Artículos de
Opinión | Mireia Chavarria * | 02-04-2014 |
“Quien no
tiene trabajo es porque no quiere”. Esta era la filosofía que se desprendía
cuando los medios de comunicación utilizaban el término “ni-ni” para referirse
a jóvenes que ni estudiaban ni trabajaban. La palabra provenía de un indicador
sociológico inventado en Gran Bretaña para identificar a las personas no
ocupadas que tampoco se dedicaban a mejorar sus habilidades para el mercado
laboral (Not in Education, Employment or Training). En definitiva, a las que no
contribuían a la producción capitalista, que estaban “paradas” (del latín
“detenerse”, como si la única pulsión para vivir fuera el trabajo) o "de
vago” en castellano de Chile, y que por lo tanto eran “inútiles”. Una manera de
estigmatizar a un colectivo que rápidamente se agarró a los gráficos de barras
de la OCDE y la Comisión Europea.
Cuando la
crisis se desbordó, sin embargo, el paro se convirtió en norma, y no sólo para
la juventud. Y el precio de estudiar estaba por las nubes. Era absurdo, pues,
culparles, y las “ninis” se fundieron en la saliva periodística. Por otra
parte, tampoco se les podía recriminar que no se movilizaran, ya que con el 15M
salieron a las calles. En un intento torpe de hacer creer que éramos un grupo
marginal o radical, se nos llamó “perroflautas”.
Sin embargo,
era necesario un cambio de estrategia. Con el avance del neoliberalismo y el
malbaratamiento del estado del bienestar, la juventud ha dejado de ser una mera
etapa transitoria sobreprotegida. Ahora ya no se criminaliza a quien no forma
parte de la cadena productiva; ahora se felicita a quien se deja llevar por el
“espíritu aventurero” en busca de un trabajo precario en el extranjero o a
quien se autoesclaviza aceptando su condición de “autónoma”.
* Mireia
Chavarria (@miretxebarria) es militante de En lluita / En lucha
Artículo
publicado en la sección Literata del Periódico En lucha / Diari En lluita

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