Rosa Miriam Elizalde.-
“Bay of Tweets”,
tituló el prestigioso Politico Magazine una nota sobre el sonado
fracaso del proyecto
ZunZuneo para el “cambio de régimen en Cuba” vía teléfonos celulares
y redes sociales. El diario on line parodia otro épico desastre de EEUU, el que
tuvo lugar en abril de 1961 en “Bay of Pigs” -“Bahía de Cochinos” para los
norteamericanos; Playa Girón para los latinoamericanos-, y el juego de palabras
no es gratuito: este escándalo desborda las acciones de guerra contra Cuba. Ha
estallado directamente en la cabeza de los activistas de todo el mundo que
utilizan Twitter y otras herramientas digitales para organizarse verdaderamente
contra el poder, usualmente en naciones aliadas de los EEUU.
Y subrayo “verdaderamente”, porque ya se
sabe que también EEUU tiene sus tuiteros y blogueros favoritos, creados en
virtud de planes tan fraudulentos y fantasiosos como el ZunZuneo –las evidencias
abundan, por ejemplo, en Wikileaks.
Lo que nos dice esta nueva aventura
encubierta de la USAID
es que, además de espiar a medio mundo y convertir a cada internauta en un
blanco fácil de la Agencia de Seguridad Nacional, como pedagógicamente nos
recuerdan los documentos de Edward Snowden,
el gobierno de EEUU tiene la capacidad de construir potentes herramientas
virtuales en un limbo tecnológico y financiero, embasurar la red de telefonía
móvil de un país con mensajes no solicitados, y parcelar a los usuarios de una
comunidad digital, como si fueran ganado, en unas bases de datos que permiten
diferenciar a cada cual por sus intereses políticos, sin el consentimiento de
estas personas. Y, por supuesto, sin advertir que es la administración
norteamericana la que está detrás del proyecto y que el objetivo final de la
“operación” es “renegociar el equilibrio de poder entre el Estado y la
sociedad” donde viven estas personas, según el documento de la
USAID citado por AP.
Esto, como dice Politico Magazine,
es escandaloso, además, porque no hay manera de evitar que todas las
plataformas para las redes sociales queden inevitablemente bajo sospecha de
intervención política del gobierno de los EEUU, y porque este pudiera convertir
en tontos útiles a los activistas sociales que las utilizan, cuando no en
traidores a los intereses de su propio país. Sin embargo, ni AP, que lanzó
sobre la mesa más de mil páginas de la operación encubierta de la USAID contra
Cuba, ni otros analistas que la han abordado, ponen en perspectiva este asunto.
El ZunZuneo no es un meteorito que salió de la nada, ni una manzana envenenada
solo para la Isla del Caribe que humilló a los yanquis en Girón.
Algunos antecedentes
Hay una amplia y documentada evidencia del
financiamiento y puesta en práctica los esfuerzos de EEUU para destruir el
gobierno cubano, que han incluido, como recuerda Político Magazine, “intentos
de invasión, contratos con la mafia, tabacos envenenados y trajes de neopreno,
y transmisiones de televisión pirata”, y que no se detuvieron en la era de
Internet ni ante violaciones flagrantes de la legalidad cubana e internacional,
como prueba el caso del agente estadounidense Alan Gross.
(Como se conoce, Gross fue arrestado en diciembre de 2009 en La Habana, tras
instalar una red fuera del control de las autoridades cubanas, y esta misma
agencia del ZunZuneo, la USAID, al amparo de la legislación que promueve el
cambio de régimen en la Isla, le pagaría por
este servicio $590.608,00).
A partir de documentos desclasificados de
la administración estadounidense, el periodista norteamericano Tracey Eaton
desde hace varios años registra en su blog Cuba Money
Project el destino de una parte de los fondos del gobierno de los
Estados Unidos para la subversión en Cuba. Entre los documentos publicados en
esta web se encuentra una copia de la
auditoría de los gastos del Departamento de Estado (DOS, por sus
siglas en inglés) realizada por Just the Facts, una entidad civil que audita
los gastos del gobierno de los Estados Unidos para la Defensa y la Asistencia
de Seguridad en América Latina y el Caribe. El DOS destinó 200 826 000 dólares
en programas de subversión contra Cuba desde 1997 hasta 2011, de acuerdo con
Just the Facts.
