09 abril de 2014
Ayer
tuve la oportunidad de asistir al pre-estreno de Raíces y Clamor, el
corto documental de Ebbaba Hameidi, una joven saharaui que verá estrenada su
obra en tan sólo unas semanas, cuando se proyecto en el desierto durante la XXI
edición de FiSahara.
Allí estaba, en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad
Complutense de Madrid, viendo a unos jóvenes plasmar en la pantalla cómo el
pueblo se entiende aunque sus gobernantes sean indignos de ellos. Mientras a
unos kilómetros de allí, en el Congreso de los Diputados, parte de esos mismos
gobernantes demostraban cómo lo que piense el pueblo les importa un carajo.
Raíces
y Clamor es la prueba viviente de que saharauis
y marroquíes pueden entenderse, tan sólo hay que respetar el derecho de
autodeterminación del pueblo saharaui y atender a la legalidad internacional,
más allá de intereses comerciales. Por el contrario, ayer en la Cámara Baja
pudimos comprobar cómo, no sólo a nuestro Gobierno, sino al PSOE, a UPyD… no
les interesa saber qué piensa realmente el pueblo catalán.
Si
les interesara, permitirían la celebración de una consulta popular no
vinculante para, al menos, constatar si el pueblo catalán piensa lo que dice
Artur Mas, más allá de su demagogia barata que oculta su pésima gestión bajo el
“España nos roba”. Antes de que el resto de España opine, ¿tendremos que
saber o no si merece la pena preguntarle? Si el pueblo catalán no quiere
independencia, ¿para qué preguntar al resto? Pero eso da igual, porque el
problema catalán interesa, siempre está ahí como válvula de escape para ocultar
otros problemas, para convocar ese patriotismo rancio que sólo hace acto de
presencia cuando hay en juego un puñado de euros.
Me
quedo con Raíces y Clamor, que ha sido capaz de junta a la saharaui
Ebbaba como directora y guionista, y al realizador marroquí Saad Jebrour Najda.
El auditorio estaba a reventar, lleno absoluto, para tener el lujo de ser los
primeros en ver el documental que narra cómo el conflicto saharaui atraviesa de
arriba abajo la vida de estos jóvenes. Un corto que pone de manifiesto cómo el
saharaui jamás es 100% dueño de su propio destino, pues la invasión ilegal de
su tierra por parte de Marruecos (con la complicidad de España y el resto de la
Comunidad Internacional) lo marca todo. Y por todo entendemos, incluso, la
elección de sus estudios pues, como vimos en el corto, quien estudia Derecho lo
hace para defender a un pueblo para el que jamás existió la Declaración
Universal de Derechos Humanos, pues la misma ONU se la niegacon sus
actuaciones. Quien estudia Periodismo lo hace para ser un día -incluso antes de
acabar la carrera, como sucede con Ebbaba- altavoz de la causa de su pueblo…
Raíces
y Clamor nació como una práctica de clase y, al
final, no sirve a nosotros como una clase práctica de la perseverancia, de la
dignidad y del orgullo de ser saharaui, de pertenecer a un pueblo y sus
tradiciones, su cultura. Un pertenencia que se aleja de ese casposo concepto de
patriotismo que esgrime el PP y sus adláteres, incluidos los de la
pseudoizquierda, y que prueba una vez más que los saharauis, sin tener siquiera
tierra, destilan más patriotismo que cualquiera de los que ayer en el Congreso
apelaban a él.
“Mientras haya un saharaui vivo, la causa saharaui
seguirá viva”, decía el joven Sidi al final de Raíces
y Clamor. Y, mal que le pese al Gobierno español y a buena parte del resto
de fuerzas políticas (incluidos PSOE y UPyD), el pueblo español está con ellos,
apoya a esa causa.
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