Artículos de
Opinión | Manuel E. Yepe* | 03-03-2014 |
Jim
Sakouman, un buen amigo canadiense, profesor de la Universidad de Acadia, en
Nueva Escocia, me comentaba con preocupación los peligros que derivan de que
Estados Unidos marche hacia la suficiencia energética a partir de la técnica de
fracturación hidráulica (hydraulic fracturing) para la extracción de gas
natural, conocida como “fracking”.
Este
procedimiento ha dejado en Canadá experiencias muy lucrativas desde el punto de
vista económico, pero muy tristes y negativas para el medio ambiente y las
poblaciones aborígenes, me decía Sakouman.
Interesándome
en el asunto, conocí que este sistema consiste en la inyección de gran cantidad
de agua, arena y productos químicos a alta presión y a distancias de hasta diez
mil pies de profundidad y horizontalmente. Esta mezcla presurizada provoca
fisuras en los estratos de rocas calizas que las partículas de arena mantienen
abiertas dejando escapar el gas natural contenido en ellas para su
aprovechamiento económico.
La práctica
de este método en nueve de cada diez pozos de gas natural en Norteamérica
significa que cotidianamente millones de galones de agua, arena y productos
químicos son bombeados a grandes profundidades para fracturar las rocas y dejar
escapar el hidrocarburo atrapado en ellas permitiendo su obtención por medio de
extracción horizontal.
Fue en 2008
que la crisis económica global llevó al alza del precio del crudo que hizo
rentable la nueva tecnología del “fracking” y provoco que comenzara su fase de
experimentación.
La
producción de gas natural con el sistema “fracking” desde entonces, ha
significado para Estados Unidos un incremento de un 30% de la producción total,
pasando de 600 mil barriles diarios a 3,5 millones.
La
preocupación de los científicos ambientalistas reside en que los productos
químicos que se usan para la fracturación constituyen un peligro en las
profundidades, y también lo son en la superficie, cuando son manipulados o
esparcidos los fluidos de desecho.
En cada
trabajo de fracturación se utilizan entre uno y ocho millones de galones de
agua que se mezclan con arena y unos 40 mil galones de agentes químicos que
incluyen carcinógenos y toxinas tales como plomo, uranio, mercurio, radio,
metanol, ácido hidroclórico, formol y otros.
Se calcula
que en Estados Unidos están activos 500,000 pozos para la extracción de gas
natural mediante fracturación y en cada pozo puede practicarse esta operación
18 veces. Por simple cálculo aritmético se deduce que son necesarios 72
billones de galones de agua y 360 000 millones de galones de agentes químicos
para operar el número actual de pozos de gas natural por fracturación.
Durante el
proceso de fracturación de las rocas, el gas metano y los tóxicos contaminantes
se disuelven y contaminan la tierra y las aguas cercanas a la zona.
Solo entre
un treinta y un cincuenta por ciento de los fluidos empleados en la
fracturación son recuperables. El resto, los de desecho, quedan a cielo abierto
y emiten al evaporarse compuestos orgánicos volátiles que contaminan el aire en
la atmósfera y provocan lluvia ácida y ozono en las capas más bajas de la
atmósfera.
En Estados
Unidos se han documentado unos mil casos de ciudades y otras poblaciones cuyas
fuentes de agua cercanas a las áreas de extracción de gas natural por
fracturación han sido contaminadas, así como casos de daños sensoriales,
respiratorios y neurológicos debido a la ingestión de agua contaminada.
La
fracturación hidráulica produce a Estados Unidos 300,000 barriles de gas
natural, pero ello es al precio de grandes riesgos para la seguridad humana, el
medio ambiente y la salud.
Se dice que
la industria del “fracking” no las tiene todas consigo, que su futuro no está
asegurado porque si baja el precio del barril desciende por debajo de 80
dólares el barril, los márgenes de beneficio comenzarían a ser escasos para la
extracción de gas natural por este sistema que solo se hizo viable a partir de
una baja grande y sostenida de los precios del petróleo por tener sus pozos un
declive más rápido que los explotados de modo convencional.
Pero, aunque
las compañías de “fracking” argumentan que su tecnología también está
progresando y sus inconvenientes pueden perder importancia en los próximos
años, habrá que ver si pueden resistir las imputaciones relacionadas con sus
agresiones al medio ambiente y la salud humana.
*Manuel E.
Yepe, periodista cubano especializado en política internacional.
Enviado por
el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

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