Quien siga con detenimiento las partidas
de estos fondos millonarios, descubrirá una interesante tendencia: desde el
2003 hasta la fecha, los proyectos más favorecidos son aquellos que intervienen
en el escenario digital del país, donde concurren fundamentalmente los jóvenes
cubanos, educados para el uso de las llamadas nuevas tecnologías. Sin embargo,
esto convive con el cierre de toda posibilidad de que Cuba pueda recibir
beneficios económicos de la Internet. Hasta mayo de 1994, EEUU bloqueó para
Cuba el acceso a sitios norteamericanos de Internet, bajo una política de “filtración
de ruta” de la National Science Foundation (NCF), y no es hasta octubre de 1996
en que finalmente la Isla se enlaza a la red internacional. En esa fecha se
hizo efectivo el permiso para enlazar a la Isla a la red internacional,
establecida en la Ley de la
Democracia Cubana (Cuban Democracy Act o Ley Torricelli) de 1992,
aún vigente, cuyo objetivo explícito es “democratizar la sociedad cubana”, e
impuso límites y sanciones para las personas naturales o jurídicas de los EEUU
que favorezcan el comercio electrónico, el turismo o cualquier otra área que
genere beneficios económicos a Cuba, incluyendo la provisión de tecnologías.
Prohíbe inversiones en “las redes de comunicaciones domésticas dentro de Cuba”,
en particular “la contribución (incluida la donación) de fondos o de cualquier
cosa de valor… y el otorgamiento de préstamos para ese fin” (U.S. Department of
Treasury, 1992).
A fines de los 90 del siglo pasado y
principios del actual, resultaron determinantes para desatar alarmas en
Washington las ideas de Fidel Castro a favor de la conectividad social y una
práctica favorable al acceso pleno al conocimiento y el uso de las redes
informáticas, que se expresó con la creación de Infomed[1],
la reanimación de los Joven Club de Computación[2],
el impulso de la conectividad en varios sectores de la sociedad y los
preparativos para la creación de la Universidad de Ciencias Informáticas de La
Habana, fundada en el 2002.
Cuba fue el tema principal de una audiencia
del Comité selecto del Senado sobre Inteligencia, que trató el tema de “la
amenaza mundial” en febrero de 2001. El director de la Agencia de Inteligencia
de la Defensa (DIA), Almirante Thomas R. Wilson, identificó al gobierno cubano
como un posible “ciberatacante”, el primer país de la historia que ha sido
acusado como tal (Eriksson y Giacomello, 2007: 67). Unos meses después, en mayo
de 2001, Geoff Demarest, de la Oficina de Estudios de Ejércitos Extranjeros
(Foreign Military Studies Office), adscrita al Departamento de Defensa, publicó
un análisis sobre la “Transición en Cuba” donde admitía que “la alfabetización
informática está generalizada en la Isla”, los “cubanos podían sacar ventaja”
de la Internet y “si el pensamiento (del gobierno de EEUU) era acelerar la
transición de Cuba a la libertad (gracias al acceso concedido con la Ley
Torricelli), esto no funcionó” (Demarest, 2001). Los halcones del Pentágono
habían llegado a la conclusión de que si la Isla seguía la estrategia del
acceso a la red, estaría en condiciones a corto plazo de dar un salto en su
desarrollo tecnológico, científico y económico, y en la expresión política a
partir de la apropiación de la nueva tecnología.
Esta actitud defensiva comenzó a
reajustarse a partir de 2003, con la escalada de las tensiones entre Cuba y
EEUU en el contexto de la guerra en Iraq y las provocaciones y amenazas del
gobierno de George W. Bush contra la Isla, que obligó a la dirección de la
Revolución a concentrarse en este escenario. Sopesaron además las limitadas
inversiones en la extensión de la red, la divulgación de regulaciones
ministeriales que acotan el acceso, la escasa o nula conexión fuera de las
instituciones, los altos precios del servicio de conectividad en centros
turísticos y cierta sobredimensión de la percepción de riesgo de la Internet.
A fines de ese año irrumpió la matriz
mediática que presenta a Cuba en la lista de los “enemigos de la Internet”, de
cara a la primera fase de la Cumbre de la Sociedad de la Información, celebrada
en Ginebra en diciembre de 2003. La decisión de crear una red ilegal para la
Isla impulsada desde territorio estadounidense, trascendió por primera vez en
el Informe de la
Comisión para la asistencia a una Cuba Libre, de la Administración
Bush (Bush, 2004), que el 6 mayo de 2004 contemplaba “alentar a gobiernos de
terceros países para que brinden acceso público a Internet a los cubanos en sus
misiones diplomáticas en la isla”. La actualización de
este Plan (Bush, 2006), anunciado por George W. Bush el 10 julio de
2006, avanzó aún más en este camino al centrar su estrategia en la decisión de
“romper el bloqueo informativo”, para la cual otorgó 20 millones de dólares
anuales al Departamento de Estado, dedicados fundamentalmente a proporcionar
“información no censurada a través de emisiones convencionales y vía satélite e
Internet”.
