Los datos que arroja el informe de PISA presentado hoy son muestra clara de la necesidad que tenemos en España de una reforma educativa
ANÁLISIS DE BEATRIZ TALEGÓN | 01/04/2014
Los datos
que arroja el informe de PISA presentado hoy son muestra clara de la necesidad
que tenemos en España de una reforma educativa. Los expertos señalaban que no
se trata de que los jóvenes españoles tengan más o menos capacidad, sino que el
problema se centra en los maestros y maestras. Se resalta que necesitan tener
más autonomía en las aulas para poder desarrollar un sistema educativo de
calidad, que se adapte a las necesidades de la sociedad actual y de cada alumno
y alumna.
Se trataría
de desarrollar un sistema educativo moderno, a la vanguardia. Que asuma nuevas
técnicas de aprendizaje: que se centre más en la realidad que en la teoría, o
que de algún modo, enfoque la parte práctica de los conocimientos que se
plasman en los libros de texto. Es urgente desarrollar un plan educativo que
ponga al profesorado en el centro, es decir: que los docentes sean los
empleados públicos más importantes del Estado. Aumentar sus salarios para
dignificar su labor y dotarles de conocimientos en pedagogía moderna son
medidas fundamentales y de urgente necesidad.
Es tiempo de
implantar una educación pública, obligatoria, laica, bilingüe, activa y
solidaria. Que acabe de una vez por todas con la discriminación por clase
social, sexo o religión. En la escuela es urgente educar ciudadanos, no sólo
futura mano de obra. Por eso es imprescindible impartir docencia en valores de
libertad, igualdad, solidaridad y compromiso.
El Estado
debe, de una vez por todas, promocionar la cultura (para lo que es absurdo
establecer un 21% de IVA, pues más bien lo que debiera hacer es todo lo
contrario, una reducción que prácticamente elimine el pago de impuestos para
garantizar el acceso de la ciudadanía a los espectáculos que contribuyen a
“alimentar el intelecto y a fomentar una ciudadanía crítica”). Toda inversión
que se realice en educación y cultura será garantía de un futuro próspero para
nuestro país: tendremos ciudadanos y ciudadanas mucho más conscientes de la
realidad en la que viven, mucho más comprometidos, mucho más humanos y mucho
mejor preparados para desarrollar profesiones en las que aplicarán sus conocimientos.
No se trata
únicamente de que nuestra juventud tiene dificultades para solucionar problemas
sobrevenidos (las pruebas que les han planteado en el informe PISA darían para
otro artículo, pues no tienen desperdicio), sino de lo más importante: no estamos
educando ciudadanos y ciudadanas; la nueva ley de educación se está enfocando
para cultivar futura mano de obra, de cara a un sistema productivo. Pero no se
están centrando en la dimensión social y humana tan importante y fundamental.
Lo que estamos sufriendo es una crisis de valores y si no invertimos en ponerle
humanidad a nuestros estudios, estaremos fomentando una generación cada vez más
alienada.
Todo lo que
ha leído el lector bien puede parecerle una reivindicación aplicable a los
tiempos en que vivimos. Y en ese sentido está escrito. Lo curioso es que estas
reflexiones y propuestas fueron precisamente las que se desarrollaron y
pusieron en marcha durante la Segunda República Española. El momento de máximo
esplendor para la educación de nuestro país: todavía hoy quedan mayores que
recuerdan cómo eran aquéllas clases. Y por si fuera poco, todavía recuerdan las
cosas que aprendieron cantando, visitando los lugares donde aprendieron
palpando, oliendo y compartiendo. Y sobre todo, no se olvidan de que en esas
clases les enseñaron a ser personas por encima de todo lo demás.
Toda una
revolución donde sobre todo las mujeres, las maestras de la República, fueron
las protagonistas. Mujeres que recorrieron la geografía española para llevar
educación a los pueblos, mientras enseñaban libertad, modernidad, cortaban sus
faldas y cabellos y agrandaban sus mentes y corazones. Con el golpe de Estado
de 1936 fueron detenidas, exiladas, fusiladas. Todo lo que promovieron quedó
enterrado y volvieron a construirse muros en las clases para separar a los
niños de las niñas; terminaron los métodos atrevidos y diferentes de enseñar y
aprender; se volvió a un sistema jerárquico donde lo importante era memorizar
sin comprender, donde la letra con sangre entraba y desde entonces, se han
hecho intentos por sacudirnos de esa sombra tan gris y tan vertical que
cuarenta años cubrió España. Pero todavía a día de hoy está visto que no
acabamos de entender que en aquéllos años hubo mucho bueno, y lo que es peor,
aún a día de hoy no se reconoce que un golpe de estado y un gobierno ilegítimo
arrebató a España de una educación y unos valores que, de haber sido
mantenidos, hoy estaríamos a la cabeza de investigación, desarrollo, y sobre
todo, tendríamos unos dirigentes como los que en aquél momento fueron capaces
de impulsar medidas valientes.
*Si desea
conocer más información sobre las Maestras de la República, consulte: http://www.lasmaestrasdelarepublica.com/material.php

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