeídos.
¿Entonces el
rescate de la historia de la América latina de hoy te cautiva un poco por todo
eso, no?
Hablando de
Robespierre, permíteme una reflexión. Cuba logró rescatar la figura de su Héroe
Nacional José Martí. Venezuela, gracias a Hugo Chávez, logró rescatar la figura
del Libertador Simón Bolívar. En Francia nos toca la tarea de rescatar a
Maximilien de Robespierre, el Incorruptible, que era a la vez un visionario y
un hombre de su tiempo. Robespierre entendió muy temprano que el principal
enemigo del pueblo, de la República, de la Patria y del Estado de bienestar era
el poder del dinero. Por eso fue tan vilipendiado, ofendido y asociado a la
época del Terror y presentado como un hombre sanguinario, como si hubiera
tenido el poder judicial. Eso carece de sentido pues Robespierre ni siquiera pudo
enjuiciar a sus más connotados enemigos, los que traicionaron los ideales de la
Revolución. Además, hablando de Terror, es importante recordar las cifras. Los
archivos del Tribunal Revolucionario de París demuestran que hubo menos de 3
000 ejecuciones en la capital (en total, 17 000 en toda Francia), en un
contexto de guerra civil y de guerra de todas las monarquías de Europa contra
la Revolución y en contra de la República. Como comparación, durante la Comuna
de París en 1871, ¡los versalleses [3] fusilaron en una semana a 20 000
personas sin juicio!
Es un
bochorno que Robespierre, el más puro patriota de la historia de Francia, la
figura principal de la Revolución, el defensor de la soberanía popular, no
descanse en el Panteón donde reposan los restos de nuestros grandes próceres,
desde Víctor Hugo hasta Jean Jaurès. Ni siquiera tiene una estatua en París.
También es una vergüenza que el 22 de septiembre, día de la Fundación de
nuestra República por Robespierre y sus compañeros, no sea una fecha celebrada
en Francia.
Entrevista
realizada por Margarita Alarcón, periodista cubana.
Fuente: La
Ventana (Portal informativo de la Casa de las Américas) Margarita Alarcón

No hay comentarios:
Publicar un comentario