El 14 de febrero de 2006 la Secretaria de
Estado Condoleezza Rice creó
oficialmente el Grupo de Trabajo para la Libertad de la Internet Global
(GIFT, siglas en inglés de Global Internet Freedom Task-Force), que tiene entre
sus objetivos principales monitorear a Irán, China y Cuba las 24 horas del día
y elaborar estrategias específicas para estos países en la Red de Redes, con la
capacidad de convocar equipos multidisciplinarios que puedan hacer viables las
decisiones del gobierno estadounidense y que sean capaces de crear, entre otros
recursos, herramientas altamente especializadas contra “la censura”.[3]
Hillary Clinton, quien reemplazó a
Condoleezza en el cargo, aseguró en un discurso sobre
la libertad de Internet pronunciado el 21 de enero de 2010, que el
Departamento de Estado estaba trabajando “en más de 40 países para ayudar a
personas silenciadas por gobiernos opresivos”. Añadió que había dado la orden
de revitalizar el GIFT, “como foro para abordar las amenazas a la libertad de
Internet en todo el mundo, e insto a las empresas y medios de los EEUU a asumir
un papel proactivo para desafiar a los gobiernos extranjeros que practican la
censura y la vigilancia” (Clinton, 2010). El GIFT estuvo activamente vinculado
a la llamada “Revolución verde iraní”, una campaña a través de Twitter contra
las elecciones en Irán en la que se demostró que de los 10 000 usuarios de esa
plataforma que enviaron algún mensaje durante la “rebelión”, solo 100 estaban
realmente ubicados en el país islámico (Schectman 2009). Este Grupo de Tareas
recibió en el 2010 el nombre de NetFreedom
(U.S. Department of State 2010) y sigue siendo clave para adjudicar fondos,
“construir” líderes locales y generar proyectos contra el gobierno de la Isla
en el espacio digital.
Desde el 2008 y de manera sostenida, el
gobierno de EEUU ha dirigido hacia el ciberespacio cubano la mayoría del
presupuesto público destinado a la política de “cambio de régimen” en la Isla.
Las nuevas regulaciones emitidas en septiembre de 2009 por la Oficina de
Industria y Seguridad (Bureau of Industry and Security) crearon una excepción a
la licencia de exportación a Cuba para “dispositivos de comunicación donados”,
que incluyen teléfonos celulares, tarjetas SIM, PDAs, computadoras portátiles y
de escritorio, USB flash drives, equipos Bluetooth, y dispositivos de conexión
inalámbrica a Internet (routers wireless) (Department of Commerce, 2009). La
Heritage Foundation recomendó al gobierno demócrata en marzo de 2012 crear
servicios y tecnologías informáticas específicas para Cuba que permitan cumplir
estos objetivos, en particular el empleo de antenas super-WiFi[4]
desde territorio estadounidense que faciliten la conexión a Internet (Walter y
Wachtenheim, 2012), controlada mediante claves de acceso y sin correr el riesgo
de enviar a agentes que puedan terminar en la cárcel, como Alan Gross.
A pesar del éxito del bloqueo desde Cuba
de las señales de Radio y Tele Martí, que ha generado polémicas dentro de
Estados Unidos, recortes en el presupuesto a estas emisiones e incluso llamados
a cerrarlas, existe consenso de que con el desarrollo de las Tecnologías de la
Información y la Comunicación (TICs), es posible proveer instrumentos que
logren intervenir los sistemas de comunicación cubanos, creen tensiones
políticas internas y articulen la opinión pública contra la Revolución,
favorecidos por una red nacional ya muy permeada por las influencias de las
redes internacionales, que logran imponer sus agendas informativas a
contracorriente de lo que se divulga o no en los medios cubanos.
El proyecto encubierto de la USAID contra
Cuba es uno de tantos que el gobierno norteamericano ejecuta con dinero de sus
contribuyentes. Las evidencias las aportan documentos e investigadores de ese
país, pero están dispersas y rara vez se hilvanan, porque para eso habría que
seguir el consejo que “garganta profunda” dio a los periodistas del caso
Watergate: síganle la pista al dinero. O respondan, al menos, aquellos que
quieran de verdad dar en el blanco y hacer estallar un escándalo que no se
olvide antes de la próxima semana: si este ZunZuneo costó un millón de dólares,
¿en qué se han empleado los 199 millones restantes que develó la investigación
de Just the Facts? ¿Qué otras partidas están ocultas? ¿En qué se utilizan?
