05 junio 2013
Aníbal Malvar
Wert, titular del ministerio de la Ignorancia y la Paletería, se quedó un tanto estupefacto. A ver, ministro, no se aflija. Si leyera usted un poco, se daría cuenta de que antes de reconocer a nadie hay que conocerlo. Y es muy difícil conocer a alguien ignorándolo. Wert quiso conocer a los jóvenes estudiantes mientras, simultáneamente, los ignora. Y eso de conocer ignorando viene siendo habilidad bastante difícil incluso para un ministro
Ahora saldrá alguien diciendo que esa escenita de los premios fin de carrera solo vale para dañar la marca España. Pues coño, yo prefiero dañar y escupir sobre la marca España a dañar y escupir al tío o a la tía que mañana me va a curar el cáncer o me va a escribir Quizá nos lleve el viento al infinito. Porque amar la marca España es como ser una res y amar la marca que te pone a fuego el ganadero. O sea, una tontería si se mira desde el punto de vista del ganado.
Lo de defender una marca y abandonar a un estudiante es muy modernuqui, y se lleva hasta en los países más desarrollados. Es como valorar las consecuencias de un terremoto asesino diciendo que, a pesar de tanta muerte, podemos presumir de que al menos, tras la catástrofe, se ha reducido el paro.
Estos chicos y chicas que han recogido su premio sin saludar a Wert, torciéndole la cara, nos han demostrado con un solo gesto que el gobierno de España podría estar formado por personas mejor formadas, menos vasallas y más jóvenes que nuestro ministro de Educación y Ciencia y Cultura y Deporte y mogollón de cosas que entran en el cajón de lo que no vale para nada. Tenemos un país de mierda en el que ya no se rebelan los ejércitos contra la opresión, como antañazo. Ahora solo se rebelan los estudiantes, los cerebros huidizos, la inteligencia. Con estos revolucionarios que piensan, que deciden, que hacen belleza, nunca vamos a llegar a ninguna parte.
Fuente: www.publico.es
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