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| Escrito por Amadeo
Martínez Inglés / UCR |
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Sábado, 05 de Abril de 2014 00:00
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Fue una maniobra del rey para salvar su
corona de las iras de los generales franquistas
Los ciudadanos de este país nos quedamos muy preocupados aquella tarde del
29 de Enero de 1981. La gran mayoría no esperábamos la súbita marcha del
presidente y la sorpresa por su repentina retirada dejó paso pronto en muchos
a la intranquilidad y al miedo por el futuro. No en vano Suárez, con la única
excepción del Ejército, había sabido granjearse durante los difíciles años en
que manejó las riendas del Estado la simpatía y la admiración del país
entero.
Casi todos
intuimos en aquel momento que con esa sonada dimisión del presidente no iban
a arreglarse los graves problemas que atenazaban a la nación entera; todo lo
contrario, muchos de ellos podrían empeorar todavía más y la vuelta a una
dictadura militar, que nadie deseaba, podía ser el colofón de una serie de
acontecimientos desagradables que tal vez se precipitaran cuando el jefe del
Ejecutivo terminara de decir adiós a su pueblo.
Quedaban en aquellos dramáticos momentos
25 días para el 23-F. Casi nadie podía sospechar entonces, a pesar de los
temores, que algo así podía ocurrir pero en los cuarteles bastantes militares
sí sabíamos que entre bastidores se estaba preparando algo muchísimo peor que
lo que luego finalmente aconteció, algo mucho más brutal y potencialmente
peligroso que unos pocos guardias civiles asustando con sus metralletas a los
padres de la patria en el Congreso de los Diputados y unos cuantos militares
sobre tanques viejos y desarmados correteando por las calles de Valencia;
deteniéndose civilizadamente, eso sí, en los semáforos en rojo.
Sobre el 23 de Febrero de 1981 se ha
escrito mucho, quizás demasiado, pero se ha escrito periodísticamente,
oportunistamente, sin conocer mucho las dos instituciones armadas que lo
protagonizaron (otras que también intervinieron, civiles, supieron nadar y
guardar la ropa), arrojando a la cara del lector miles y miles de datos, cifras,
fechas, nombres, hipótesis no contrastadas en absoluto, entrevistas y charlas
demenciales... en una abigarrada maraña que le ha impedido siempre llegar a
conclusión racional alguna. Lo que yo he querido hacer, a través de mis
libros y centenares y centenares de artículos y conferencias tras casi
treinta años de investigaciones sobre tan oscuro tema, ha sido poner a
disposición del hombre de la calle, del ciudadano español medio, un análisis
actualizado, serio, riguroso, de los acontecimientos que tuvieron lugar en
Madrid, Valencia y otras capitales españolas los días 23 y 24 de Febrero de
1981, explicándole con todo detalle pero con claridad (y supongo que con
amenidad), cuales fueron sus causas, sus antecedentes, sus protagonistas y
por qué se desarrollaron de la forma que lo hicieron y no de otra manera. He
utilizado para ello todos mis conocimientos profesionales y personales, mis
relaciones con el mundo de la milicia donde se gestó el evento, las
conclusiones y evidencias a las que he llegado después de una agobiante
recopilación de datos, y algo muy importante que no pude recoger (por un
compromiso inexcusable) cuando en 1994 publiqué mis primeras conclusiones:
las sensacionales declaraciones personales que en Marzo de 1990, en la
prisión de Alcalá de Henares, me hizo una de las principales figuras de la
llamada “intentona golpista”, el teniente general Milans del Bosch y Ussía.
Y creo, así me lo han expresado muchos
lectores, que desde ese año 1994 en que por primera vez dejé muy claro en las
páginas del libro “La Transición Vigilada” que el rey Juan Carlos era el
máximo responsable de la maniobra político-militar-institucional
desencadenada en España en la tarde/noche del 23 de febrero de 1981 (la
llamada indebidamente intentona golpista) hasta 2009 en el que di por fin
carpetazo al tema sacando a colación en “La Conjura de Mayo” todo el
entramado operativo del golpe duro o a la turca de los generales franquistas
previsto para ponerse en marcha el 2 de mayo de 1981, he hablado muy claro,
de una forma concisa, concreta, sin dejar nada en el tintero por fuerte o
escandaloso que pueda parecer a algunos, sin tabúes, autocensuras o miedos.
Intentando que los españoles dejáramos de referirnos al famosísimo 23-F como
el misterio del siglo, el intento de golpe de Estado “llevado a cabo por un
pequeño grupo de militares nostálgicos” que nunca podrá esclarecerse, el
oscuro suceso de la transición que “mejor es no meneallo” y pudiéramos
encontrar de una vez respuestas adecuadas a preguntas como éstas: ¿Cómo se gestó
aquella ridícula y rocambolesca entrada de guardias civiles en el Congreso?