Conectividad efectiva
Este ZunZuneo no está desarticulado de un
programa más amplio para América Latina. Llama la atención que nadie ha
reparado en una operación especial aprobada por el Comité de Relaciones
Exteriores del Senado, cuyo objetivo es “expandir” los Nuevos Medios Sociales
en el continente enfocados en la promoción de los intereses norteamericanos en
la región. “Una gran parte de este esfuerzo se ha invertido en Cuba” (USGPO,
2011), reconocía el documento,
pero “las operaciones de conectividad efectiva”, como las llamaron entonces y
aún siguen en pie, tomaban buena nota de la situación del uso de estas
plataformas desde el Río Bravo hasta la Patagonia.
El documento que usted puede
ver aquí, a la firma del entonces Presidente del Comité de
Relaciones Exteriores del Senado y hoy Secretario de Estado, John Kerry,
explicaba sin demasiada vuelta de hoja cuál es el interés de los Estados Unidos
en las llamadas redes sociales del continente:
“Con más del 50% de la población del mundo
menor de 30 años de edad, los nuevos medios sociales y las tecnologías
asociadas, que son tan populares dentro de este grupo demográfico, seguirán
revolucionando las comunicaciones en el futuro. Estas tecnologías pueden
favorecer el cambio político, mejorar la eficiencia del gobierno , y contribuir
al crecimiento económico… Los medios sociales y los incentivos tecnológicos en
América Latina sobre la base de las realidades políticas, económicas y sociales
serán cruciales para el éxito de los esfuerzos gubernamentales de EE.UU. en la
región.”
El informe,
que resumía la visita de una comisión de expertos a varios países de América
Latina para conocer in situ las políticas y financiamientos en esta área,
además de entrevistas con directivos de las principales empresas de Internet y
funcionarios norteamericanos, recomendaba “aumentar la conectividad y reducir
al mínimo los riesgos críticos para EEUU. Para eso, nuestro gobierno debe ser
el líder en la inversión de infraestructura.” Y añadía: “El número de usuarios
de los medios sociales se incrementa exponencialmente y como la novedad se
convierte en la norma, las posibilidades de influir en el discurso político y
la política en el futuro están ahí”.
¿Qué hay detrás de este modelo de
“conectividad efectiva” para América Latina, donde el ZunZuneo parece ser un
punto de la agenda? La visión instrumental del ser humano, susceptible a ser
dominado por las tecnologías digitales. El gobierno de Estados Unidos valora la
posibilidad de que unas herramientas creen una simulación de base y a partir de
ahí se derrumben sistemas políticos que no les resulten convenientes, el cubano
y cualquier otro. Pero la realidad es testaruda y a veces toma extraños
nombres: Bay of Tweets, Bay of Pigs, Playa Girón… (Tomado de Cubadebate)
Notas
[1]Se
trata de la red del sector de la salud. En el 2001, Nelson P Valdés refería
sobre Infomed: “Se ha dado prioridad a las instituciones de la salud en las 14
capitales provinciales de la Isla y en 30 de los 169 municipios. Hay, al menos,
tres mil cuentas de correo electrónico en instituciones médicas. Las nuevas
comunicaciones internas han comenzado a vincular el sistema de salud existente
en policlínicos, hospitales, instituciones de investigación y casas del médico
de la familia. Los recursos de Infomed suministran información actualizada
sobre la salud en Cuba y el mundo. Cuba proporciona el texto completo de 37
publicaciones médicas de forma gratuita, 14 textos virtuales (con categoría de
libros) y cuatro boletines diarios” (Valdés, 2001: 65).
[2]
En 1987 se crearon los Joven Club de Computación y Electrónica, o Red de Joven
Club (JC), sistema de telecentros que se extendió por todas las provincias del
país. Patrik Hunt, un experimentado investigador de los telecentros en América
Latina, afirmó en el 2001 que ninguna otra red en la región tenía entonces la
“profundidad de experiencia”, el “alcance como red” y la “investigación en
curso” de los JC cubanos (Hunt citado por Valdés, 2001: 64).
[3]
Este Grupo especial del Departamento de Estado no suele tener mucha presencia
pública. Detalles de cómo se conformó y sus objetivos pueden encontrarse en el
memorando emitido por la entonces Secretaria de Comercio Josette S. Shiner
(Shiner 2006).
[4]
La super-WiFi es un protocolo de telecomunicación inalámbrica que permite que
la señal de Internet de alta velocidad sea más potente viaje más lejos de lo
que lo hace el sistema Wi-Fi actual. Wi-Fi es una marca de la Wi-Fi Alliance
(anteriormente la WECA: Wireless Ethernet Compatibility Alliance), la
organización comercial que adopta, prueba y certifica que los equipos cumplen
los estándares 802.11 que soportan las redes inalámbricas de área local.
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Walter, Ray;
Wachtenheim, Marc. Leveraging Technology to Support Free Access to Information
in Cuba. Heritage Foundation. 2012
Foto: Rosa Miriam Elizande

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