Artículos de
Opinión | Eduardo Montagut Contreras | 14-04-2014 |
La
Revolución de 1905 provocó que en el seno del zarismo surgiera una tendencia
que se inclinó hacia la necesidad de emprender algunas reformas para evitar que
volviera a estallar una revolución. Stolypin, ministro del zar entre 1906 y
1911, es el personaje clave en este momento, realizando una política que
mezclaba signos de modernización con la represión de cualquier contestación,
empleando con profusión la pena de muerte, y el control de la Duma,
disolviéndola cuando consideró oportuno.
Stolypin
buscó crear una clase de campesinos acomodados que sostuviesen el zarismo en el
campo, por lo que emprendió una especie de reforma agraria. Dividió las tierras
de las comunidades campesinas (mir) para que fueran compradas por los
campesinos más acomodados, los conocidos como kulaks. Esta medida,
además, debía provocar un éxodo rural del resto de campesinos para favorecer la
industrialización al proporcionar una masiva mano de obra.
Stolypin
tuvo más proyectos pero que no cuajaron realmente porque no tuvo tiempo para
emprender su proyecto de veinte años de tranquilidad: quiso aumentar el
presupuesto imperial y pensó en una fuerte subida de impuestos sobre el alcohol
y los bienes inmuebles. La idea era emplear el presupuesto en modernizar la
industria y emprender una política de infraestructuras para mejorar las
comunicaciones. Tenía en mente una especie de código laboral para crear un
seguro social obrero. Otro proyecto iba encaminado a suavizar la política
religiosa sobre las minorías no ortodoxas. También pensó en que debía arbitrase
algún tipo de autonomía para Finlandia y Polonia.
Por otro
lado, amplió los poderes de los zemstvos, es decir, de las asambleas
locales para que se encauzara algún tipo de representación aunque muy controlada.
Pero esta medida, aunque muy tímida, resultó demasiado avanzada para los
sectores más reaccionarios del zarismo. Stolypin terminó por ser un político
que no contentaba a los poderes que sostenían el zarismo pero sin ganarse la
simpatía de la oposición por su implacable represión. En 1911 fue asesinado en
Kiev. La autoría de su muerte ha generado polémica: ¿fue la policía o un
socialrevolucionario? Su asesinato, en todo caso, es simbólico, ya que
representa el fracaso de los intentos modernizadores en el seno del zarismo.
Para
sostener el sistema se optó por la represión y la manipulación del patriotismo.
En 1913 se celebró el centenario de la victoria rusa sobre Napoleón y el
tricentenario de la subida al trono de los Romanov. El estallido de la guerra
en 1914 también fue explotado por la propaganda nacionalista. Pero el zarismo
estaba muerto ya. Los desastres militares y las penurias de la retaguardia
precipitarían el final en 1917.

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