¿Por qué dos generales monárquicos se levantaron contra el rey? ¿Por qué
Armada llamó a La Zarzuela minutos después del asalto y el rey no quiso
hablar con él? ¿Por qué Armada se embarcó como cabecilla de un intento de
golpe de Estado si en este país todo el mundo sabía, a mediados de Febrero
del 81, que ya había consensuado con los principales partidos políticos de la
época la puesta en marcha de su peculiar operación de cambio de rumbo
político a dos años vista? ¿Por qué otro de los principales dirigentes de la
“intentona”, el teniente general Milans del Bosch, obedeció enseguida a la
autoridad contra la que teóricamente estaba montado el operativo, el jefe del
Estado, y acuarteló sus tanques sin disparar un solo tiro? ¿Por qué los
autobuses de Tejero fueron conducidos “en volandas” al Congreso por coches
del CESID para evitar que se perdieran por la maraña del tráfico y no
llegaran a la hora prevista? ¿Por qué el Estado Mayor de la Guardia Civil
protegió con coches camuflados los alrededores del Congreso horas antes de
que acudiera Tejero? ¿Por qué el teniente coronel golpista recibió tantas
facilidades de sus jefes naturales para reclutar a sus hombres y organizar su
caravana hacia la fama? Y tantas y tantas otras…
Voy, pues a concretar, porque este
pequeño recordatorio de la génesis del falso golpe militar del 23-F no quiero
que se eternice en el tiempo y se salga de lo que solo aspira a ser: un
trabajo periodístico (oportuno, que no oportunista) ante la burda maniobra
propagandística cortesana que estos días ha vuelto a saltar a los medios de
comunicación de la mano del bodrio literario pseudo histórico de la señora o
señorita redactora PU. Empecemos, pues, ya sin más dilaciones. Estamos, no lo
olvidemos, a 29 de Enero de 1981 y Adolfo Suárez acaba de dimitir como
presidente del Gobierno. Este hecho, como apuntaba antes, va a influir
decisivamente en la vida política del país y, sobre todo, en la definición y
desarrollo de las maniobras involucionistas en marcha desde meses atrás.
Para abordar el misterio que todavía
puede representar para algunos el 23-F con ciertas garantías de
desentrañarlo, es conveniente sacar cuanto antes a la superficie del relato
el conglomerado de conspiraciones o golpes cívico-militares que estaban en
preparación en aquellas preocupantes fechas. Después de analizar múltiples
informes secretos de los Servicios de Inteligencia de la época, de recabar
decenas de testimonios personales directos y de sintetizar toda la confusa
información que ha llegado a mis manos estoy en condiciones de diseñar lo que
era el “mapa golpista” español a punto de comenzar el fatídico mes de Febrero
de 1981:
a).- Golpe duro a la turca.
Su nacimiento o sus orígenes hay que buscarlos en la famosa reunión de
Játiva de Septiembre de 1977 donde la cúpula militar, después de la
legalización del Partido Comunista (9 de Abril) y de las primeras elecciones
democráticas (15 de Junio), sienta las bases (su peculiar doctrina golpista
salvadora de la patria en peligro) para un eventual frenazo a la transición
política española en el momento que considere más oportuno. Recordemos que a
aquella reunión asistieron, entre otros, los generales De Santiago, Milans
del Bosch, Alvarez-Arenas, Pita da Veiga, Prada Canillas, Coloma Gallegos...
Ese “espíritu de Játiva” no se perdería ya en los meses y años siguientes,
antes al contrario, se afianzaría y fortalecería con el aporte ideológico de
la trama civil (el aparato franquista todavía muy importante en aquellos
momentos) y su entramado periodístico y de propaganda.
Este movimiento involucionista, el más
importante y peligroso de todos los que intentaban abrirse camino en la
atormentada España de principios de 1981, recibe nuevos bríos e ideas
operativas con el golpe de Estado en Turquía (Septiembre de 1980), plasmado
por el coronel Quintero, agregado militar en Ankara, en su ya famoso Informe
de Noviembre de ese mismo año. De ahí que haya sido bautizado con el
sobrenombre de “golpe a la turca”, aunque también se le conoce con los de
“Operativo Almendros” (pseudónimo con el que publica sus arengas panfletarias
en EL ALCAZAR) o “golpe de los tenientes generales”.
