El
rey español es conocido en el resto del mundo como comisionista
Tres economistas españoles, Juan Blanco, Roberto
Centeno y Juan Laborda, han coincidido: para salir del “agujero” económico
en el que se encuentra España es necesario un cambio de modelo de Estado que
pase por la separación de poderes y la elección popular directa de los mismos y
donde el Jefe del Estado sea refrendado por votación. Juan Blanco afirma
que la degradación del actual régimen es tal que el nivel de corrupción en
España llega incluso a situaciones como la de que “ni siquiera el Rey hace
ascos a suculentas comisiones”.
Juan
Blanco, uno de los economistas que señala que la corrupción en España comienza
por la cúspide
Blanco estudió en la London School of
Economics, donde obtuvo un título de Master en Economía y lleva muchos años
en la Universidad “intentando aprender y enseñar los principios de la economía
a las pocas personas interesadas en conocerlos”. Gracias a sus muchas lecturas,
bastantes viajes y entrañables personas, Blanco ha llegado al
convencimiento de que “no hay verdadera recompensa sin esfuerzo y de que pocas
experiencias resultan más excitantes que el reto de descubrir lo que se esconde
tras la próxima colina. Nos encontramos “en el límite”: es momento de mostrar
la gran utilidad que pueden tener las ideas”. Por su parte, Juan Laborda
ha sido economista y estratega jefe de varias entidades financieras y ha puesto
a España como “ejemplo de Monarquía bananera”, mientras que Roberto
Centeno es catedrático de Economía de la Escuela de Minas y uno de los más
acreditados expertos energéticos españoles por su experiencia: “El gran
negocio estará en la oligarquía de un Estado de partidos, desde donde
pueden expoliar España impunemente y a gran escala”, señala en otro artículo.
El
fiscal Antonio di Pietro desencadenó en Italia un movimiento político contra la
corrupción
En uno de sus últimos textos, Blanco compara lo
que ocurrió en Italia con lo que ahora ocurre en España: “ningún
augurio permitía sospechar a Mario Chiesa (47) que su trayectoria vital
se torcería radicalmente esa funesta mañana de febrero de 1992. Ni que su caída
arrastraría consigo el sistema político instaurado en Italia tras la muerte de Benito
Mussolini y la abolición de la monarquía. Chiesa se había
limitado a representar el acostumbrado libreto, esa rutina de cobrar por
otorgar un favor. Pero esta vez iba a ser diferente. El fiscal Antonio di
Pietro, alertado por un empresario harto de pagar comisiones, había tendido
una trampa al político milanés y lo detuvo infraganti mientras se embolsaba un
abultado fajo de billetes destinado a su cuenta suiza”, cuenta Blanco.
Craxi,
Felipe González y Andreotti: la corrupción de Italia y España, parecidas
Pero sería su jefe en las filas socialistas,
Bettino Craxi, el principal protagonista, el verdadero detonante de la
tremenda explosión. En lugar de arropar a su compañero, apelando a la consabida
presunción de inocencia, el arrogante dirigente lo descalificó en público afirmando
que era un ladrón, una mancha en el “partido más honrado de Italia”.
Abandonado a su suerte, Chiesa decidió cantar involucrando a muchos
conmilitones, entre ellos el propio Craxi. La bola de nieve comenzaba a
rodar. El movimiento de jueces y fiscales, denominado Manos Limpias, fue
tirando de los hilos hasta desentrañar unas tramas corruptas que enraizaban en
todos los partidos y en todas las estructuras administrativas del país. Tras el
telón, las vergüenzas de Tangentopoli, todo un mundo de corrupción, extorsión y
financiación ilegal, se mostraban a la vista del público.
Berlusconi
y Aznar: corrupción italo-española
“Acorralado por la justicia, Bettino Craxi no
negó los hechos. Más bien trató de justificarlos en un ejercicio de banalización
del mal. Declaró que su proceder era común a todas las formaciones, la
regla general de actuación. Que la corrupción era el coste de la política, el
precio que la sociedad debía pagar para mantener una democracia de partidos.
