02
Abr 2014
Por Pedro Taracena
“Suárez buscó y practicó tenaz y generosamente la
reconciliación en los ámbitos más delicados de la vida política y social de
aquella España que, con sus jóvenes, quería superar para siempre la Guerra
Civil: los hechos y las actitudes que la causaron y que la pueden causar”.
Estas palabras del señor Rouco ante la gran farsa
nacional, más que un auto sacramental puesto en escena en un templo, fue un
esperpento franquista plagado de hipocresía eclesiástica y política. Si el
arzobispo fingía lo que no es o no siente, es un farsante y si por el contrario
estáconvencido de decir la verdad ante su Dios y los hombres, es un embustero
patológico, un enfermo, un fanático o un perverso. La Historia llena de
contenido mis palabras, no son producto de una reacción sin meditar.
La Iglesia Católica fue parte activa en la Guerra
Civil, hasta tal punto, que el golpe de estado bendecido por los obispos
españoles, se le cambió de nombre y se le denominó Cruzada de Liberación
Nacional. No conformes con machacar a republicanos, comunistas, ateos,
intelectuales, maestros, sindicalistas, y todo español que no abrazara el
nacionalcatolicismo, durante el enfrentamiento fratricida, implantaron junto a
los vencedores una sanguinaria dictadura que consumaría el genocidio comenzado
la tarde del 17 de julio de 1936. Implantaron un estado confesional, donde el
dictador Caudillo de España lo fue por la Gracia de Dios. Entraba en basílicas
y catedrales bajo palio, nombraba obispos y estaban presentes en las cortes
franquistas y en el Consejo del Reino. ¿Cabe mayor hipocresía que la ostentada
por este recalcitrante y rancio tridentino?
Suárez consiguió hacer la transición de la dictadura a
la democracia, pero no la reconciliación entre los españoles. Son dos
cuestiones diferentes y es perverso mezclarlas con intencionalidad política. La
Constitución Española de 1978 consumó la transformación legal de un régimen
despótico que tenía sus raíces en el golpe de estado y restauró el Estado de
Derecho quebrado el 18 de julio de 1936. Esto es Historia y solamente
intenciones partidistas y torticeras pueden seguir instalados en la mentira.
Volviendo a la catedral de Madrid, Rouco en el funeral de Suárez, formuló una
extrapolación muy personal y anclada en el pasado que nada tiene que ver con la
realidad actual. Pero ni la derecha franquista heredera de Franco, ni la
oposición venida de la clandestinidad, el exilio y la oposición al franquismo,
han seguido los pasos del difunto presidente.
Todos los asistentes al funeral que proceden del bando
franquista, asumen con agrado las palabras del celebrante porque defienden los
mismos principios. el nacionalcatolicismo. El Rey no condenó la dictadura
genocida y goza de impunidad ante los turbios asuntos relacionado con el golpe
del 23-F y además no ha jurado la Constitución. El Partido Popular es la misma
agrupación política, Alianza Popular, que Fraga formó en las raíces del régimen
dictatorial. Y tampoco ha condenado el franquismo. La Iglesia que junto al PP
ha sido protagonista de la dictadura, lejos de condenar el régimen sanguinario
de Franco, está elevando a los altares a Los Caídos por Dios y por España. He
aquí el mismo frente que se formó en 1936. ¿Dónde ve Rouco el conflicto
fratricida? Pues en la falta de fe religiosa de los que perdieron la guerra. En
sus elucubraciones es razonable que piense en la situación pre bélico del
pueblo español. Yo me pregunto: ¿Para qué se pone en escena un acto litúrgico
de Estado cuando estamos en un estado aconfesional? Lo único que ha logrado el
arzobispo de Madrid es alejar más la reconciliación y acercar más la memoria
del enfrentamiento fratricida. Todos los asistentes al funeral enlutados con el
máximo rigor, han sido protagonistas de esta gran farsa. Y todos los políticos
presentes, todos, han hecho todo lo contrario que hizo el líder de la
Transición. Lejos de consumarla y conseguir la reconciliación entre los
españoles, han crispado al pueblo y ha corrompido el consenso, el diálogo y la
política.
Fuente: http://lacomunidad.elpais.com/

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