En algunos textos, investigaciones e
incluso informes reservados de los servicios de inteligencia del Estado
(“Panorámica de las operaciones en marcha”, CESID, Noviembre de 1980) se
habla de un “golpe de los coroneles”, independiente de la trama general que
estudiamos. No es exacta la información. El movimiento de los coroneles
existía, desde luego, con la mayoría de sus componentes localizados en el
Estado Mayor del Ejército y Estados Mayores de capitanías generales, pero más
bien como colectivo auxiliar y pensante desde el punto de vista ideológico y
de la planificación operativa, subordinado totalmente a la autoridad de la
“cúpula de Játiva” en cuyo marco trabajaba tanto en el campo legal y
reglamentario como en ilegal o subversivo.
Este golpe duro o a la turca, en
preparación adelantada en febrero de 1981, jamás llegaría a materializarse.
Sería abortado por una enmarañada y maquiavélica operación pseudo
constitucional auspiciada por el general Armada y conocida (y aceptada) en
los más altos ambientes políticos nacionales. Se ha juzgado y condenado, eso
sí, a algunos, muy pocos, de los que intervinieron en esta última operación
quirúrgica preventiva, que fueron arrastrados por la vorágine de la confusión
e interrelación de los distintos movimientos sediciosos en marcha como el
coronel Ignacio San Martín o su subordinado el comandante Pardo Zancada,
“fichado” después por Milans del Bosch para su golpe primorriverista, hombre
honesto y testimonial en las últimas horas del fallido 23-F; y a alguno más,
en general hombres de segunda fila que jugaron sin saberlo en un juego de
varias barajas que apenas conocían.
Para conocer en profundidad la génesis y
el desarrollo de este golpe duro, nonato afortunadamente, remito al lector a
mi libro “La Conjura de Mayo” (Styria, 2009), agotado y censurado ¡faltaría
más! pero que todavía puede descargarse libremente en la Red.
b).- Golpe primorriverista de Milans
Desgajado del anterior por las ideas
férreamente monárquicas del general Milans del Bosch, toma carta de
naturaleza a partir de mediados de 1980. Milans acude en Septiembre de 1977 a
la reunión de Játiva y es, por lo tanto, “socio fundador” del gran movimiento
franquista que se pone en marcha desde ese momento. Pero no está de acuerdo
en prescindir del rey. Desde meses atrás, desde el 9 de Abril de ese mismo
año (“Sábado santo rojo”) no había dejado de acariciar la idea de una acción
contundente del Ejército para modificar en ciento ochenta grados el rumbo
político del país, siempre respetando la institución monárquica. En aquella
ocasión, a pesar de tener todas las bazas en su mano al estar al mando de la
unidad operativa más poderosa del Ejército español (la División Acorazada
Brunete), no se “atrevió” (más adelante supe exactamente por qué a través de
sus propias palabras) a dar el gran salto hacia adelante. Después de Játiva,
impulsó decididamente una acción fuerte y coordinada contra la nueva
democracia española, pero dejando siempre bien patente su oposición a una
hipotética república presidencialista aunque fuera dirigida por un militar.
Su pensamiento aparece muy claro en los círculos de la conspiración: el
Ejército debe “salvar” a la patria una vez más, pero con la efigie del
monarca elegido por Franco presidiendo las salas de banderas.
En el verano de
1980, Milans encarga a Tejero el asalto al Congreso de los Diputados (más
bien acepta los planteamientos de éste sobre dicha acción), fundiendo en el
suyo el “golpe de mano de los espontáneos” (Tejero e Inestrillas) de la
antigua “Operación Galaxia”. El general buscaba una acción espectacular
contra el sistema como punto de partida de las medidas a tomar por el
Ejército en su momento, y al tener conocimiento, a través de sus enlaces en
Madrid, de la contumacia golpista de Tejero y de sus estudios para relanzar
la desmantelada operación de Noviembre de 1978, ocupando ahora el Congreso de
los Diputados en lugar de La Moncloa, no dudó en darle luz verde para que
completase la planificación de tan arriesgada acción con vistas a ponerla en
práctica cuando él lo
ordenara.
c).- Golpe de mano de los espontáneos.
Llamado también “golpe primario” por el
CESID y los servicios de inteligencia militar, salió a la luz pública en
Noviembre de 1978 al desmantelar la policía la “Operación Galaxia”,
denominada así por ser en la cafetería madrileña del mismo nombre donde sus
dos principales promotores, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio
Tejero y el comandante del Ejército destinado en la policía Ricardo Sáenz de
Inestrillas, planificaban sus acciones.
Estos militares
pretendían, antes de que en España se votase la Constitución, asaltar el
palacio de La Moncloa mediante una acción espectacular (al estilo de la
realizada en Nicaragua por el comandante “Cero”) para secuestrar al Gobierno
en pleno y provocar con ello una reacción en cadena dentro del Ejército, muy
sensibilizado por aquellas fechas como sabemos. Contaban para ello con dos o
tres centenares de guardias civiles y policías, mandados por algunas decenas
de oficiales y suboficiales de plena confianza.