Olvidaba que la mayor parte de los sobornos iba directamente al bolsillo de los
dirigentes, no a la financiación de gastos electorales. Los jueces citaron a
5.000 sospechosos, imputaron a más de la mitad de los miembros del parlamento,
disolvieron 400 ayuntamientos y comprobaron que las grandes empresas pagaban
anualmente más de cuatro mil millones de dólares en sobornos. Los partidos
tradicionales sufrieron un cataclismo electoral, desapareciendo del mapa. El
propio Craxi, antiguo primer ministro, acabó sus días exiliado en Túnez
para eludir una condena de 27 años de cárcel”, señala Blanco, autor del libro “Catársis”.
Rajoy
y Berlusconi: corrupción y viejos partidos en España e Italia se dan la mano
Blanco recuerda como la acción de Manos
Limpias destapando la cloaca “desató el entusiasmo de la población y propició
la transformación del sistema. 1993 daba paso a una nueva ley electoral que
permitiría elegir en distritos uninominales el 75% del parlamento”, algo
que ni siquiera Silvio Berlusconi, “magnate de los medios de
comunicación” y “producto del viejo sistema” pudo parar: “Los políticos no se
corrompían ellos solos, necesitaban la contraparte, esos “empresarios” que
pululaban alrededor en busca de privilegios. Ciertamente, Berlusconi no
había sido político, no cobraba comisiones. Él las pagaba. Había labrado su
fortuna a base de contactos, favores e influencias, siempre en la órbita del
poder político. Era absurdo presentarse como un outsider, libre de polvo y
paja, un auténtico reformador del caduco régimen. Tan ridículo como si Jesús
Polanco hubiera saltado al ruedo de la política española como un empresario
modelo, ajeno al sistema, un emprendedor con fortuna amasada con esfuerzo,
competencia e innovación, sin contacto alguno con los poderes públicos”.
El
modelo de corrupción socialista italiana se exportó a España
El vendaval que barrió Italia en los 90 redujo la
corrupción y mejoró la política. Pero su efecto fue temporal e incompleto. Las
reformas parciales, limitadas, fueron engullidas paulatinamente por la
implacable maquinaria a medida que la población se desentendía, perdía interés
por los interminables procesos judiciales. Finalmente, los cambios fueron
revirtiéndose, siendo Berlusconi el artífice de esa contrarreforma
electoral que regresó en 2005 a un sistema de listas cerradas.
Zapatero
y Berlusconi: un tonto útil da la mano a la corrupción
“Esta historia resulta familiar pues el montaje del
sistema político español utilizó muchos decorados, atrezos y vestuario de
diseño italiano. Como allí, el presente Régimen se agrieta, se resquebraja, se hunde
bajo el peso de la corrupción y de una clase política más pendiente de
mantener sus privilegios, de achicar crecientes vías de agua, que de velar por
los intereses generales. Una élite que, por mucho empeño que pone, se muestra
incapaz de tapar los numerosos escándalos que revelan la putrefacción de la
cúspide a la base”, indica Blanco.
Rajoy
y Bárcenas: una relación que ya vivió Italia
Y añade: “aunque Bárcenas no encaje en el papel de
Chiesa ni el carácter de Rajoy sea propicio a admitir públicamente que aquí
nadie, ni siquiera el Rey, hace ascos a suculentas comisiones, los partidos
tradicionales se van desangrando en votos a medida que los electores vislumbran
las colosales dimensiones de nuestro particular Tangentopoli. ¿Acabarán
ciertos personajes encarcelados o en el exilio? La experiencia italiana
muestra que el cambio es posible, que la opinión pública puede ejercer una
fuerza irresistible, que los partidos tradicionales no tienen el futuro
asegurado. Pero hacen falta nuevos líderes, dispuestos a romper barreras, a
avanzar hacia un sistema de libre acceso”.
El juez Elpidio Silva y el fiscal Di Pietro: vidas paralelas contra la corrupción
“Es tiempo de participación, de empuje, de superación
de absurdas enemistades tribales, de cumplida respuesta a los
pusilánimes, a esos que agitan el espantajo del pesimismo, de la imposibilidad
del cambio, a los que, encerrados en su torre de marfil, justifican su
pasividad y conformismo en la inutilidad de cualquier esfuerzo. Es hora del
recambio de los viejos partidos por otros nuevos, de renovación dentro de
un proceso de reformas rápidas, profundas y radicales. Eso sí, desconfiando de
aquellos que, tras haber ocupado destacados cargos políticos, despotrican
contra el statu quo cuando sospechan que la tortilla está a punto de
voltearse”.










No hay comentarios:
Publicar un comentario