La detención y
posterior procesamiento en consejo de guerra de ambos implicados, que se
saldó por presiones corporativas con unos pocos meses de condena testimonial,
no lograron, más bien al contrario, paralizar los planes golpistas de este
reducido colectivo desestabilizador que a lo largo de los años 1979 y 1980
siguió conspirando con la idea de llevar adelante sus alocados deseos.
El teniente
coronel Tejero, sobre la base de rudimentarios análisis de los planes
estratégicos del general Mola para ocupar Madrid en 1936, y también, sin
duda, obedeciendo a irrefrenables deseos de protagonismo personal y a inclinaciones
ancestrales de la clase castrense española de humillar y meter en cintura a
los padres de la patria en cuanto la ocasión se presentara favorable, dentro
de los escasos períodos democráticos que ha disfrutado a lo largo de la
historia este bendito país, decidió preparar, sin prisas pero con
determinación absoluta de llevarlo a cabo en el medio plazo, algo tan sonado
o más que lo del palacio de La Moncloa: asaltar el Congreso de los Diputados
y encerrar entre sus muros al Gobierno y a los tres centenares largos de
diputados. Como todos sabemos, lograría ejecutar semejante acción el día 23
de Febrero de 1981, pero no de una forma autónoma y como jefe supremo de lo
operación. Captado por el general Milans del Bosch en Julio de 1980 para su
golpe primorriverista, fue este impetuoso jefe de la Guardia Civil el que con
su rocambolesca entrada en el hemiciclo del Congreso, pistola en mano y
gritos cuarteleros de por medio, desbarató los sofisticados designios de un
numeroso grupo de políticos y militares que habían previsto un 23-F muy
distinto del que vivimos.
d).- Solución Armada.
Planificada por el
general Armada, consultada y después aceptada por la JUJEM (Junta de Jefes de
Estado Mayor) y por los principales partidos políticos del arco parlamentario
español de la época (PSOE, sector crítico de la UCD, PCE...) nace con la
finalidad de desactivar el grave peligro militar que se cierne sobre la
corona y la democracia españolas a mediados del año 1980, reconduciendo la
situación política hacia un Gobierno de coalición o de concentración
presidido por un alto militar de prestigio.
Los planes en
marcha contemplaban “el respeto posible” a la Constitución y a las normas
democráticas vigentes en España y consistían, en esencia, en que
inmediatamente después de la previsible dimisión de Adolfo Suárez (en cuya
consecución se trabajaría coordinadamente en aras de buscar una rápida
solución a la crisis), el rey, en uso de sus atribuciones constitucionales,
presentaría al Congreso una reconocida personalidad de las Fuerzas Armadas,
de talante abierto y conciliador, que obtuviera de inmediato el respaldo
suficiente de la Cámara como futuro presidente de un Gobierno de
concentración o salvación nacional.
Armada, hombre de
la máxima confianza del monarca, empieza a mover los hilos de esta solución
político-militar a partir del verano de 1980. Patrocina contactos con
conocidos dirigentes políticos de UCD (sector crítico), del PSOE, de Alianza
Popular, del PCE...y, por supuesto, con generales de la cúpula militar fieles
a la monarquía, incluido el capitán general de Valencia, Milans del Bosch.
Armada conoce muy bien tanto lo que prepara el grupo de tenientes generales
contrarios al sistema como la variante involucionista auspiciada por este
general monárquico de tradición familiar proclive a la asonada.
Sabe mucho también
del profundo malestar reinante en el Ejército a través de sus estrechos
contactos con el CESID, la JUJEM y servicios de Inteligencia de los tres cuarteles
generales de las Fuerzas Armadas y mantiene puntualmente informado de todo
ello a La Zarzuela, de la que consigue el placet para poner en marcha una
solución política capaz de frenar en seco o desactivar de una manera
importante los pronunciamientos en preparación, satisfaciendo, de paso, las
“comprensibles” aspiraciones de las Fuerzas Armadas y salvando con ello la
corona.
Para adelantarse a
las maniobras anteriores, Alfonso Armada decide poner en ejecución su plan a
mediados del mes de Marzo de 1981. Concretamente baraja en su mente una
fecha: el día 21 de ese mes. Posteriormente ¡por presiones del CESID! y
conveniencias operativas en su trato con el teniente general Milans del
Bosch, decidirá adelantarlo al 23 de febrero de 1981.
Fdo: Amadeo Martínez Inglés
Coronel. Escritor. Historiador.
(De su libro “23-F: El Golpe que nunca existió”
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